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Arvejas: se ratifica la genética de punta y una mayor apuesta por la sustentabilidad

Rotación, fijación biológica de nitrógeno y oportunidades comerciales en el mercado internacional, las claves del momento del cultivo en la Argentina.

La consolidada preferencia por la arveja verde mantiene su mayor volumen a nivel nacional. / Fotos: agroagencia.com

La producción de arveja en la Argentina atraviesa un momento estratégico, consolidándose como una opción rentable y sustentable dentro de las rotaciones agrícolas.

Desde la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del INTA Arroyo Seco, en la provincia de Santa Fe, el Ing. Agr. Gabriel Prieto señala varios aspectos importantes a tener en cuenta: la fecha de siembra, la elección de la variedad, el manejo de malezas, la desecación en precosecha y la fertilización, donde se explayó profundizando el aporte de nitrógeno: “La inoculación de la semilla es esencial para asegurar el suministro de nitrógeno en arveja. También es muy importante mantener vivas las bacterias del inoculante en todo el proceso de tratamiento”.

Otros factores clave que menciona son el manejo de plagas, sobre todo de trips, el control del complejo de enfermedades vasculares y de malezas. Además, subrayó que el cierre de calidad es un arte de timing en el desecado.

El momento de desecar en la precosecha define la calidad final. Ni muy temprano (merma de peso) ni muy tarde (merma de desgrane). En tal sentido, para Prieto la arveja es un cultivo que ofrece grandes beneficios en las rotaciones y muy buena rentabilidad, destacando su lugar en la combinación arveja maíz.

“El mercado de genética está actualizado y tiene opciones para cada planteo. Esto permite aprovechas nuevas oportunidades de negocio, pero es importante entender que la rentabilidad va de la mano con la calidad”, asevera Prieto, quien es uno de los referentes del cultivo de arveja en todo el país.

Actualmente, las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos concentran el 9 8 % del área sembrada, superando las 140.000 hectáreas donde conviven variedades amarillas y verdes (según la demanda del mercado). En este territorio, el productor opta por variedades amarillas o verdes dependiendo fundamentalmente de la rentabilidad proyectada y de los requerimientos específicos de la demanda internacional.

Ing. Agr. Gabriel Prieto del INTA Arroyo Seco.

En última instancia, la rentabilidad del negocio está directamente ligada a la calidad final del producto obtenido. En tal sentido, la industria de insumos ha evolucionado para ofrecer soluciones específicas que potencian el rendimiento.

En la planta de Barenbrug, en la ciudad de Pergamino, se aplican protocolos de máxima pureza para la elaboración de inoculantes. La bióloga Lucrecia Poblitti explica que trabajan con “controles de calidad muy estrictos para evitar, en etapas tempranas, cualquier posible contaminación”, utilizando una cepa del INTA Castelar que ha demostrado gran efectividad en la fijación de nitrógeno.
Complementariamente, el uso de bacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPG) está ganando terreno.

El biotecnólogo Ariel Aguirre destaca que estos biofertilizantes actúan incrementando la permeabilidad de la raíz y mejorando la solubilización de fósforo inorgánico, además de optimizar la disponibilidad de agua y nutrientes.

Este giro hacia lo biológico se ve impulsado también por el contexto económico; Fernando Baro, gerente general de Barenbrug Argentina, señala: “El incremento en el precio de los fertilizantes va a beneficiar a la adopción de productos biológicos”.

Commidities genéricos

El mercado de la arveja está dejando de ser un negocio de commodities genéricos para transformarse en uno de especialidades.

Agustín Cantó, de RAGT Semillas, describe una transición clara en las exigencias industriales: “Antes la industria pedía volúmenes sin segmentación, pero ahora solicita volúmenes más proteína y, a partir de la campaña 2027, pedirá perfil tecnológico de la variedad y, además, variedades específicas que se destaquen por su sabor”.

El éxito del cultivo depende de un manejo agronómico riguroso que abarca desde la fecha de siembra hasta la protección sanitaria.

Para responder a estos desafíos, se están introduciendo variedades como la RGT Feroe, una arveja amarilla invernal que permite siembras tempranas y reduce costos operativos, debido a que admite una menor densidad de siembra. No obstante, la continuidad de estos avances depende de la sostenibilidad del sistema de innovación.

“El reconocimiento a la propiedad intelectual mediante el pago de esta regalía extendida es fundamental para sostener la inversión y el desarrollo genético”, dice Cantó, ante lo cual se garantiza el lanzamiento constante de nuevas variedades beneficiosas para toda la cadena.

