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“El Método Scaloni”, el factor emocional y la cultura grupal por encima de todo: un ejemplo a seguir

Durante décadas, cada convocatoria abrió conflictos, sospechas e internas. Sin embargo el DT propuso un camino distinto de liderazgo y conducción. Un documental que tiene que hacer base en las distintas escuelitas de fútbol de nuestro país.

En un puñado de años, la Selección Argentina pasó de depender principalmente del talento individual a convertirse en uno de los equipos más sólidos del mundo.

El talento siempre estuvo. Lo que cambió fue la forma de construir el grupo.

El psicólogo organizacional Fabián Jalife analizó el llamado “Método Scaloni” a las más de 100 horas de entrevistas con el cuerpo técnico y los jugadores. En el centro de todo encontró una idea que parece más propia de la psicología que del fútbol: “Hacer mejor a la persona para hacer mejor al jugador, y así crecer como equipo.”

La psicología social tiene un nombre para parte de este fenómeno: “seguridad psicológica”. Es la percepción de que un grupo es un lugar donde se puede expresar una idea, admitir un error o pedir ayuda sin miedo a ser rechazado. Investigaciones de Google la identificaron como el principal predictor de los equipos de alto rendimiento.

También Pichon-Rivière sostenía que un grupo es mucho más que la suma de sus integrantes: puede producir algo que ninguna persona lograría por sí sola.

Y quizás esa sea una de las enseñanzas más valiosas de este equipo.

Porque estos principios no sirven solo para ganar partidos.

También sirven para un aula, una familia, un equipo de trabajo o cualquier grupo humano que quiera crecer junto.

Antes del inicio del Mundial 2026, la plataforma flow lanzó una serie documental que lleva el nombre de “El método Scaloni”, un título que identifica a una forma de concebir la gestión de grupos por parte del nacido en Pujato y todo su cuerpo técnico.

La génesis del equipo de trabajo, todos ellos con pasado como futbolistas (Roberto Ayala, Walter Samuel y Pablo Aimar), sumados a la forma de confeccionar el grupo de parte del profe Luis Martín y el resto del staff (Matías Manna en la parte de video análisis y Martín Tocalli como DT de arqueros), son los bastiones del ciclo más ganador en la historia de la Selección mayor. De eso, no hay dudas.

Y durante esta Copa del Mundo en Norteamérica, el conjunto mostró saber jugar con sus emociones como ninguna otra selección en lo que va del torneo. Además de tener que lidiar con la recuperación de varios futbolistas que llegaron al límite en lo físico como los laterales derechos (Nahuel Molina y Gonzalo Montiel) y varios pilares del equipo como Cuti Romero, Julián Álvarez y Dibu Martínez, también el plantel afrontó la situación personal que atravesó Lionel Messi cuando se conoció el comunicado sobre la salud de su papá.

Por eso fue que en todo este contexto, sumado a la increíble actuación del seleccionado para dar vuelta un resultado que parecía definido, Scaloni exaltó la actuación en Atlanta del plantel.

“La magnitud de lo de hoy es comparable con muchísimas cosas que hemos vivido porque es un equipo que no deja de ir para adelante, el fútbol es esto. La táctica y la estrategia son importantes, pero si no tenés esto que tuvimos hoy nosotros hubiésemos quedado eliminados”, expresó en una de las tantas respuestas que dio durante la conferencia de prensa posterior al duelo contra los africanos.

En este sentido, uno de los “hijos” de este seleccionado es Rodrigo De Paul. El Motorcito es el integrante del plantel con más presencias en el ciclo con 92 presentaciones, y fue durante la antesala a la eliminatoria con Cabo Verde que el volante central del Inter Miami dejó una mirada que define la capacidad de conducción que tiene el técnico. “Me hizo entender que la vida se puede ver desde un montón de lugares, incluso el fútbol. Como yo ya lo dije, lo más importante es que no somos jugadores de fútbol, sino personas que juegan al fútbol”.

“Esa frase para mí es sumamente importante. Atrás de cada jugador hay una persona con muchos problemas, satisfacciones y desilusiones. Cuando ves que la persona que te guía entiende eso, te sentís en un lugar mucho más acogedor. Uno puede desplegar mucho más sus virtudes”.

Ese lugar confortable que mencionó el jugador surgido en las divisiones inferiores del Racing Club es la mejor forma de describir el liderazgo adoptivo que tomó el DT. Una manera de dar a entender un mensaje claro y directo que penetró en un grupo que lo reconoce como su líder espiritual. Uno que sabe administrar la riqueza como nadie. Que sabe cuando apretar en un entrenamiento, o cuando dale una tarde libre al plantel en medio del máximo torneo de selecciones organizado por la FIFA. Lo mismo que sumarse a disfrutar uno de los tantos asados que ya se hicieron en la concentración de Kansas City.

Esa forma de encarar la construcción del grupo fue la que sedujo a Messi de sobremanera. ¿Las razones? Todos saben quién es el genio y la figura. Pero como tantas veces mencionó el propio astro rosarino, este plantel lo recibió y lo cobijó. Y como sucedió ante Egipto, todos hicieron lo imposible para dar vuelta el resultado y que no fuera esa la última función del número 10 con la camiseta celeste y blanca.

