Imanol Guardiola: “Un arquitecto crea momentos, construye el escenario donde se materializan los sueños”
Egresado de la Universidad Nacional del Sur, Imanol Guardiola acaba de publicar el libro Dejarse ser arquitecto, donde reflexión sobre su carrera y una profesión de lo apasiona.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Imanol Guardiola es arquitecto, bahiense, egresado de la Universidad Nacional del Sur en 2025, recién salido del ámbito académico, comenzando a transitar el campo laboral.
Eligió esa carrera en un momento clave de su vida, cuando le faltaba muy poco para recibirse de profesor de Educación Física.
Ahora, la librería técnica CP67 acaba de publicar un libro de su autoría, donde cuenta como fue cambiando su vida a medida que avanzaba en la carrera y explica cómo y porqué la arquitectura es capaz de definir "buenos momentos en las vidas de las personas".
El libro
¿Qué es Dejarse ser arquitecto?
Dejarse ser arquitecto representa ese camino que muchas veces uno no controla. Mi idea era que el libro se titulara “el aprendiz: en busca de la arquitectura”, pero desde la editorial me dijeron que era mejor este título, para saber a simple vista el tema de que trata el libro. Así surgió “dejarse ser arquitecto”, que busca representar esa idea de cómo se llega a ser arquitecto y la manera en que la arquitectura nos envuelve y nos enseña no solo a construir, sino a ser.
El libro busca entender a la arquitectura más allá de las personas, pero también al arquitecto como el director de orquesta, el intermediario entre lo imaginario, la idea, y lo tangible, lo real. El encargado de materializar la arquitectura en un momento y en un lugar.
¿Cómo surge la idea de escribirlo y cómo se convierte en un libro?
Siempre me gustó escribir. Cuando empecé la carrera anotaba conceptos o inquietudes que se me venían a la cabeza, algunas surgían de clases, en charlas de arquitectos, libros, videos y demás. Siempre rescataba alguna idea interesante y la anotaba. Cuando terminé la carrera abrí ese Word y descubrí que esas notas sueltas eran en realidad el hilo conductor de mi propia formación. Había una coherencia que no había planeado, pero que estaba ahí. Así comencé a ordenarlo, a darle forma y estructura.
Por eso es un libro que nació sin la intención de serlo, nació de forma orgánica y, de alguna manera, fue el registro de mi transformación de estudiante a arquitecto.
¿Cuál fue el camino para llegar a su publicación?
Una vez que terminé de darle forma, entusiasmado con el resultado y muy ameno para leer, incluso para aquellos que no son arquitectos, mandé un mail a la librería CP67, para ver si les interesaba. Al otro día se comunicó conmigo el director editorial, Guillermo Kliczkowski y después fue todo muy rápido, a las dos semanas estábamos trabajando en la edición y diseño final.
El paso
La vida es tomar decisiones, todo el tiempo, para bien y para mal. Aún sin saberlo, siempre nuestro destino en nuestras manos. A Imanol le quedaba muy poco para terminar el profesorado de educación física pero sabía que recibirse marcaría su futuro laboral. Por eso, antes de llegar a ese punto y atendiendo una percepción que si bien no era muy clara era persistente, dejó el profesorado y empezó a estudiar arquitectura.
¿Cómo se dio ese proceso?
Fue muy difícil tomar la decisión, ya que me quedaba un año para recibirme. Sin embargo, desde que abrió la carrera arquitectura en Bahía Blanca me llamó mucho la atención. El mismo año que empecé con educación física también me anoté en la universidad, pero, en ese momento no me sentí capaz de afrontar una carrera universitaria.
En el segundo año del profesorado decido rendir el ingreso, lo que me permitió hacer una materia de arquitectura, historia del arte, e intenté hacer ambas carreras en paralelo, pero se me hacía muy difícil. Al finalizar ese año sentí que tenía que tomar una decisión, o recibirme de profesor o arrancar esa nueva carrera de la que sentía que tenía algo especial. Después de meditarlo mucho decidí probar, lo cual fue una de las decisiones más importantes de mi vida.
Todo fue parte de un proceso, no me arrepiento de no haber arrancado la carrera antes, todo lo contrario. Educación física me preparó y me dio la seguridad necesaria para continuar con lo que verdaderamente quería ser.
¿Enseguida descubriste que arquitectura era tu vocación?
Sí, casi de inmediato. Recuerdo estar en un aula armando una maqueta y mandarle una foto a mi familia diciéndoles que no podía creer que eso fuera estudiar, estaba haciendo lo que me gustaba.
Lo que me fascinó desde el primer día fue la capacidad de crear, de tomar una idea abstracta y traducirla al dibujo, que es, en definitiva, el idioma de la arquitectura.
Fue una etapa enriquecedora donde, además de lo académico, aprendí a trabajar en equipo, algo que siempre me había costado. Tuve la suerte de encontrar un grupo increíble con el que transité todo el camino. Y aunque hacia el final la ansiedad por recibirte es fuerte, hoy miro hacia atrás y extraño esos años, me doy cuenta de que fue un proceso que disfruté y aproveché al máximo.