Por otra parte, el gerente general de Barenbrug Argentina, Fernando Bato, añade que el incremento en el precio de los fertilizantes va a beneficiar a la adopción de productos biológicos tanto en soja como en especialidades.

Fernando Bato.

“Estamos apostando fuertemente al desarrollo de productos biológicos y todo viene de combinar resultados con sustentabilidad. Desde Holanda apostamos fuertemente a nuestro país. Nosotros tenemos una oferta de negocios bien diferenciada entre semillas forrajeras, productos biológicos, protección de cultivos y el tratamiento profesional de semillas”, indica.

“La realidad es que esa diversificación de negocios, y contar con una red de distribución con más de 300 distribuidores, nos posibilita no bajar el nivel de ventas y presentar mucha solidez institucional y comercial para seguir invirtiendo en el sector”, asegura Baro.

La mesa de legumbres

La arveja es un cultivo con trayectoria histórica y presencia sostenida que, hoy, vuelve a cobrar protagonismo gracias a su aporte en la rotación, la fijación biológica de nitrógeno y las oportunidades comerciales que ofrece en el mercado internacional.

En tal sentido, la provincia de Santa Fe se afianza como el segundo polo productivo de arveja del país, concentrando gran parte de su actividad en los departamentos Constitución, Rosario y San Jerónimo. Esta posición estratégica refuerza la importancia de la Mesa de Legumbres de Santa Fe, con la que la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) trabaja de manera activa para impulsar el crecimiento del sector.

De acuerdo con estimaciones de INTA Arroyo Seco, en la campaña 2025/26 el área sembrada con arveja —tanto verde como amarilla— habría superado las 120.000 hectáreas, proyectando un récord productivo. De confirmarse, podría incluso ubicarse por encima de la destacada campaña 2021/22 que rozó las 300.000 toneladas. No obstante, el cultivo transita su etapa crítica de floración y formación de grano, y lo que ocurra con las lluvias y temperaturas venideras serán determinantes para el resultado final.

En el núcleo arvejero nacional, las variedades verdes destacan sobre las amarillas, con una proporción aproximada del 75 % frente al 25 %. Este predominio se explica por la preferencia de los mercados de Latinoamérica y Europa por la variedad verde, mientras que la amarilla se destina principalmente a Asia y a la producción de aislados proteicos para sustitutos de carne. Aunque la producción de arveja amarilla viene en aumento por estas demandas específicas, la consolidada preferencia por la verde mantiene su mayor volumen a nivel nacional.

En términos de resultados, los técnicos señalan que la arveja verde alcanza mejores precios, aunque su potencial productivo es algo menor que el de la amarilla: en general, una verde rinde entre 25 y 30 quintales por hectárea, mientras que una amarilla puede alcanzar de 30 a 35 Q/H.

Como cultivo invernal, la superficie de la arveja representa un área menor frente a cultivos tradicionales como el trigo, que este año suma 1,6 millones de hectáreas solo en la región núcleo, según estimaciones de GEA/BCR. Aun así, la arveja muestra un resurgimiento y consolida su lugar dentro de las rotaciones.

Los insumos —semilla, fertilizantes y agroquímicos— representan más del 60 % del gasto total de la campaña, siendo la semilla el componente más significativo: constituye el 47 % del gasto en insumos y el 29 % del costo total.

Con una densidad de siembra de 250 kilos por hectárea para alcanzar unas 100 plantas/m², el costo en semilla ronda los 170 dólares por hectárea. En términos relativos, este rubro duplica o triplica el peso de la semilla respecto a otros cultivos: en trigo y soja ronda el 10 % del costo total y en maíz un 15 %. Con estos números sobre la mesa, optimizar la siembra y garantizar semilla de alta calidad es, por tanto, clave para mejorar márgenes.

Con un rendimiento de 30 Q/H, la arveja verde genera un margen neto de 167 dólares por hectárea en campo propio y U$S 27 H en arrendado. Si la productividad cae a 25 Q/H, el margen se reduce a U$S 79 H en campo propio y se vuelve negativo en campo alquilado, alcanzando —U$S 82 H. Con rindes de 20 Q/H, las pérdidas se registran en ambos esquemas de tenencia, ya que la productividad se encuentra por debajo del rinde de indiferencia: 22 quintales por hectárea en campo propio y 28 Q/H con arrendamiento, considerando impuestos.