“Yo ya lo he dicho muchas veces, soy muy agradecido de este grupo. Soy feliz de pertenecer. Sé que ellos siempre tienen unas palabras de cariño para mí. Y no solo palabras, me lo demuestran con hechos. Hace mucho tiempo que venimos compitiendo juntos y para mí es un orgullo poder competir al lado de ellos porque siempre entregan todo y creo que hoy fue una muestra más de todos”, reflexionó el capitán de la Selección tras la agónica victoria.

Palabras como las de Enzo Fernández, que explicó que “le dijimos que era temprano para que se acabe”, o mismo las de Leandro Paredes, parte del círculo íntimo de la Pulga, son una demostración de que el grupo juega por y para Messi. Pero en el sentido concreto de la frase. Ellos saben que si él está bien, inspirado, contenido, las chances de ganar son altas como la de aquellos que saben jugar a la ruleta en un casino.

“Tratamos de abrazarlo, de que él sienta que vamos a estar con él hasta el final. Para nosotros es un plus tenerlo con nosotros. También jugamos para que ese último partido de él no llegue nunca”, mencionó el N° 5 de Argentina y Boca Juniors.

En un fútbol moderno en donde las tácticas intentan imponer el dominio territorial, el método de Scaloni presenta algo tan simple como complicado de ver. Es que tener la capacidad de combinar lo individual con lo colectivo a este nivel, marca la diferencia.

“El todo es más que la suma de las partes”, dijo el reconocido filósofo griego Aristóteles. Y esta versión 2026 del seleccionado campeón del mundo expone como nunca esa faceta. A dos días de una nueva semifinal, los jugadores ya conocen la fórmula que deben aplicar para alcanzar el éxito deportivo.

Dónde ver El método Scaloni

Desde el 28 de mayo, el documental se encuentra disponible en la grilla oficial de Flow. Para aquellos que son clientes de Personal, tienen acceso a la plataforma con su usuario habitual y pueden verlo de manera ilimitada y sin un costo extra.

Se trata de una serie de tres episodios de 30 minutos cada uno, que abarca los comienzos de Scaloni como DT de la selección y luego hace un repaso de su trayectoria en el plantel, donde se muestran los aciertos y errores cometidos en su desempeño como líder de la albiceleste.

De qué trata el documental sobre Lionel Scaloni

El método Scaloni es un relato profundo e íntimo sobre el conductor de la Scaloneta. El eje central del documental se sostiene en entrevistas al propio Scaloni, pero también a todo el cuerpo técnico y a los jugadores.

Además, la producción audiovisual no solo cuenta con figuras como Lionel Messi, Emiliano “Dibu” Martínez, Enzo Fernández o Rodrigo De Paul, sino que también aparecen entrenadores de la “vieja escuela”, como Diego “Cholo” Simeone y José Pékerman, quienes enriquecen el contenido desde su mirada y experiencia en el campo de juego.

A lo largo de los episodios, los jugadores reviven momentos icónicos, entre ellos algunos considerados “frustrantes”. Uno de los más recordados fue la charla técnica que intentó dar Scaloni en la previa del partido decisivo frente a Francia en el Mundial de Catar.

“Entramos a la charla. Scaloni ahí, 20 sillas allá, nosotros mirándonos, allá Scaloni que estaba hablando. Pone: ‘Bueno va a jugar el equipo así, qué sé yo. Fideo (Di María) por izquierda, le vas a hacer un quilombo tremendo por la izquierda, el partido está ahí, encaralo todos los tiros a Koundé, lo vas a matar’. Dos minutos está hablando”, empezó Dibu Martínez a rememorar ese momento.

“Bueno, qué sé yo, empieza a llorar. Empieza a llorar y dice: ‘Bueno, quiero decirles...’ Llorar, llorar. Y cuando quería hablar, peor”, reveló el arquero campeón del mundo sobre la profunda emoción que sentía el DT a pocos minutos de enfrentar a Francia en la final.

Así como situaciones emotivas, también hay otras donde causan gracia. Los tres episodios de la serie exploran aspectos vinculados a la resiliencia, el compromiso, la unión y la construcción de una identidad del grupo, algo que en el Mundial de 2018 parecía roto. Ahí se demuestra que fueron capaces de superar momentos de incertidumbre hasta alcanzar la consagración.

Las listas mundialistas suelen ser siempre una radiografía perfecta de una época. Muestran quiénes llegaron, quiénes faltan y, muchas veces, también exponen los conflictos de una selección. Por eso la convocatoria de Lionel Scaloni para el Mundial 2026 deja una sensación extraña.

Cuando la lista salió a la luz, Argentina no explotó; y eso, para una selección que durante décadas convivió con los conflictos, es una noticia tan importante como cualquier convocatoria.

La casualidad quiso que se la haya dado a conocer el mismo día en el que Flow estrenó "El método Scaloni", una serie documental que intenta explicar cómo un DT que llegó casi por descarte terminó construyendo uno de los ciclos más exitosos de la historia del fútbol argentino.

