El “Jefe”, bajo la lupa de su propio cuerpo técnico. ¿Está loco o se hace?
Por Sergio Daniel Peyssé / [email protected]
Te lo puedo asegurar: o ves el partido o le prestás atención al show de Diego Osella. Querer enfocarte en ambas a la vez es imposible porque necesitás más de dos ojos. Son dos espectáculos aparte, y en muchas ocasiones, el partido que el hoy DT de Olimpo juega fuera del campo de juego, es más atrapante que el que se está disputando adentro.
Partamos de la base de que Diego Mario Francisco Osella no es un entrenador de fútbol convencional o “estándar”. No es mediático, no se viste con traje y su mente “pueblerina” dista mucho del técnico que marca distancias hasta con su propia sombra.
A simple vista se nota que es un hombre de bien, que su existencia rige de una escala de valores que creció junto a él y que la palabra tiene tanto valor como su vida. Aunque su tranquilidad, su mesura para el diálogo y su sencillez tienen un límite: el ingreso a la cancha. Ahí salta, grita, corre, se exaspera, tira mil insultos al aire, se agita... Es extremadamente obsesivo de su trabajo. Y por ser efusivo, puntilloso, detallista, enérgico, temperamental y motivador, algunos, como en Santa Fe, donde lo conocen y mucho (jugó en Newell's y dirigió a Colón), dicen que está “loco”.
Hoy, la nota no la da él. Los que se refirieron a él son los integrantes de su cuerpo técnico, empezando por su hermano Javier, su ayudante de campo, quien lo acompaña desde 2006, con un impasse de cuatro años (entre 2012 y 2015), cuando el más chico de los Osella dirigió a La Emilia de San Nicolás y Rivadavia de Venado Tuerto.
"Somos como carne y uña. Es mi hermano y mi amigo al mismo tiempo. Esta profesión nos hizo unir aún más, porque nos vemos las caras todos los días. Como técnico, es el mejor del país. Adquiere una gran confianza con el jugador y tácticamente no se le escapa ningún detalle. Es aplicado, coherente, honesto y confía cien por ciento en el trabajo", señaló Javier.
--¿Cuando se vuelve "loco", cuando se pasa de la raya, ¿sos el que lo tiene que ir a frenar?
--Diego conoce los límites. Nacimos con el mismo ADN. Somos criados así, y tenemos la misma forma de ser y de dirigir. Tal vez soy menos efusivo. Y no lo tengo que calmar porque no se desubica nunca.
--El padre de ustedes (Mario), ¿era así?
--A nuestro padre no le gustaba el fútbol; era fierrero. El "viejo" nos inculcó lo que somos, porque tanto Diego como yo somos sinceros y no nos guardamos nada. Diego es lo que ves, ni más ni menos que eso".
El otro brazo: Giuliano Lauri es el otro ayudante de campo de Diego Osella, aunque también es el editor de videos y el que más espía a los rivales.
"Vive el fútbol a diez mil, y lo expresa a la misma velocidad. Es sencillo, humilde y siempre está dispuesto a arreglar todo con palabras. Es un ser muy especial, y es un gusto trabajar con él", admitió Lauri, quien lleva tres años junto a Diego.
Seba, a gusto: "Con nosotros es muy tranquilo. A veces se le pelan los cables, pero no hace nada fuera de lugar. Es eufórico, un apasionado. Tiene un montón de virtudes, como saber leer los partidos y entender enseguida que es lo que hay que hacer. ¿Lo malo? A veces dice lo primero que le viene a la cabeza y lo larga rápido sin medir las consecuencias. Es así, y no va a cambiar", expresó el Profe Sebastián Morelli, "ligado" al DT desde 2009.
El otro Profe: "Es un apasionado de lo que hace y lo transmite a su manera. Tiene un estilo propio, no copia a nadie y es así por naturaleza. ¿Lo bueno? Como transmite los conceptos y como ordena al equipo tácticamente. ¿Lo malo? Corta cadena rápido protestando fallos innecesarios", indicó el saldungarense Marcos Galeano.
Más halagos: "Es un apersona sencilla y simple. Respeta mi trabajo y me da libertad para hacer y deshacer. Si está loco es de pasión; él un poco más que todos nosotros", fue la definición del entrenador de arqueros, Santiago Piccinini, quien lo sigue desde hace tres años.