En tu libro mencionas que la carrera te cambió la personalidad, que ser arquitecto es una forma de vida. ¿Qué implica eso?
Creo que la arquitectura va más allá de las personas. De alguna manera termina formando parte inseparable de uno. Es una disciplina que te permite ver las cosas desde otro lado, buscar la solución a cada problema que surge, en definitiva es eso: resolver problemas de la vida diaria.
La definición
Imanol tuvo desde que comenzó la carrera inquietud por encontrar la mejor definición de lo que significa la arquitectura. Escuchó a docentes, a arquitectos afamados, oyó conferencias, leyó libros. Su búsqueda sigue.
“Me resulta imposible quedarme con una sola definición porque la arquitectura es una disciplina inabarcable. Sin embargo, la que más me identifica es que “La arquitectura es el dominio del espacio bajo un concepto teórico y con un fin específico, dándole vida al tiempo”. Esta definición fue el punto de partida para desglosar cada término del libro y profundizar en el sentido real de nuestra profesión”, señala.
Entusiasmado con su libro, decidió enviarle el texto al arquitecto Alberto Campo Baeza, catedrático español, conferencista internacional, autor de decenas de libros, incluido “La idea construida”, traducido a numerosos idiomas.
“Tuve la suerte y el halago de que Campo Baeza lo leyera, y una de las cosas que me contestó fue la siguiente: “¡Claro que lo nuestro es más que un oficio! ¡Es la labor más hermosa del mundo! ¡Soñar y poder construir los sueños! ¡Soñad y os quedaréis cortos! Decía un buen amigo mío.”
A partir de esa respuesta, Imanol fue sumando ideas sobre la función del arquitecto.
“Esa frase de Campos Baeza resume mi idea de que el arquitecto crea momentos. No solo levanta muros, construye el escenario para que los sueños se materialicen, la arquitectura es el arte que nos envuelve, de alguna manera todos vivimos dentro de las ideas de los demás”.
Por último, también del intercambio con Baeza, resalta el rol de la luz al momento de proyectar.
“Campo Baeza menciona a la luz como el material más lujoso que tiene el arquitecto. Y tiene razón. Aunque parezca algo intangible, es un elemento sumamente moldeable si se usa correctamente. Es ese manejo lo que marca la diferencia en una vivienda, un arquitecto no solo distribuye paredes y espacios, sino que lo hace en relación a factores externos que influyen en la obra. Hacer arquitectura sin tener en cuenta la luz es como tocar la guitarra con una sola cuerda”.
Una mirada sobre Bahía Blanca
Quien estudia, quien aprende sobre determinada materia, con el tiempo, la suma de conocimientos va ampliando su visión del mundo. Imanol comenzó la carrera sin prestar a la ciudad más atención que la de cualquier ciudadano. Terminada la carrera, su mirada es distinta.
“Empecé a entender la ciudad como un conjunto, a comprender la relación invisible entre sus partes. Descubrí que el orden urbano no es perfecto, es como un organismo vivo, lleno de cicatrices y de soluciones improvisadas. En el libro hablo de cómo cambió mi percepción de la calle, del barrio, como dejaron de ser simples lugares de paso o direcciones en un mapa para convertirse en escenarios de convivencia. Eso me permitió entender la ciudad como un plano que no es estático y legible, sino un problema vivo que nos desafía constantemente, un lugar de nadie pero a su vez de todos”.
Más allá del cariño que siente por Bahía Blanca, Imanol la siente hoy con cierto desorden y falta de cuidado.
“Un desorden que no creo sea solamente por la falta de planificación, sino por la carencia de mantenimiento de la idea de “ciudad”. Es caminar y ver ese choque entre lo que fue y lo que nunca terminó de ser. Pero creo que como ciudad, Bahía Blanca tiene un potencial enorme”.
“La ciudad es el escenario de nuestra vida común. El paisaje urbano es lo que respiramos todos los días, influye en nuestro humor, en nuestra seguridad y también en cómo nos relacionamos con los demás. A veces la caminamos en modo automático, viendo, pero no percibiendo. En el libro invito a esa reflexión, tener una ciudad cuidada y pensada no es un lujo estético, es una necesidad del ser humano. Cuando aprendemos a “dejarnos ser” dentro de ese espacio, empezamos a exigir una arquitectura que nos respete y nos potencie. Entender la importancia de nuestro entorno es el primer paso para empezar a transformarlo”.
“A través de la arquitectura podemos además descifrar los modos de vida, pensamientos y las aspiraciones de quienes nos precedieron. Es algo que le da vida al tiempo, transformándose en un libro de historia tangible. Cuidar el patrimonio es entender ese un legado. No se trata de congelar la ciudad, sino de encontrar el punto medio entre la permanencia y el avance”.
Imanol es nieto de José Guardiola Plubins (1920-1996), quien fuera destacado periodista, historiador y escritor local, autor de varios libros de historia, cuentos y radioteatros.