Cuando encontró la “fórmula”, dejó el fútbol por la ciencia y hoy es una eminencia como químico e investigador
El doctor Diego Rayes, ex volante de Liniers y Pacífico, fue electo como presidente de la SAN (Sociedad Argentina de Investigación en Neurociencias). Orgullo bahiense y de la prestigiosa Universidad Nacional del Sur.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
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(Nota ampliada de la edición impresa)
Aunque nada sea como antes, a los 48 años todavía sigue insistiendo con el fútbol y corriendo atrás de una pelota, como que en la ciencia encontró la fórmula química para no envejecer.
“No te creas, a esta edad los dolores se multiplican en todo el cuerpo y es un tema cada vez más recurrente en los asados del equipo o en las cenas con amigos”, se atajó Diego Hernán Rayes, ex jugador de Liniers y Pacífico en la Liga del Sur y hoy despuntando el vicio en Médicos Veteranos de LIDA (Liga Interprofesional de Deporte Amateur).
“Aclará que el nivel es de veteranos para arriba, que el ritmo de juego es cada vez más lento y que si tenemos que marcar lo hacemos, mínimo, a un metro de distancia”, descomprimió riéndose de él mismo.
De movida me pone en aviso que no va a ver al “Chivo” en el torneo local, que hace rato que no concurre a una cancha de fútbol y que su tiempo lo reparte entre el básquet y el patín, actividades que practican sus hijos Octavio (18 años) y Alfonsina (11) en el club El Nacional.
Mientras agitaba cada vez más rápido la cuchara fría en el pocillo de café caliente, preguntó asombrado: “¿De qué se va a tratar la nota?, porque no estoy empapado de lo que sucede en la liga del Sur y menos que menos de la actualidad del fútbol nacional”.
En ese momento, sin que yo pueda intervenir, sus pensamientos corrieron más rápido que sus palabras: “Estoy en el grupo de Senior de Liniers, sé lo que pasa en el club, pero hasta ahí llega mi amor”.
Enseguida le cambié de asunto y lo felicité por haber sido elegido presidente de la SAN (Sociedad Argentina de Investigación en Neurociencias), cargo que ocupa desde el 4 de octubre de 2025 y que mantendrá hasta fines de 2027.
“Gracias, es un honor ser el tercer bahiense (antes habían ocupado ese prestigioso sitial la doctora Cecilia Bouzat, entre 2007 y 2009, y el doctor Francisco Barrantes, entre 1999 y 2001, dos destacados investigadores con vasta trayectoria internacional en el campo de las neurociencias) en llegar a un puesto tan distintivo y con semejante responsabilidad”, destacó este docente e investigador de la Universidad Nacional del Sur y el CONICET (desde 2008).
En 2021 se recibió de bioquímico en la UNS y en 2006, cuando consiguió el doctorado en bioquímica, le puso fin a su carrera deportiva.
“La mayor virtud que tuve como futbolista fue darme cuenta de cuales eran mis limitaciones. Mientras jugaba, podía estudiar e ir de un lado a otro porque todo me quedaba cerca, la Universidad, el club y mi casa, que estaba a 10 cuadras de la avenida Alem. Mi etapa de adolescente a adulto la viví de esa manera, hasta que los horarios se me empezaron a superponer y tuve que pensar seriamente en elegir, y te puedo asegurar que ese fue el momento más traumático de los que tuve que asumir en pleno crecimiento”, amplió el “Conejo”, como lo conocimos en el ambiente liguista.
“Además, por mis cualidades y mis condiciones, sabía perfectamente que solo me daba para jugar acá, que no estaba para soñar en grande. Una vez que me recibí y me otorgaron la beca del CONICET para llevar adelante el doctorado, el día a día se me hizo muy demandante, los tiempos entre los entrenamientos y el laboratorio empezaron a coincidir y llegó ese momento donde no pude manejar la situación”, contó el todavía volante central, surgido en la Polideportiva albinegra y casado con María José De Rosa.