El título resulta oportuno, porque después de la Copa América, de la Finalissima, del Mundial de Qatar y de todos los éxitos acumulados en los últimos años, quizás la pregunta más interesante ya no sea cómo juega Argentina.

Hoy por hoy todos se preguntan ¿qué es exactamente el método Scaloni? ¿Una cuestión táctica? ¿Una cuestión de liderazgo? ¿O simplemente haber tenido la suerte de dirigir a Lionel Messi?

Durante décadas, la selección argentina fue una fábrica extraordinaria de futbolistas y, al mismo tiempo, una máquina permanente de conflictos; incluso hubo discusiones que atravesaron generaciones enteras.

Menotti y Bilardo dividieron al fútbol argentino en dos bandos irreconciliables; Maradona y Passarella protagonizaron enfrentamientos que todavía siguen vivos; más adelante llegaron las discusiones entre veronistas y riquelmistas, las guerras mediáticas, las internas dirigenciales y las sospechas permanentes alrededor de cada convocatoria. Incluso Messi, el mejor futbolista argentino de todos los tiempos, convivió durante años con cuestionamientos que hoy parecen incomprensibles.

La Selección siempre tuvo talento, lo que muchas veces no tuvo fue paz. Cada lista generaba incendios, cada decisión de un entrenador se convertía en un debate sin fin y cada eliminación abría una crisis. Por eso resulta tan llamativo lo que ocurre hoy.

Cuando Argentina presentó la lista, nadie habló de operaciones políticas, ni favoritismos. Nadie sospechó de internas y mucho menos de conspiraciones. La discusión, si la hubo, fue netamente futbolística. Claro; eso no es casualidad.

Nadie confiaba en que Scaloni podía liderar la transformación de la selección argentina

Quizás allí empiece a aparecer el verdadero método. Cuando Scaloni asumió en 2018 era una apuesta de emergencia. No tenía experiencia como entrenador principal, no figuraba entre los candidatos naturales y pocos imaginaban que pudiera liderar una reconstrucción después del fracaso en Rusia.

Sin embargo, hizo algo que probablemente ni él mismo imaginó en aquel momento. Comenzó a construir una cultura.

Su mayor acierto no fue encontrar un sistema táctico ni tampoco descubrir a determinados futbolistas. Mucho menos depender de Messi. Su gran mérito fue establecer reglas claras.

Todos juegan para el grupo y nadie tiene privilegios permanentes. La historia ayuda, pero no garantiza lugares. El rendimiento importa más que el apellido y está clarísimo que el equipo está por encima de cualquier individualidad. Todo eso parece algo obvio, pero en la Selección nunca lo fue.

La ausencia de Acuña es una demostración clara de todo eso. Fue campeón del mundo, fue importante en Qatar y recuperó parte de su mejor versión durante los últimos meses. Aun así, no le alcanzó. Porque en el universo Scaloni los antecedentes cuentan, pero no deciden.

Lo mismo ocurre con Mastantuono, porque su exclusión seguramente generará polémicas durante semanas. Es probablemente el talento argentino con mayor proyección de los últimos años y su llegada a Real Madrid potenció todavía más esa sensación. Pero la decisión también responde a una lógica que el entrenador construyó desde un primer momento.

Un Mundial no es una apuesta de futuro sino una competencia para ganar ahora. Y Scaloni eligió experiencia antes que expectativa.

Puede gustar o no; pero lo que resulta difícil es encontrar contradicciones porque la convocatoria responde exactamente a los principios que el cuerpo técnico viene aplicando desde hace años.

Hoy lo que eligió Scaloni transmite tranquilidad. No porque todos estén de acuerdo, sino porque todos entienden la lógica detrás de las decisiones. Y esa quizás sea la mayor diferencia respecto de otras épocas.

Scaloni logró algo extremadamente raro en el fútbol argentino. Logró generar consenso sin necesidad de unanimidad. La gente puede discutir nombres, pero nadie discute el método.

El documental pone el foco en conceptos como liderazgo, resiliencia, identidad y gestión grupal. Los títulos explican una parte de la historia y la otra parte se explica en la estabilidad. Porque ganar una Copa del Mundo es extraordinario, pero construir una estructura capaz de mantenerse competitiva durante años suele ser mucho más difícil.

La lista presentada para el Mundial 2026 es una consecuencia de todo eso. Más allá de todos los nombres, Scaloni confía en una idea; y, además, después de casi ocho años al frente de la Selección consiguió algo que parecía imposible: que una convocatoria mundialista deje de ser un problema nacional.

El método Scaloni no parece estar solamente en los entrenamientos, en los planteos tácticos o en las charlas técnicas. Está en la identidad y en la cultura que logró construir. Justamente todo eso, cuando pasen los años y los resultados formen parte del pasado, terminará siendo su legado más importante.

Porque más allá de los títulos, Scaloni transformó a la Selección en un lugar en el que por fin el conflicto dejó de ser la noticia.