Se viene la Noche de las Etiquetas con un gran objetivo: extenderle una mano al Pequeño Cottolengo
En medio de una labor de enorme contención a 55 mujeres con discapacidades de alta complejidad, la mayoría sin familias, el financiamiento del Hogar se desmorona. Y mantiene en vilo a todos quienes lo componen.
Introducirse en cada espacio del Pequeño Cottolengo Monseñor J. Nascimbeni despierta, en el visitante, lo más sensible de cada uno de los cinco sentidos.
Se aprecia el corazón enorme de quienes trabajan allí.
Se escucha cada arenga de los profesionales de la salud que intervienen para otorgarle una mayor calidad de vida a las pacientes.
Se saborea cada paso adelante que, por ejemplo, da esa niña de 6 años o esa mujer adulta mayor que ya anda por los 70.
Se palpa la limpieza, el aseo, el orden del lugar.
Y, finalmente, basta con pasar cerca de esa cocina gigante para disfrutar del aroma en la antesala del almuerzo.
Un verdadero refugio para 55 mujeres con discapacidades intelectuales severas, muchas de las cuales transitan desafíos motrices complejos que requieren atención las 24 horas de cada día.
Y que nos necesitan, ante el difícil momento económico que mantiene en vilo a todos quienes le ponen el alma al Hogar.
De allí la iniciativa que parte del Departamento de Jóvenes Empresarios de la Unión Industrial de Bahía Blanca, abocados de lleno a una nueva edición -la décima- de La Noche de las Etiquetas, evento con gran inserción en Bahía Blanca y la Región. Y cuyo beneficio de todo lo recaudado será destinado al Pequeño Cottolengo (ver aparte).
Es la Hermana María Eugenia Villalba, presidenta de la Asociación Civil del establecimiento, quien deja en claro su agradecimiento por la solidaridad siempre presente, en este caso de la entidad gremial-empresaria bahiense.
La mujer, dedicada de lleno al Hogar, deja en claro que cada una de las residentes tiene una historia y un rostro que explica el porqué de tamaña labor diaria. Desempeño que cubre las necesidades de mujeres, en su mayoría, sin familia.
“Dependen exclusivamente de nosotros. El Hogar no es un lugar de paso. Si desaparece, se quedan sin un techo ni nada que les garantice supervivencia. Literalmente, no tienen un plan B. Su vida íntegra pasa por este lugar”, sostiene la Hermana María Eugenia.
Alrededor de 70 personas cubren semejante labor de contención. En todos los sentidos…
Están los profesionales de la salud: un neurólogo infantil, clínicos, pediatras, nutricionistas, psicólogos, psiquiatras, terapistas ocupacionales, kinesiólogas, asistentes sociales, cuidadoras y enfermeras, además del personal de maestranza y de administración. Un trabajo multidisciplinario.
Todos trabajadores que, con compromiso y amor, sostienen una tarea que no admite pausas. Y en ocasiones, ni horarios.
Pero la estructura financiera que respalda sus salarios (la mayoría tiene relación de dependencia) y la operatividad del hogar se está desmoronando.
Lo aclara la contadora Paula Peralta, parte integrante del grupo directivo del establecimiento. Pero, además, una mujer que le abrió su corazón de par en par al Hogar.
Sostiene que estos últimos meses resultaron críticos para la entidad. La principal fuente de financiamiento –un 90 por ciento- proviene de la facturación a obras sociales mediante la Superintendencia de Salud, pero desde noviembre no se reciben los pagos correspondientes en forma regular. Todo lo contrario.
Por otra parte, desde noviembre se cortó el suministro de medicación imprescindible para las patologías de base, los pañales –siendo que se utilizan alrededor de 600 por día- y los insumos para la alimentación enteral de siete residentes.
“Son pacientes con tratamientos crónicos, tenemos epilepsias de difícil control, con lo cual cualquier corte en el tratamiento implica un claro desmejoramiento”, indica Peralta.
La alimentación se sostiene gracias a donaciones de la Cooperativa Obrera, del convenio con “Alimentos Solidarios” y de particulares, mientras que de manera bimestral se cuenta con un subsidio de la Municipalidad.
Si bien la ley de Emergencia en Discapacidad generó esperanzas mediante el reconocimiento de derechos elementales, al no ponerse en vigencia sólo ofrece un marco de mayor incertidumbre.
“Vivimos en gran parte gracias a la solidaridad”, aclara.
“Que la Unión Industrial desde su área de Jóvenes Empresarios nos haya elegido es un mimo a nuestra labor y conlleva una responsabilidad muy grande. Tenemos claro que las protagonistas de esta obra son ellas, las chicas, quienes merecen transitar sus días con una mejor calidad de vida. Ese es nuestro compromiso diario”, acota.
El sueño de la recuperación de la pileta
Más allá de los trabajos de mantenimiento de la gran estructura del edificio de calle Haití1930, que requieren permanente atención y hoy se llevan a cabo con esmero pero notorias restricciones presupuestarias, recuperar la pileta inutilizada desde hace dos años es un sueño que alberga el Hogar.
“El 29 de abril del año que viene cumplimos 60 años y nos ilusionamos con poder festejarlo con la reapertura de la pileta”, señala la Hermana Eugenia.
Pero solventar los trabajos para su recuperación requiere un gran esfuerzo económico que claramente el Hogar no puede llevar a cabo. Se trata de alrededor de 25 millones de pesos para un espacio vital por sus dotes terapéuticos. “Nos duele verla así. No representa un lujo, sino parte importante de la terapia de las chicas. Más allá que es un lugar que disfrutan, tiene sus beneficios físicos pero también emocionales. El agua alivia sus dolores ante las parálisis que sufren. Y también es un espacio de igualdad. En la pileta nadie nota quién no puede moverse. Les ofrece un ámbito de libertad”, explica Paula Peralta.
Una Noche de las Etiquetas. Y solidaria
Rocío Schamberger y Juan Ignacio Rodríguez, integrantes del departamento de Jóvenes Empresarios de la UIBB, aclaran que la 10ª Edición de La Noche de las Etiquetas transita su antesala con las mejores expectativas. De hecho, ya se pueden adquirir las entradas directamente en TicketBahía. Con cupos limitados.
El evento de desarrollará el viernes 7 de agosto, a las 19.30, en el Salón de Luz y Fuerza.
“Se trata de una noche única con más de 40 bodegas de todo el país para degustar sus vinos y una propuesta gastronómica de primer nivel. Es el evento a beneficio más importante de la ciudad: todo lo recaudado se destinará al Pequeño Cottolengo”, aclara Juan Ignacio.
“Esperamos recibir a mucha gente que quiera colaborar con esta causa. Las expectativas son muy grandes. Apuntamos a aumentar el volumen de concurrentes en relación a ediciones anteriores. Todos los actores que son parte de la ciudad, las empresas que nos acompañan y los sponsor que intervienen en esta cruzada nos ayudarán para que el valor final de lo recaudado sea significado para el Hogar”, indica Rocío.