Jugó en el Boca de Bianchi, hoy se dedica a “demoler casas” y recordó la “deuda” que le quedó con Olimpo
Después de disputar 10 partidos en el Apertura 2004, se alejó del aurinegro para seguir su carrera en Chile. Facundo Imboden, que compartió equipo con Maradona y Riquelme, contó por qué no pudo seguir en el club bahiense.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
“Cuando había terminado el Apertura 2004 le dije al presidente (Jorge Ledo) que me quería quedar, Olimpo y Bahía Blanca eran plazas provechosas para que los jugadores jóvenes pudiéramos tomar impulso para volver a despegar, pero no se dio y me tuve que ir a Chile casi por obligación”.
Aunque hayan pasado 22 años, Facundo Imboden, que había arribado al aurinegro con la fama de haber debutado en Boca bajo la dirección técnica de Carlos Bianchi, recuerda perfectamente que, pese a las turbulencias que experimentó en el club bahiense tras una campaña muy pobre de aquel plantel dirigido por Jota Jota López, su intención fue renovar el préstamo y seguir en las filas olimpienses, que para lograr la permanencia en Primera división tuvo que reforzarse y cambiar al cuerpo técnico.
López dirigió 9 fechas en el Apertura 2004 y con el arribo de Gregorio Pérez, en octubre, el equipo renovó las expectativas y todo cambió, aunque Imboden, central devenido a lateral, había perdido continuidad y minutos bajo la tutela del entrenador uruguayo.
“Pese a todo me quería quedar, Olimpo estaba entrando a un mundo nuevo y la gente y los dirigentes no nos mentían, creían en el plantel que se había formado y en los refuerzos que ya habíamos llegado”, declaró “Facu” (en la foto el de la derecha, con gorro y guantes), quien disputó 11 encuentros en ese Apertura.
En febrero decidió marcharse a Universidad Católica de Chile, y a su regreso al país, en 2010, recibió otro llamado de Olimpo, aunque prefirió ir a Gimnasia de La Plata antes de continuar en Ferro y Deportivo Cuenca de Ecuador.
Imboden tiene 46 años, nació en Castelar, provincia de Buenos Aires, y se formó en Boca, club al que llegó a los 9 años desde Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI). Debutó en Primera a los 20 años bajo la conducción de Carlos Bianchi, disputó 11 partidos oficiales con el xeneize e integró el plantel campeón de la Copa Libertadores 2001.
Años después, tras retirarse del fútbol en 2012, volvió a Argentina para hacerse cargo de la empresa familiar de demoliciones y actualmente también coordina una escuela de fútbol infantil en GEI.
Comenzó su carrera futbolística como delantero en las divisiones inferiores, pero con el tiempo pasó a desempeñarse como lateral izquierdo y finalmente como defensor central. En el cuadro azul y oro compartió plantel con figuras como Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Óscar Córdoba, Jorge Bermúdez, Hugo Ibarra, Walter Samuel y Rodolfo Arruabarrena.
Después de su paso por el conjunto de La Ribera, continuó en Belgrano, Millonarios de Colombia, Olimpo, Gimnasia, Ferro, Universidad Católica de Chile y Deportivo Cuenca de Ecuador.
Durante su etapa en Chile estuvo cerca de cumplir otro sueño: representar a la selección de ese país. Luego de un partido ante O"Higgins en Rancagua, Eduardo "Toto" Berizzo le contó que Marcelo Bielsa había preguntado si estaba dispuesto a jugar para Chile. Sin embargo, la posibilidad no avanzó porque el zurdo todavía no estaba nacionalizado chileno.
Su recorrido también tuvo un capítulo particular junto a Diego Maradona. El 2 de marzo de 2006 participó de un amistoso entre Universidad Católica y la Selección chilena. En aquella ocasión, Imboden le consiguió a Maradona unos botines Puma, ya que el astro argentino no tenía calzado para jugar.
- Y justamente hay un hilo conductor entre la Católica, vos y Diego Maradona, porque te despediste de Diego el 25 de noviembre de 2020 con una publicación en la que subís una imagen junto a él y ambos tienen la camiseta del club. ¿Cuál es el contexto de esa foto?
