Un club del interior transformó al vestuario en un aula y más de 30 jugadores quieren terminar la Escuela
Julio Urtizberea, profe y docente de Atlético Trenque Lauquen, escuchó las voces de sus alumnos y consiguió abrir una sucursal del Programa de Finalización de Estudios Primarios y Secundarios (FinES) para que los jóvenes tengan una segunda oportunidad en la vida.
En un viaje rumbo a un partido del Club Atlético Trenque Lauquen, Joaquín vio en Julio la figura de un amigo y le confió su pesar: hace unos meses había dejado de trabajar en la panadería que le dio el pan durante los últimos cuatro años. Su profesor se interesó, pero notó una carencia: el currículum decía secundario incompleto. Días más tarde, otro alumno lo llamó con la misma problemática. “Acá hay que hacer algo, esto no puede quedar así”, reflexionó.
Julio recibió la pelota y no la pateó afuera. Se movió para que el resto se mueva. Tras varias preguntas por aquí y por allá, irrumpió en la ronda previa a la entrada en calor del primer equipo de fútbol con una pregunta no apta para la timidez: “¿Quién quisiera completar el colegio?” La respuesta fue en cadena: uno, dos, tres, cuatro… Un montón de manos en alto. Claudio Balerdi, el director técnico, le contestó: “Yo también tendría que hacerla”.
Julio, que es profesor de educación física y ejercita las piernas de los planteles de cada una de las categorías, llena de ternura cada verbo y sensibiliza aún más la voz y los ojos cuando se refiere a los chicos. Héroe en tiempos de fama, prefiere el anonimato de sus rulos. No obstante, su apellido es Urtizberea y de niño quiso ser misionero.
De grande, caminó por las calles de Trenque Lauquen con la bandera de la educación y despertó un movimiento que consiguió 30 inscriptos en una semana. Y algo mucho más importante: que el Programa de Finalización de Estudios Primarios y Secundarios (FINES) abra una extensión en un salón de Atlético Trenque Lauquen. “Esto es del club y de los chicos”, repite Julio.
Figura centenaria, el club, denominado el Indio del oeste bonaerense, se formó en 1922. Sus instalaciones alcanzan para casi 400 niños y adultos futbolistas, pero quedaron encerradas entre el parque de la ciudad y los barrios que le dieron su identidad.Otrora eran ley Los Fideos de los Jueves.
“Cuando crecí me di cuenta de que se hacían más de los necesarios para que alguien se los dé a un hermano. Atlético es una institución en la que no sobra nada porque todo es para que se lo lleven”, recuerda Julio. El desafío actual es darle a los chicos un plan nutricional para que se alimenten con proteínas al menos dos veces a la semana. Los principios, podría decir Julio, no se negocian: “Nuestra gente es muy humilde y laburadora. Casi no tenemos padres profesionales. Por eso no nos podemos dar el gusto de que sus hijos tampoco terminen el secundario”.
Joaquín Fornes se mudó a José León Suárez durante su adolescencia para sumarse a las categorías formativas de Deportivo Central Ballester, que compite en la Primera C, para poder correr detrás del barrilete de ser futbolista profesional. Sin embargo, su madre no dio abasto para poder respaldarlo tan lejos. Su primer paso tras regresar fue conseguir trabajo. Varios y ninguno fijo: hoy cuatro de cada diez argentinos laburan por fuera del sistema, según un estudio realizado por la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Sin la seguridad y con la necesidad del salario, la escuela quedó muy lejos. Ergo, fue el primero en acudir a Julio: “Sentía vergüenza cuando me preguntaban si había terminado el secundario en una entrevista de trabajo. Se hace difícil sin estudios, me dejaban a un lado”.
El Observatorio de Argentinos por la Educación reveló el 21 de septiembre de 2025, Día del Estudiante, que solo diez de cada cien alumnos que comenzaron la educación primaria en 2013 completaron la secundaria en 2024 sin repetir ni abandonar. El FinES nació en 2008 para mitigar los daños, pero dejó de ser financiado luego de que Javier Milei se sentó en el sillón de Bernardino Rivadavia. A partir de ahí, la decisión pasó a las provincias. Buenos Aires, gobernada por Axel Kicillof, decidió mantener con vida el plan con recursos propios, al igual que la mayoría de los departamentos.
El programa registró alrededor de 120 egresados en 2024 y cerca de 90 en 2025; tan solo en Trenque Lauquen. La cursada, que ya tiene aproximadamente 150 participantes en total, consta de cinco materias por cuatrimestre y tiene pensadas ocho comisiones, por lo que hay casi 40 profesores involucrados en enseñar y acompañar.
Las raíces tienen dos funciones elementales: afirmar la planta al suelo y absorber los nutrientes necesarios para su desarrollo. Las asociaciones civiles sin fines de lucro las imitan: contienen a su comunidad y permiten que sus miembros puedan crecer.“Es el lugar en el que tus viejos te dejan y nunca te preguntan a qué hora volvés, ellos saben que estás ahí. A muchos no les importa si sus hijos son campeones, quieren que socialicen. Hay que tener panzas felices y cabezas abiertas”, aporta Julio.
En definitiva, Atlético Trenque Lauquen es un club y una escuela. A Urtizberea le encanta ganar, todo el cuerpo técnico se esfuerza para intentarlo, pero aún más le gusta ver a sus alumnos con el cuaderno y en el salón: “Cuando veo la escuelita, entro porque no lo puedo creer. Está bueno que los chicos salgan con más posibilidades de un trabajo digno y con los soportes para aventurarse en una carrera terciaria o universitaria. Tienen todo por delante”. Desde dentro del aula, Joaquín agradece “Para mí, terminar el secundario significa tener nuevas oportunidades en la vida”.