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La ciudad y los autos: desde el Vis a Vis de Morado Veres al desborde actual

De calles dominadas por carruajes a una ciudad motorizada: un recorrido por más de cien años de cambios.

Foto: Andrea Castaño-La Nueva.

El 28 de junio de 1901 fue viernes. La ciudad bullía y mostraba un movimiento importante de carruajes y jinetes, un aspecto urbano que se adivina silencioso, con el trotar de los caballos y el ruido de las ruedas sobre las calles adoquinadas. 

Fue ese día que por primera vez en la historia local circuló un automóvil por estas calles. 

Apenas 25 años habían transcurrido desde que el ingeniero Karl Benz patentara su Benz Motorwagen, un vehículo de tres ruedas considerado el primero de la historia de combustión interna.

Este diario señaló aquella presencia de 1901 como “la novedad callejera” del día. Quien conducía la máquina era el médico Adrián Morado Veres, que había adquirido el vehículo en Lyon, durante su viaje de luna de miel en Francia, el cual le fue enviado por barco. 

Ese día se estableció la primera medición de vehículos per cápita en la ciudad: uno cada 50 mil habitantes.

El auto era un Dion Bouton, del tipo llamado Vis a Vis, con asientos enfrentados, dos marchas, un volante sobre un eje vertical y alimentado a bencina. 

La municipalidad no tenía instrumentado el patentamiento de ese tipo de vehículo, con lo cual le asignó el número 1 como coche de paseo. Morado Veres se estudió el manual de instrucciones y se convirtió acaso en el primer mecánico de la ciudad.

Desde aquel año en adelante la “motorización” urbana no supo de pausas. A partir de 1910, aquellos primeros vehículos accesibles sólo a gente pudiente se volvieron un producto popular gracias al Ford T que, fabricado en cadena, redujo a un tercio el precio.

Una imagen de las primeras décadas del siglo XX muestra la convivencia de los carros de tracción a sangre, los tranvías y las bicicletas. 

En 1924 ingresaron al país 25 mil vehículos, norteamericanos y europeos, modelos de las empresas Fiat, Franklin, Lincoln, Cadillac, Moon, Oakland, Dodge, Hudson, Stutz, Rollis, Bentley, Citroen, Peugeot, Bugatti y Lancia, entre otros.

La ciudad modificó de manera drástica su fisonomía. Las calles empezaron a quedar ajustadas, el ruido pasó a ser parte del ambiente, se generaron los primeros accidentes viales mientras improvisados agentes de policía se convertían en los primeros ordenadores del tránsito.

En la década del 30 el diseño art decó se impuso también en los vehículos, se sumó el glamur del estilo y las damas al volante, en una muestra de elegancia, desafío y modernidad.

El paisaje

En 1942 se confirmó la existencia de un automóvil cada 50 habitantes, lo cual ubicó a Bahía Blanca como “una de las ciudades del interior donde circula mayor número de automóviles y bicicletas”. 

Ese año se censaron 2.891 automóviles particulares, 85 de alquiler, 1.125 de carga y 11 ómnibus, los cuales compartían las calles con 76 triciclos, 882 bicicletas de reparto, 649 bicicletas particulares, 91 carruajes de alquiler (mateos), 75 carritos de changadores y 1499 carros.

En 1960 se produce una gran evolución con la aparición de los autos chicos y accesibles, impulsando un crecimiento del parque automotor que fue interpretado como “un indicador por excelencia” del progreso local, teniendo protagonismo además las motos y motocicletas, que sumaban unas 5.600 unidades, cinco veces más que las registradas en 1957 y un símbolo, se dijo, “de la verdadera motorización local”.

Los mini autos eran sensación, livianos y accesibles, como el caso de los denominados “ratoncitos”, con marcas como BMW Isetta, Heinkel, Messerschmitt, NSU Prinz, Isar y De Carlo, entre otros.

Se arma la rosca

Para mediados de los 60 el tránsito se complica cada día más, con unos 70 mil vehículos circulando, entre autos y camionetas (25 mil unidades), bicicletas (25 mil) y motos (10 mil). Se anticipaba un problema vial. 

“El tema va por mal camino y ordenarlo conforma una de las más serias cuestiones que afectan a nuestra ciudad”, se indicó. 

Ese año se estimó la existencia de un vehículo cada 7,5 habitantes. Se mencionaban dos situaciones preocupantes en particular: el poco estacionamiento disponible y la falta de educación vial. 

En el primer punto se mencionaba que comerciantes y empleados estacionaban sus vehículos en las calles del centro durante al menos cinco horas diarias, ocupando el espacio público de manera desmedida. Los

controles eran también escasos: ocho inspectores distribuidos en tres turnos se encargaban de toda la planta urbana.

Una curiosidad de aquellos años: por ordenanza municipal estaba prohibido a los automóviles pernoctar en la vía pública: las calles debían quedar desiertas cada noche.

El presente y nada más

Luego de décadas de darle al automóvil un lugar protagónico, achicando espacios públicos, ampliando las calles, ocupando lugares impensados, hoy la tendencia es completamente opuesta. 

En el mundo se busca limitar el acceso del automóvil particular a las áreas centrales, peatonalizar los centros, tener menos congestión y potenciar espacio público mediante la generación de un ámbito amigable, donde el peatón sea el protagonista.

Bahía Blanca ha dado algunos pasos en la materia, con las denominadas semipeatonales, ensanchando veredas y limitando el acceso de vehículos a algunos paseos.

En cuanto al parque automotor, su crecimiento ha sido enorme. Se estima que hoy circulan entre 150 y 180 mil vehículos, es decir una unidad cada dos personas. 

A esto se suma el uso intensivo de los mismos, consecuencia de una ciudad que ha crecido en extensión y el hábito instalado de llegar con el auto hasta la puerta del lugar al que se concurre.

Si la ciudad es en sí un lugar de suma complejidad, no lo es menos el tránsito vehicular. Los cambios apuntan a buscar alternativas que desalienten el uso del vehículo particular. 

Para eso se debe contar, por ejemplo, con un transporte público eficiente y accesible, incentivar el uso de bicicletas y diseñar las llamadas ciudades de 15 minutos, donde los habitantes de los barrios no necesiten trasladarse de manera constante al centro para realizar trámites y compras.

Las ideas son claras en el papel, dificultosas a la hora de llevarlas a la realidad.

Si Morado Veres saliera de una cápsula del tiempo con su Vis a Vis a bencina, quizá sentiría algo de culpa por haber iniciado semejante cuadro motor.