“En 2001 dejé, pero por insistencia de mi amigo Rodrigo Pons, quien se había ido a Pacífico, volví en 2003 para defender la camiseta del verde de Bahía. Me quedaba bien porque entrenábamos de noche, aunque sabía que en algún momento la ciencia me iba a exigir más tiempo, a levantarme más temprano que lo habitual y a viajar bastante. Y así fue.
“Cuando llegó ese día, cuando ya no podía ir a practicar, no quise poner excusas ni ser una preocupación para el DT, así que decidí abandonar. Intenté seguir participando, pero me daba cuenta de que no estaba compitiendo”, resumió con un cierto gesto de nostalgia.
--Si lo intentabas, ¿hubieses llegado a subir algún escalón más en el plano del fútbol nacional?
--Me hubiese encantado convertirme en futbolista profesional, pero en mi cabeza tenía los limitantes lógicos de un pibe que no estaba decidido. Con Liniers participé en torneos regionales, pero me hubiese costado triunfar a otro nivel, es decir en una categoría superior.
“Compartí plantel con compañeros que llegaron a le elite de AFA, a los que tranquilamente podía emparejar en lo físico, que era mi fuerte porque corría bastante y era aplicado tácticamente, aunque cuando me comparaba con ellos me daba cuenta que tenía un montón de falencias en lo táctico. En ese aspecto siempre fui consciente que había un techo y que estaba cerca de mi cabeza”.
--¿De qué te arrepentís?
--De nada. Jugué donde podía y llegué hasta donde me dio. Jamás me retumbó en la cabeza la duda de “¿podría haber llegado?”. Tuve muy buenas temporadas, pero mis ilusiones empezaban y terminaban en la Liga del Sur.
--A los 14 años te fuiste a probar a Ferro, ¿que pasó?
--Fuimos con Nicolás Zengarini y Mauricio Del Cero, y solo Nico quedó de una. A mi y a Mauri nos avisaron que teníamos que volver más adelante, que nos iban a avisar, pero quedó todo en la nada. Todavía sigo esperando ese llamado de Ferro, ja, ja...
--Creo que fue en ese momento cuando Néstor Herrero me comentó: “¿Rayes?, un crack, lástima que no tenga la mente puesta en el fútbol”.
--No sé si pintaba para tanto, mi mayor virtud era saber qué podía hacer y qué no dentro de un campo de juego. El fútbol siempre me atrapó, pero la luz a seguir para desarrollarme como profesional la vi en la ciencia, que me apasiona tanto como el deporte. En ese momento percibí eso, y después de haber tomado la decisión sigo creyendo que no me equivoqué.
“No tardé demasiado en cambiar el chip, en tomar al fútbol como un hobby y considerarlo el mejor cable a tierra para compartir con amigos y compañeros de trabajo”.
Frené el diálogo de golpe porque me acordé de las fotos, de pedirle alguna de su álbum personal para ilustrar la nota. Me miró fijo y su ocurrente respuesta rompió con la formalidad de un mano a mano que se había abstraído por completo del ambiente furioso de gente que charlaba a velocidades inusuales en el full de la estación de servicio.
“¿Fotos mías? No voy ni vas a encontrar ninguna gritando un gol, eso seguro”.
--Tenés razón: 135 partidos y ¡0 goles!. Jugabas bien, pero lejos del arco...
--Ja, ja... No sé si jugaba bien, pero lejos del arco siempre. A lo Eber Ludueña te puedo contar la vez que estuve cerca, cuando pegué un tiro en el palo en cancha de Sporting. Silvio Mosegui me tiró un centro perfecto al pie, giré en la puerta del área chica y le di con alma y vida, pero crucé mucho el remate y rebotó en uno de los verticales del arco. Fue un domingo a la mañana, estaba feo, a punto de llover, pero el más nublado de todos era yo...(risas).
