Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

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Después de la tragedia, el repicar de los bocinazos

En medio de la catástrofe del pasado viernes 7, la solidaridad del país hacia la ciudad marca una página maravillosa.

En la edad media las catedrales –tanto románicas como góticas—tenían torres destinadas a las campanas, las cuales desempeñaban un papel importante para la comunidad.

Su tañido servía para convocar a los fieles a ceremonias religiosas, medían el tiempo con toques que señalaban las horas ó alertaban sobre posibles peligros.

También se las escuchaba cuando había alguna festividad, una buena noticia o el fallecimiento de algún vecino.

Hay distintas maneras de hacer sonar las campanas, de acuerdo a si el hecho que se anuncia es festivo o es fúnebre. En el primer caso se utiliza un repique, un ritmo alegre y rápido, utilizando varias de forma simultánea o alternada.

Esto se conoce como "echarlas al vuelo", hacerlas sonar  de manera entusiasta, en señal de celebración o por una buena noticia. ​

Cuando lo que se anuncia es malo, el toque es distinto: lento y pausado, alternando entre tonos graves y agudos. ​

En este caso se dicen que las campanas “doblan”, "doblar", en este contexto, significa 'tocar a muerto', están sonando en señal de duelo. ​

En nuestros tiempos las formas de comunicar acontecimientos importantes siguen otros caminos, generalmente grandes cartelones en las pantallas de TV o repentinas irrupciones en las radios.

Campanas y sirenas han dejado de ser los referentes, por falta de dichos elementos y porque el ruido urbano impediría escucharlas.

Sin embargo, luego de las inundaciones del pasado 7 de junio, donde el drama y la tristeza se adueñaron de nuestra ciudad, hubo dos tipos de manifestaciones que se alinearon con el suceso.

Por un lado, el silencio del día después. Caminar las calles era encontrar un paisaje desolador, la gente sacando sus cosas a las calles, luchando contra el barro, tratando de entender que había pasado. Eso se manifestó con un silencio ensordecedor. Se hacía y no se hablaba.

Con el paso de los días la ciudad comenzó a llenarse de un sonido distinto, el repique de las bocinas de cientos de camiones que, desde todo el país, llegaban con ayuda para los afectados.

Cada uno anunciaba de esa manera la buena noticia. La ayuda, la solidaridad, el amor. El silencio llamó a duelo, los bocinazos echaron a vuelo.