- Yo había sido alcanza pelotas en el 95, cuando él vuelve a Boca con el pelo pintado de amarillo y solo lo había saludado. Después, en 2006, él va a Chile y de ahí sale esa foto. En ese momento se estaba creando el sindicato de futbolistas de Chile. Organizaron un partido amistoso entre la Católica y la Selección chilena, y el invitado de lujo era Diego, que jugó para nosotros con la Católica. Cuando entra al vestuario, me ve a mí, me saluda, se sienta al lado mío y empezamos a charlar.
- ¿Te reconoció?
- Sí. Es más, yo siempre cuento que me sorprendió porque él sabía todo de mi vida, sobre los equipos y los años en que había estado jugando. Cumplimos con el partido y después fuimos a cenar juntos. Tengo los mejores recuerdos con el Diego dentro de una cancha y poder haber compartido ese momento con él y después ir a verlo, poder escucharlo y hablar de fútbol con él era magnífico.
- ¿De qué hablaron ese día?
- Primero, en el vestuario le tuve que conseguir unos botines de su marca Puma, que yo justo era auspiciado también por la misma marca y él no tenía botines. Obviamente con los contactos que yo tenía ahí le traje unos botines. Estaba súper agradecido. Y después en la cena, él contando historias de la selección argentina y de los clubes cuando jugaba.
Como recuerdo de ese encuentro, conserva una camiseta de Universidad Católica firmada por Diego. Además, lleva tatuada en el gemelo izquierdo la pelota Adidas Azteca, utilizada en el Mundial de México 1986.
Imboden decidió retirarse del fútbol en 2012, cuando tenía 32 años. La situación familiar fue determinante: su padre había sufrido un infarto y decidió regresar a Argentina para hacerse cargo del negocio que había fundado hacía más de tres décadas.
El hombre de 46 años es el del medio, ya que tiene una hermana mayor que vive en Córdoba y su otra hermana más chica se desenvuelve como diseñadora gráfica y vive en Nueva Zelanda junto a su marido.
Desde entonces aprendió desde cero el oficio de las demoliciones y se convirtió en dueño de la empresa familiar. El trabajo consiste en derribar construcciones completas y entregar los terrenos preparados para que puedan comenzar nuevos emprendimientos edilicios. La particularidad de su presente no pasa inadvertida para sus amigos, que suelen recordarle su pasado como futbolista.
“Mis amigos me cargan porque dicen que, cuando yo jugaba al fútbol, tiraba jugadores porque les pegaba patadas y ahora tiro casas abajo para que hagan edificios. Sigo un poco en el rubro, ja”.
Pero las demoliciones no son su único vínculo con el fútbol. En Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó coordina una escuela destinada a chicos de entre 4 y 12 años y tiene cinco profesores a su cargo.
Además, entre 2015 y 2022 volvió a ponerse la camiseta de Boca para disputar encuentros con el equipo Senior. Con ese plantel fue campeón y tuvo la posibilidad de dar la vuelta olímpica en La Bombonera junto a jugadores como Carlos Navarro Montoya, Raúl Cascini, Hugo Ibarra, Daniel "Cata" Díaz y Matías Donnet.
Su rutina comienza temprano. Se levanta todos los días a las 5:30 de la mañana y recorre las obras doned trabaja su empresa. Por la tarde y hasta las 21, se dedica a entrenar a los chicos de GEI. Y cuando tiene tiempo, continúa ligado al deporte a través del pádel, disciplina que practica en torneos interclubes representando al club de Ituzaingó.
A más de una década de su retiro, Imboden mantiene una vida alejada de los grandes estadios, pero todavía ligada al fútbol que marcó su historia. De aquel juvenil que llegó a Boca con apenas 9 años y terminó compartiendo vestuario con algunas de las figuras más importantes del club, quedó una enseñanza que recuerda especialmente de Carlos Bianchi: "El tren pasa una vez sola y hay que subirse".
Hoy, Facundo Imboden eligió aprovechar el suyo de otra manera: entre el legado familiar, las obras, los chicos y el deporte que nunca abandonó.