“Lo raro es que en inferiores llegaba mucho a posición de gol y anotaba seguido, pero después no sé que sucedió; tal vez caí en la trampa del miedo escénico y no me di cuenta...(risas). Todavía me siguen gastando, y ahora cuando lean la nota, va a ser mucho peor. La hago fácil, te los mando a tu casa, je, je”.
--Es más, tenés en tu haber más tarjetas rojas que goles.
--Sí, aunque no era de pegar ni mal intencionado, pero protestaba bastante. La primera expulsión fue por doble amarilla jugando para Liniers, en cancha de Villa Mitre, que en ese entonces, a mediados de la década del 90, tenía un equipazo.
“La segunda, en el estadio de Liniers y en un clásico contra Olimpo, fue insufrible e injusta. Me la mostró el árbitro Alejandro Pérez, pero le dije en la cara que no me iba a ir. Intenté quedarme en el banco, pero el partido no se reanudó hasta que yo no me retiré por el túnel. Insulté a medio mundo, pero me invitaron a irme entre propios, extraños y policías”.
--Hablando de la ley...
--Uhhh, sí, una vez, por el fútbol, estuve una noche preso. Fue el domingo 16 de noviembre de 2003, defendiendo los colores de Pacífico, en la final por el ascenso frente a La Armonía. El partido terminó 5-2 a favor de ellos, pero el escándalo del final fue inolvidable, sobre todo para nosotros, porque todo el equipo terminó detenido en la comisaría cuarta.
--¿Qué hiciste para que te lleven en el camión celular de la policía?
--Ahhh, te acordás... Nada, cuando se armó el lío yo estaba en el vestuario, había salido por un desgarro y no podía ni caminar. Al regresar a la cancha me agarró la policía y ¡adentro!. Ese mismo día, a la noche, me tenía que ir a un congreso de bioquímica en Bariloche, pero recién pude viajar el lunes. Encima, cuando llegué, todos se habían enterado de la noticia. ¡Qué vergüenza!
“La bronca no había sido con los chicos de La Armonía, fue Pacífico contra los efectivos policiales, que sin mediar palabras, se llevaron detenidos a todos los jugadores del verde que habían firmado planilla. Más allá del dramatismo, la impotencia por la derrota y de la incertidumbre de no saber cuando nos iban a liberar, la pasamos bien y a pura risa en el calabozo junto a algunos integrantes de la hinchada y auxiliares del club”.
--¿Qué tipo de volante central eras?
--Ordenado, simple y con despliegue físico; no hacía lo que no sabía. Tenía criterio para distribuir la pelota y nunca perdía el orden. Hoy, Luis Díaz, el DT de Médicos, se empecina en ponerme de 5, pero no quiero correr más, le pido jugar de 2, de último hombre. Me vengo lesionando seguido, por eso estoy yendo poco.
La crisis, los cuestionamientos y la mar en coche
Rayes, que permanecerá como presidente de la SAN durante los próximos dos años, reconoció que “es un orgullo muy grande afrontar este cargo y a la vez un reto muy importante porque es una institución que en los últimos años ha crecido muchísimo”.
“Más allá del valor a nivel personal, esta nominación realza el valor de la UNS y del departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia, al cual pertenezco y pertenecen varios de mis colegas que me dieron su voto de confianza. También cobra relevancia por el CONICET si nos enfocamos en el significado atildado de la neurociencia en el plano nacional e internacional”, afirmó el más chico de una dinastía futbolera que empezó con su padre (Héctor Osvaldo) y continuó en sus tíos (Jorge y Daniel), todos con un pasado marcado a fuego en la Liga del Sur.
“En un momento tan difícil para la ciencia, mantener el entusiasmo de los jóvenes por la investigación y realizar eventos científicos es todo un desafío”, agregó este hincha de Independiente de Avellaneda, campeón local con Liniers en 1996 y 1997 y que sólo tuvo un paso fugaz por el fútbol zonal: Automoto de Tornquist en 1999.
--Esta nueva función que ya estás desarrollando, ¿implica que tengas que viajar más y estar menos tiempo en nuestra ciudad?
