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El 7M bajo análisis: claves científicas para entender la catástrofe

En las XVI Jornadas de Divulgación Científica de las Ciencias de la Tierra, Mar y Atmósfera, especialistas coincidieron en que el desastre fue producto de un evento extremo combinado con vulnerabilidades estructurales. 

El 7 de marzo de 2025 quedó marcado como un punto de quiebre para Bahía Blanca. La tormenta que descargó en pocas horas un volumen de lluvia sin precedentes no solo provocó una catástrofe inmediata, sino que dejó al descubierto fragilidades estructurales y abrió un debate profundo sobre el futuro de la ciudad.

Precisamente, ese hecho fue el epicentro de las XVI Jornadas de Divulgación Científica de las Ciencias de la Tierra, Mar y Atmósfera, que se realizaron la semana pasada en el Instituto Geográfico Nacional (IGN), con la organización del Comité Nacional de la Unión Geodésica y Geofísica Internacional (Cnuggi). 

La necesidad de adaptarse a eventos climáticos extremos y las claves para mitigar futuros desastres hídricos fueron los temas salientes de un evento del que tomaron parte especialistas del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Universidad Nacional del Sur.

Abordaron tres ejes fundamentales: la eficacia de las alertas, el golpe al sector productivo, y la vulnerabilidad urbana, con la intención de que docentes, estudiantes y el público en general puedan comprender los mecanismos detrás del desastre de marzo de 2025, por el que murieron 18 personas, dejó pérdidas económicas y materiales sin precedentes en la región.

En la apertura, el mayor retirado e ingeniero geógrafo Marcelo Fabián Ancarola planteó el enfoque general del encuentro.

“Nos convoca un tema de enorme relevancia: la inundación ocurrida el 7 de marzo de 2025 en Bahía Blanca”.

Y dejó una definición que atravesó toda la jornada.

“La respuesta nos obliga a pensar en la gestión integral del riesgo de desastre que implica actuar antes, durante y después del hecho”. 

Esa idea —la necesidad de anticipación— aparece como uno de los consensos más fuertes: el problema no empieza con la lluvia, sino mucho antes.

Por ello, desde el Servicio Meteorológico Nacional, Marcos Saucedo centró su exposición en el comportamiento del sistema de alertas.

“El evento fue extraordinario por su intensidad y persistencia”.

Pero también dejó en claro un punto clave para entender el impacto.

“Cuando se combinan ciertos factores, la magnitud final supera lo previsto”.

Su análisis introdujo un matiz importante: los sistemas de alerta funcionaron, pero la escala del fenómeno y su evolución excedieron los escenarios habituales.

Necesidad de adaptación

El enfoque de Carlos Torres Carbonell (INTA-UNS Agronomía)  aportó una mirada desde el territorio y el sistema productivo.

“El problema no es solo lo que pasó, sino qué hacemos después con esa información”.

Y agregó una definición que conecta con el futuro: “La resiliencia no es solo reconstruir, es reconstruir mejor”.

Su intervención puso el foco en la capacidad de aprendizaje: transformar la crisis en una agenda concreta de cambios.

Uno de los ejes más contundentes lo desarrolló la investigadora bahiense Paula Zapperi, quien abordó la relación entre peligrosidad y urbanización: “La vulnerabilidad urbana es clave para comprender el riesgo de inundación”.

Y, desde una mirada local, sintetizó el problema: “Cuando el agua no tiene por dónde escurrir, recupera su lugar”.

Su análisis reforzó una de las principales conclusiones del encuentro: la catástrofe no puede explicarse solo por la lluvia, sino por cómo está configurada la ciudad.

Las jornadas dejaron una síntesis clara: lo ocurrido en Bahía Blanca fue el resultado de la convergencia entre un evento extremo y condiciones estructurales que amplificaron sus efectos.

El propio Ancarola lo planteó en forma de pregunta —y advertencia—: “¿La inundación de Bahía Blanca fue un desastre mitigable?”

La respuesta, lejos de ser cerrada, abre un camino: avanzar hacia una gestión del riesgo que incorpore ciencia, planificación y prevención como pilares.

Porque, como quedó planteado en el encuentro, el desafío ya no es explicar lo que pasó, sino evitar que vuelva a suceder en las mismas condiciones.

Frases salientes

**“La gestión del riesgo implica actuar antes, durante y después del evento”. (Marcelo Fabián Ancarola)

** “La pregunta es si este desastre podría haber sido mitigado. No alcanza con analizar el fenómeno, hay que analizar las condiciones del territorio”. (Ancarola). 

** El evento fue extraordinario por su intensidad y por su persistencia. Se registraron acumulados muy por encima de lo normal en un período muy corto”. (Marcos Saucedo) 

** “Cuando se combinan ciertos factores, la magnitud final supera lo previsto. Estos fenómenos requieren una interpretación que vaya más allá del dato puntual”. (Saucedo).

** “Las crisis también son oportunidades para repensar sistemas. Y el desafío ahora es transformar lo aprendido en cambios concretos”. (Carlos Torres Carbonell)

** “La vulnerabilidad urbana es clave para comprender el riesgo de inundación. Bahía Blanca tiene una relación histórica con el agua que muchas veces fue subestimada”. (Paula Zapperi)

** “Cuando el agua no tiene por dónde escurrir, recupera su lugar”. (Zapperi). 

** “El riesgo es el resultado de la interacción entre el fenómeno y la vulnerabilidad”. (Zapperi). 

** “No es solo la lluvia, es cómo responde el sistema urbano ante esa lluvia. Hay umbrales a partir de los cuales todo colapsa”. (Saucedo). 

** “La clave está en anticipar escenarios que antes parecían improbables”. (Saucedo).