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Testigo de una jornada inolvidable: a 10 años del último partido de Manu Ginóbili en la Selección

Argentina llegó hasta los cuartos de final de los Juegos Olímpicos Río 2016, cuando cayó con Estados Unidos. Ese 17 de agosto también significó el punto final de Andrés Nocioni. Inolvidable... e irrepetible.

Fotos: AFP y archivo-La Nueva.

Las efemérides olímpicas siempre se desbordan entre julio y agosto. Las redes sociales ayudan a recuperar recuerdos, repasar historias y darse una panzada con imágenes memorables.

Una de ellas cumple hoy exactamente 10 años y nos invade a pura nostalgia. Sobre todo para quienes estuvimos allí, en el lugar de los hechos.

Transcurría Río 2016, los primeros Juegos Olímpicos en Sudamérica (y los últimos, absolutos, por un buen tiempo...) y la Selección Argentina venía de perder con España (73-92) en la última fecha de una primera fase con récord de 3-2.

Esa derrota, más la victoria de Croacia sobre Lituania, a continuación, le marcó el rumbo a los nuestros: Estados Unidos, en cuartos de final, el miércoles 17 de agosto a las 18.45 de Río de Janeiro. A la postre, el último partido de Emanuel David Ginóbili vistiendo la camiseta de la Selección nacional.

Llegué en la línea 4 del Metro desde Copacabana, un tramo que en medio de los Juegos y sumando partes a pie, demandaba dos horitas. Con mucha anticipación, recorrí el Parque Olímpico que se armó para la cita y que también contaba con los escenarios de judo, lucha, esgrima, taekwondo, balonmano, natación, ciclismo pista, todas las disciplinas de la gimnasia y tenis. Una belleza.

Aunque la máxima atracción era una sola en esa calurosa tarde brasileña.

El Arena Carioca 1 edificado en el corazón de Barra da Tijuca, cuya capacidad teórica era de 11 700 espectadores, tenía algunos más. La parcialidad albiceleste comenzó esparcida para ir aunándose detrás de uno de los aros a medida que avanzaba el juego, más allá de que, en contrapartida, la Selección quedaba cada vez más lejos de la heróica victoria.

Sergio Hernández (otro bahiense...) dispuso que Facundo Campazzo, Manu, Patricio Garino, Andrés Nocioni y Luis Scola conformen el quinteto inicial. Enfrente saltaron Kyrie Irving, Klay Thompson, Kevin Durant, Carmelo Anthony y De Andre Jordan.

La progresión fue (sumamente) auspiciosa en los primeros minutos, cuando la Selección sacó su máxima: 19 a 9 con 4:10 por delante para cerrar el 1C. Aunque ese tramo inicial terminó 25 a 21 para los norteamericanos, con un parcial de 16 a 2 que sirvió de prólogo para lo que se iba a venir.

De ahí en adelante (EE. UU. ganó el 2C 31 a 19), Argentina lamentó una tarde-noche abrumadora de KD, autor de 27 puntos (2-2 t1, 2-4 t2, 7-9 t3) en 28:05. También bajó 7 rebotes y dio 6 asistencias. Todavía siento cada triple del por entonces flamante alero de los Warriors...

Pero aquí el foco es Manu.

Su planilla, a diferencia de tantas veces, esta vez no alcanzó: 14 unidades (2-3 t1, 3-6 t2, 2-7 t3), 3 rebotes, 7 pases gol y un recupero en 26:27. En Río 2016, Ginóbili jugó los 6 partidos, cerrando con 90 puntos.

"A los 39 años, haber tenido esta última oportunidad de jugar por Argentina en los Juegos Olímpicos fue muy lindo. Fueron 104 partidos los que jugué con la Selección, casi 20 años, siempre contribuyendo para que el equipo juegue bien. Me siento feliz por todo lo que me tocó vivir, aunque haya pasado por momentos muy altos y otros muy duros en distintas competencias”, deslizó Manu entre lágrimas, en contacto con la prensa.

Minutos antes había estado un largo rato sobre el parquet, sin soltar la pelota de aquel partido histórico, recibiendo aplaudos de los cuatro costados, incluyendo a personas que no habían llegado del sur del continente.

 

"Siempre el primero y el último partido son inolvidables. Fui un afortunado en vivir todo lo que despertó esta Selección. Se sabía cómo era esto contra Estados Unidos, lamentablemente no se pudo pasar. No había que cometer errores y los cometimos”, mencionó, consumado el 105-78 final.

También habló Sergio Hernández, el director de orquesta: "A estos genios sólo queda agradecerles todo lo que aportaron. Fueron tan grandes que ayudaron a mejorar a los chicos que vienen por detrás de ellos. Integraron la armada más grande del básquetbol argentino. Estoy súper orgulloso de este equipo”.

Unos metros más allá, Mike Krzyzewski, coach vencedor, arrojó: "Es un jugador digno del Salón de la Fama, un competidor excepcional y tan feroz como nunca he enfrentado en toda mi trayectoria en el baloncesto internacional".

"Realmente no ha habido nadie como él. No se limita a una posición, juega en todas, con la pasión y el compromiso que ha demostrado por su país, nadie podría haberlo representado mejor que Manu Ginóbili. Siempre fue un honor competir contra él y, una vez más, le tenemos el máximo respeto", agregó.

Esta es la síntesis de aquel último juego:

Estados Unidos (105): Kyrie Irving 11, Klay Thompson 4, Kevin Durant 27, Carmelo Anthony 7 y DeAndre Jordan 2 (f.i.); Paul George 17, Demarcus Cousins 15, Kyle Lowry 5, Jimmy Butler 7, Draymond Green 1, Demar DeRozan 6 y Harrison Barnes 3. DT: Mike Krzyzewski.

Argentina (78): Facundo Campazzo 13, Emanuel Ginóbili 14, Patricio Garino 8, Andrés Nocioni 12 y Luis Scola 15 (f.i.); Carlos Delfino 6, Nicolás Laprovíttola 2, Marcos Delía 0, Gabriel Deck 2, Leonardo Mainoldi 2, Nicolás Brussino 2 y Roberto Acuña 2. DT: Sergio Hernández. 

Cuartos: Estados Unidos, 25-21; 56-40 y 87-61.

Árbitros: Ilija Belosevic (Serbia), Guilherme Locatelli (Brasil) y Robert Lottermoser (Alemania).

Estadio: Arena Carioca 1 (Río de Janeiro).

Fue el cierre de un círculo espectacular, iniciado ante Nigeria, por el Mundial de Grecia, el 30 de julio de 1998.

El cierre de una era que alcanzó en Atenas 2004 una de las conquistas más sublimes de la historia de todos nuestros deportes, con él como bandera.

El cierre de algo especial.

Con esa sensación salí, ya de noche, del Arena Carioca 1 aquel 17 de agosto rumbo a la estación de BRT (Bus Rapid Transit), unos buses inaugurados por Río para los Juegos, que me acercaban al Metro para pegar la vuelta. Caminé envuelto en una multitud que quedó rendida ante el poderío yankee y también, con la percepción de ser testigo directo de esos momentos que difícilmente se olviden.

Fue el cierre de algo inolvidable. Y lamentablente, irrepetible.

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