--La función general y específica del científico es estar en los congresos y especializaciones. Más allá de eso, debo admitir que una de las consecuencias positivas que dejó la pandemia del coronavirus fue el contacto virtual, las reuniones por zoom y las videollamadas. De esa manera se acortan mucho los tiempos y los kilómetros, situación que hace 10 o 15 años era imposible de pensar o intentar llevar a cabo.
“Viajo mucho a Buenos Aires, aunque la estructura de la SAN es bastante horizontal, no siempre requiere de la presencia del líder principal y las decisiones, en su mayoría, son consensuadas y definidas por el mismo grupo de trabajo. Sí es importante resaltar que la Sociedad de Neurociencia es de las más activas y numerosas del ambiente científico nacional”.
La SAN cuenta con 800 socios en todo el país (de universidades e institutos nacionales), un importante número basado en la ampliación de los estudios en neurociencias que se ha visto en los últimos años en Argentina. Según Rayes “su organización es muy horizontal, se le da mucha voz a los jóvenes y hay comisiones armadas que mantienen muy viva a la organización”.
“Esto es diferente a la mayoría de las demás instituciones científicas, somos un ente organizado y sin arbitrariedades”, acotó el investigador independiente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB), donde dirige el Laboratorio de Neurobiología molecular de Invertebrados.
Además de las actividades para promover el interés de los jóvenes por la ciencia, el profesional expresó que otro objetivo es seguir posicionando a la SAN como referente nacional en las neurociencias, en un contexto donde hay muchos discursos basados en supuestos no científicos, ampliar la base de actividades para los investigadores más jóvenes y continuar la vinculación internacional.
“Estamos en un tiempo donde globalmente se cuestiona a la ciencia y a la necesidad de financiar la investigación científica. Quienes colaboramos con grupos e instituciones extranjeras lo vemos también en otros países, y allí hay uno de los principales desafíos para trabajar: mostrar a la sociedad que la ciencia sirve, que mejora la vida de las personas y que son necesarias políticas públicas para sostenerla”, expresó el “Doc”.
--La ciencia y el fútbol, ¿son compatibles?
--No se llevan mal. Existen cada vez más especialistas en neurociencia que se vuelcan a un tema muy candente en la sociedad y en el deporte: la toma de decisiones. En ese sentido hay un punto de contacto, un ejercicio cada vez más activo y recurrente sobre lo que tengo que hacer ante ese famoso “no me animo”.
Antes de pasar a la anécdota, aconsejó: “La opinión de la sociedad sobre la ciencia sigue siendo positiva más allá de los microclimas que surgen en las redes sociales. En esos ámbitos muchas veces aparece la difusión de teorías conspirativas, que van de la mano de los movimientos antivacunas que hacen reaparecer enfermedades ya erradicadas”.
“El rol de los científicos deberá tener en cuenta ser más efectivos en el combate de estas ideas en las redes sociales, siendo un espacio que no siempre nos queda cómodos al no tener el tiempo para argumentar. Aún así, debemos adaptarnos para combatir ideas que terminan siendo graves al tener estas consecuencias”.
El día que salvó a un periodista
“No recuerdo el año, pero si el partido. Fue ante Libertad, en cancha de Pacífico, triunfo nuestro 1-0 con gol de Martín Juanes (ya fallecido). Cuando subo del túnel y voy a entrar al vestuario, un periodista me llama rápido para una nota, me avisa que está en vivo para su medio y me hace distintas preguntas sobre lo que había sido el trámite de un encuentro feo y enredado.
“En un momento me pide que le cuente el gol, y ahí me di cuenta que se había equivocado, que creía que yo era Juanes, y como él estaba compenetrado en el reportaje, le seguí la corriente. Le di detalles de la conquista pese a que yo, en todo el cotejo, jamás había pisado el área contraria. Conté el gol en primera persona, serio y con gestos de todo tipo, aunque después comenté frente a mis compañeros lo que había sucedido y me dieron con todo. Un cara dura total”.
La compu de "Cocho"