Bahía Blanca | Lunes, 06 de abril

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Cuáles son los únicos 13 países del mundo que respiran aire limpio

Un informe global revela que la gran mayoría del planeta vive expuesta a niveles de contaminación que superan los límites recomendados para la salud.

Respirar aire seguro se volvió un privilegio. Un informe global de la empresa suiza IQAir pone números a una tendencia que ya se percibe en muchas ciudades: la calidad del aire empeora de manera sostenida en buena parte del planeta.

El relevamiento, que abarcó 9.446 ciudades en 143 países y quedó plasmado en el 2025 World Air Quality Report, traza un mapa preocupante. La contaminación atmosférica ya no aparece como un problema localizado, sino como una condición extendida, con efectos que se sienten tanto en la salud como en la economía.

Y en el trasfondo, el cambio climático de origen humano empuja el escenario hacia situaciones cada vez más extremas.

En ese contexto, cumplir con los niveles considerados seguros es la excepción. Apenas 13 países lo logran. Entre ellos, Andorra, Estonia e Islandia encabezan la lista. También aparecen Australia, Barbados, Bermudas, Polinesia Francesa, Granada, Nueva Caledonia, Panamá, Puerto Rico, Reunión y Islas Vírgenes de Estados Unidos.

El dato inverso es el que marca la magnitud del problema: 130 de los 143 países analizados superan los niveles recomendados. En el extremo opuesto, países como Pakistán, Bangladés, Tayikistán, Chad y República Democrática del Congo concentran algunos de los peores registros.

La brecha ambiental, una vez más, se dibuja con nitidez.

Un aire cada vez más cargado

Detrás de los números hay múltiples factores que se combinan. En 2025, los incendios forestales volvieron a tener un peso decisivo, liberando grandes cantidades de partículas contaminantes. A eso se sumaron tormentas de polvo y eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes.

No es un fenómeno aislado. El uso intensivo de combustibles fósiles sigue siendo el principal motor de esta degradación. A medida que aumentan las emisiones, también lo hace la concentración de partículas nocivas en el aire. Y el impacto no se queda en el ambiente: las pérdidas económicas asociadas a desastres climáticos se cuentan en cifras millonarias.

Olas de calor más prolongadas, inundaciones y sequías terminan de completar un cuadro complejo, donde la contaminación del aire se entrelaza con otros síntomas del deterioro ambiental.

El enemigo invisible: las partículas finas

Entre los contaminantes más peligrosos aparecen las llamadas partículas PM2,5. Son microscópicas, casi imperceptibles, pero tienen la capacidad de ingresar profundamente en el organismo. Llegan a los pulmones, atraviesan barreras y pueden alcanzar el torrente sanguíneo.

Su presencia está asociada a enfermedades respiratorias, problemas cardiovasculares y otras patologías graves. Por eso, los estándares internacionales fijan límites estrictos. El problema es que, en la práctica, la mayoría de los países no logra respetarlos.

El contraste es claro en los lugares donde la calidad del aire se mantiene dentro de niveles seguros. Allí, los beneficios son inmediatos: menos enfermedades, mejor descanso, mayor bienestar general.

También hay efectos a largo plazo. En entornos menos contaminados, el desarrollo infantil encuentra mejores condiciones, tanto en lo físico como en lo cognitivo. Y el impacto trasciende lo humano: los ecosistemas responden mejor, la productividad agrícola crece y la biodiversidad se fortalece.

Incluso desde una mirada económica, el aire limpio tiene un valor concreto. Reduce costos sanitarios y mejora la calidad de vida. No es solo una meta ambiental: es una inversión en salud y en desarrollo sostenible.
En un mundo donde la contaminación se expande, los países que logran sostener aire limpio no solo marcan una diferencia.

También muestran que, aunque el desafío es global, todavía hay margen para cambiar el rumbo.

¿Qué medidas podemos tomar?

Si bien la mayoría de las fuentes de contaminación del aire están fuera del control de las personas, podemos demandar políticas para reducir su impacto en el medio ambiente y nuestra salud.

Los representantes locales, nacionales y regionales deben tomar medidas de planificación urbana, energía, transporte, gestión de desechos y agricultura que garanticen a la comunidad aire más limpio.

A su vez, nosotros también podemos adquirir hábitos que alivianen la emisión de contaminantes a la atmósfera. Cambiar el uso de vehículos a combustión cuando podemos transportarnos a pie o en bicicleta también contribuye de manera directa con nuestro cuerpo.

Tanto la Organización Panamericana de la Salud (OPS) como la Organización Mundial de la Salud (OMS) promueven mejorar la calidad del aire desde el interior de nuestros hogares. En este sentido, podemos desde planificar una ventilación correcta hasta maximizar el uso adecuado de los artefactos de calefacción y cocina.

También debemos prestar atención al uso de diversos aerosoles, limpiadores y plaguicidas domésticos, entre otros productos que pueden resultar contaminantes.  En lo posible, incorporar artefactos con fuentes de energía renovables (solar) o de baja emisión.

Reducir el uso de plástico y separarlo para su reciclado no solo evita la contaminación que produce su posible combustión; su degradación en pequeñas partículas comenzó a encontrarse, además del agua y la tierra, en el aire.