Desaparecidos en el rugby: "Me siento tranquila de estar de este lado de la memoria"
La escritoria sanjuanina Carola Ochoa lanzó la segunda edición de "Los desaparecidos en el rugby".
Periodista de La Nueva desde 1995, especializado en rugby y básquetbol; con colaboraciones en casi todas las secciones de la redacción (locales, policiales, regionales, Ritmo Joven, revista Nueva, Espectáculos)
El rugby es el deporte que más víctimas registra como consecuencia de la última dictadura militar en nuestro país. La escritora sanjuanina Carola Ochoa constató 178 casos, cuyas historias volcó en el libro "Los desaparecidos en el rugby", con prólogo del periodista especializado Jorge Búsico y que ya tiene en preventa su segunda edición.
Su compromiso nació de manera espontánea, sensibilizada por las historias que investigó y por los relatos de familiares de estos rugbiers desaparecidos. El libro es homenaje para ellos, para rugby, para el deporte en general y para la memoria colectiva. Un compromiso social que además la llevó a donar los derechos de autor de esta segunda edición al equipo de rugby Hualas XV (Neuquén), integrado por chicos con discapacidad intelectual.
"Llega esta fecha y es muy significativa en lo personal, más en estos tiempos... Es una lucha en la que hay que resistir. Desde el ámbito en el que a cada uno le toque vivir. En lo personal, el hecho de organizar el torneo de rugby en homenaje a los desaparecidos de este deporte activó en mí este compromiso. Pero el el libro, que ya va por la segunda edición, ampliada, hace que ese compromiso hacia los 178 jóvenes que jugaron al rugby y fueron victimizados por la dictadura militar yel terrorismo de Estado, esté más latente. Me siento tranquila de estar de este lado de la memoria", afirmó Ochoa.
-¿Cómo surge ese compromiso, que primero comenzó con la organización de un torneo de rugby seven homenaje y después con la publicación del libro?
-Se trata de un torneo nacional en el que participan clubes y delegaciones del interior del país. Primero fue el torneo y mientras tanto encaré la investigación. Gracias a Eliseo "Chapa" Branca, que fue una ayuda increíble porque contribuyó a que los clubes me abrieran sus puertas y se escuchara esta historia. En 2015 me quise contactar con varios Pumas y el único que respondió fue él. Los demás, ni contestaron. Y eso de alguna manera me alivió. Saber que hay gente que sabe que esto es necesario, el no olvidar. Ninguna sociedad tiene de base el olvido de un genocidio tan grande. A partir de darse cuenta de eso, una sociedad puede mejorar muchsimo para no repetir los mismos hechos tan trágicos.
-¿Y el libro cómo se concretó?
-La investigación comenzó en 2013. Siempre fui atleta en San Juan, federada. Allí se corre la maratón homenaje a Miguel Venancio Sánchez, atleta desaparecido en 1978. Se hace en todo el país. En algunas ciudades todavía no llegó, pero sí a San Juan. Así fue que los referentes de esa carrera me invitaron a Puerto Madryn a un plenario sobre deportistas desaparecidos. Allí vi por primera vez la foto de el equipo de La Plata Rugby Club que fue diezmado casi en su totalidad, porque el único sobreviviente fue Raúl Barandiarán. Y bueno, me llamó la atención eso, porque yo tenía mis prejuicios hacia el rugby. Que era violento, que carecía de algunos compromisos en cuanto a lo social... Siempre pensé que era un deporte de gente de clase alta, de élite. Ese choque de realidades me llamó la atención: por un lado el rugby como un deporte elitista y por otro lado que tuviese desaparecidos. Me lllamó la atención que en esa foto se proletarizaron. Es decir, eran jóvenes de clase alta, hijos de jueces o hijos de profesionales muy encumbrados, pero eligieron otra cosa. Y lo más llamativo fue que provenían de familias antiperonistas. En ese contexto me aboqué a la investigación de rugby en la memoria de todos ellos.
-¿Con qué te fuiste encontrando?
-Desde ahí lo que viví después me confirmó que aquellos prejuicios estaban muy lejos de la realidad ya que el rugby es un deporte maravilloso, con gente muy solidaria. ¡Cómo aquellos 178 no iban a practicar rugby, si en aquel contexto esos jugadores tenían valores!. Después en cuanto a la elaboración del libro, fueron cuatro años para diagramarlo y para buscarme una editorial. Acordé con Editorial Sur, que tiene muchos títulos relativos a memoria y deporte. Mientras tanto yo iba publicando las historias de los desaparecidos del rugby en la página de Facebook del torneo de seven que organizo. Ahí la gente se comunicaba para contarme de más casos. Hubo una conexión muy grande con la gente, que todavía hoy perdura.
-¿Es cierto que ampliaste la cifra oficial inicial de casos de jugadores desaparecidos?
-Correcto, se publica cada uno con su foto de equipo, cada uno con el testimonio de gente que compartió él equipo o club con ellos. Eso es irrefutable, porque está la prueba de la foto. No se puede negar. Creo que lo de los números, de constatar fehacientemente las cifras, es algo muy importante. Hoy son 178, pero de acá en adelante tal vez se pueda encontrar algunos más. De ese total hay dos que no figuran en el registro de la Conadep porque no fueron denunciados por sus familiares. Dicen que para ellos es reactivar el dolor otra vez. Siempre lo negaron y lamentablemente, lo que no se nombra no existió.
-¿Qué caso te conmovió más?
-Todos, pero el de Jorge Alejandro Ulla, tal vez más, porque conocí a la familia y allegados. Fue uno de los fusilados en la masacre de Trelew, cuando tenía 27 años. Jugaba en Cha Roga y tenía todo para vivir una vida feliz. Sus padres estaban en muy buena posición económica, su hermano un médico importante. Podría haber estado vivo, tener familia, estar cómodo... No había manera de que no fuera feliz. Pero eligió ir a La Plata, proletarizarse, desconectarse de la ayuda de su familia, vivir como un obrero y entrar al ERP. Fue un camino de ida. La familia lo recuerda con mucho dolor.
-A partir de tu investigación de esos 178 desaparecidos, ¿Qué más los unió más allá del rugby y de su final trágico?
- Me llama atención la conexión que tenían con el arte. La mayoría no sólo era militante y jugaban al rugby sino que tenían conexión con el arte ya que escribían poesías, pintaban... Varias de esas poesías son publicadas en mi libro gracias a que las familiar las cedieron. Son textos que si bien fueron escritos en el contexto de los '70, plantean problemáticas actuales. Y eso como legado, es más que importante.