Bahía Blanca | Sabado, 10 de enero

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Argentina no atrae a suficientes turistas extranjeros: ¿qué está pasando?

Con los días de calor comienza la letanía del turismo. Los argentinos se van a veranear al exterior y gastan los dólares que no hay en las reservas.

No es para menos. Según el balance cambiario del Banco Central, el gasto con tarjeta de argentinos en el exterior fue de US$ 6.000 millones en el 2022, US$ 7.000 millones en el 2023, US$ 7.500 en el 2024 y en el 2025, sin contar diciembre, ya está en US$ 10.000 millones. Este último monto es lo que los analistas económicos calculan que deberían crecer las reservas por año.

Esto lleva a correr el riesgo de las ideas alocadas que ya se practicaron en la Argentina. 

La más tradicional es la devaluación. Se pone el dólar más caro entonces mucha gente ya no puede ir a pasear al exterior, así que a veranear a la costa argentina. En rigor, esto es tiro en los pies porque para que una devaluación desaliente a la gente a irse al exterior tiene que ser potente.

 

Lo que causaría un nuevo golpe inflacionario llevando al dólar al mismo nivel que lleva la gente al exterior.

Después está la idea de cobrar impuestos a los que gastan dólares con tarjeta en el exterior. Lo que pasa por alto esta idea es que el impuesto no es al gasto en dólares sino al uso de la tarjeta. Con lo cual la gente seguirá yendo al exterior solo que pagando en efectivo.

En el exterior los argentinos ya son famosos por andar pagando todo en dólares crocantes cabeza grande, aunque también es cierto que en mercados como Brasil, y varios países de Lationamérica, la moneda de cambio hoy es favorable a nuestros bolsillos.

Se come barato y se compra barato, especialmente en el rubro vestimenta.

 

Según datos del Indec sobre turismo (gente que pernocta), para el período enero-diciembre 2025, se observa que:

* Brasileros entraron 1 millón, pero argentinos a Brasil se fueron 3 millones.

* Chilenos vinieron 650.000, pero argentinos a Chile se fueron 2 millones.

* Uruguayos cruzaron 700.000, pero argentinos cruzaron 1 millón y medio.

Las evidencias parecerían estar diciendo que lo que le está pasando a Argentina, no es que a los argentinos les gusta turistear mucho afuera, sino que a los vecinos les interesa poco turistearen Argentina. Raro, porque si hay algo que enorgullece a los argentinos es la diversidad de sus bellezas naturales, desde Humahuaca a Ushuaia, desde Calafate a las Cataratas, desde Mendoza a Buenos Aires.

 

¿Qué está pasando?

Que la Argentina tiene una horrible competitividad internacional. El turismo es el ejemplo más ilustrativo de cómo la falta de competitividad hace desaprovechar la potencialidad.

Todas las bellezas naturales argentinas están esperando a los turistas. Pero resulta que hay pocos vuelos al interior; la aerolínea de bandera que es la que más vuelos tiene es cara; los vuelos low cost son pocos y de baja confiabilidad; son frecuentes los problemas de demoras en aeropuertos por conflictos laborales; no hay transporte público de calidad desde los aeropuertos a las ciudades por lo que los viajeros quedan a merced de servicios particulares monopólicos.

Encima, las rutas están muy deterioradas por la falta de mantenimiento; los precios de los bienes y servicios domésticos son más elevados que en los países vecinos, entre otras razones, por la distorsiva presión impositiva de los impuestos nacionales, provinciales y municipales.

Y, para colmo, los impuestos distorsivos no pueden ser reembolsados al turista, como sí puede hacerse con el IVA, por ejemplo. 

Todas estas limitaciones no se compensan con un dólar más alto. Porque no se trata solo de precios sino de baja calidad de los servicios locales que termina desalentando al turismo internacional.

Cuando la infraestructura de transporte es decrépita, las regulaciones fomentan los monopolios y los conflictos laborales y los malos impuestos elevan los precios domésticos ya no hay devaluación que compense.

Por eso, el problema no son los argentinos que gastan dólares en el exterior. El problema es la baja competitividad para atraer más turismo internacional a la Argentina y así tener más dólares para viajar mucho más todavía al exterior. (Fuente: El Economista).