A los 14 años correteaba y jugaba solo en el Carminatti y hoy es figura en Independiente Rivadavia
“Alejo, vamos, hace dos horas que estás pateando”, le decía Diego Osella, cuando era DT del aurinegro en Primera, a su hijo, el goleador inesperado de la Lepra mendocina.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
A los 14 (y también a los 15) años correteba en el Carminatti y hou es el goleador inesperado de Independiente Rivadavia
En Independiente Rivadavia se ilusionan con un goleador inesperado, un lateral-volante que llegó a préstamo desde Deportivo Armenio y que se convirtió en uno de los sostenes esenciales en la estructura colectiva de la Lepra mendocina.
Alejo Osella nació el 30 de septiembre de 2000 en Acebal, un pueblito al sur de Rosario donde el automovilismo y el fútbol miden el mismo grado de pasión entre sus casi 6.000 habitantes. Incluso, su abuelo Mario era amante de los fierros, aunque su papá, Diego Mario Francisco, y su tío Javier le inculcaron que la adoración por la pelota debía ser incondicional.
De central como su “viejo”, transitó por las inferiores de Newell’s y Colón, hasta debutar en Primera con los colores de Central Córdoba de Santiago del Estero, en 2022. En la temporada siguiente tuvo un paso fugaz por Sportivo Rivadavia (Venado Tuerto) y en 2024 arribó a Armenio, donde hizo un buen campeonato, según él “perfeccionando la técnica” ya jugando por la banda, lo que le dio crédito para ser fichado por Independiente Rivadavia, donde hoy es figura.
Justamente al momento de su equipo, que mira a todos desde arriba en la tabla de la Zona A de la Liga Profesional --con 15 puntos sobre 18 disputados--, se refirió Alejo: "Firmábamos este arranque a ojos cerrados. Ahora queremos más y vamos a ir por eso".
Independiente Rivadavia fue campeón de la Copa Argentina 2025 y el defensor acebalense afirmó: “El primer título del club en su historia profesional y el primero en mi carrera; feliz por todo lo que se vivió y porque lo pude compartir con mi familia en la cancha”.
En la foto con los suyos está papá Diego (sus otros hijos son Thiago y Mora), y el recuerdo que me surge es inmediato: “Alejo, nos tenemos que ir, dale, ponete las zapatillas y trae las pelotas para acá”, le gritaba el padre al hijo cuando la práctica del plantel de Olimpo había terminado, el estadio Carminatti entraba en penumbras y el pibe seguía pateando penales en el arco que da a calle Chile.
Alejo tenía 14 años y solo venía a nuestra ciudad cuando en la sexta de Newell’s le daban unos días libres para viajar a donde estaba su papá, que asumió como orientador del aurinegro el 21 de abril de 2015 y se fue, por decisión propia (y un llamado al que no le pudo decir que no, justamente de Ñuls), el 16 de febrero de 2016.
En ese lapso dirigió 27 encuentros (20 por el campeonato oficial 2015, 3 por la liguilla pre-Copa Sudamericana y 4 por el torneo 2016): 9 triunfos, 7 empates y 11 derrotas (41,98% de los puntos en juego).
“Mi salida de Olimpo fue desprolija”, manifestó en aquel momento, tras la cuarta caída consecutiva del olimpiense en una temporada que después, al mando de Cristian Díaz (reemplazó a Osella), terminó siendo desastrosa.
Igual, me quedo con una frase de aquel Alejito, flaquito, rubio, de movimientos acelerados y de poco hablar, pero que como todo pibe, mantenía los sueños dando vueltas por su cabeza: “Juego de defensor como mi papá, quiero llegar a Primera y si es posible ser campeón”.
Ya lo cumplió, aunque atraviesa su mejor momento como futbolista y va por más. Porque como dice él: “Lo mejor está por venir”.