Confeccionan ropa interior femenina para donar
En un taller del barrio Pedro Pico donde se enseña a coser, se armó una especie de búnker para elaborar una de las prendas que más se necesitan tras esta catástrofe.
Las devastadoras inundaciones que recientemente afectaron a Bahía Blanca dejaron un panorama desolador: hogares destruidos, familias evacuadas y una pérdida generalizada de pertenencias esenciales.
En medio de esta crisis, la solidaridad se alzó como un pilar clave para la recuperación. Entre las diversas acciones solidarias que surgieron, se destaca una iniciativa particular que pone de manifiesto el poder del compromiso humano: la confección de bombachas para las mujeres afectadas por el desastre.
Daiana Vargas, impulsora de este proyecto, se puso al frente esta iniciativa que combina habilidad, creatividad y un profundo sentido de empatía.
"El domingo, después de la inundaciones, volví a mi taller en Pedro Pico al 300 y encontré el peor panorama. El agua había había entrado por todos lados: tuve que tirar todos los insumos, las telas, años de moldes, libros. Las máquinas sí se salvaron, se mojaron los pies y eso tenía solución, una sola quedó bajo el agua y mi vecino la arregló. Viendo cómo podía ayudar traté de poner mi local a punto y empecé a mandar mensajes para saber el estado de mis alumnas, especialmente las de Cerri", contó Daiana que es diseñadora de indumentaria y hace 10 años enseña a coser en formación profesional y en su taller, llamado Instituto Imagen.
Después de esta tragedia, y al conocer especialmente la historia de una de sus alumnas de la vecina localidad que llorando le dijo que "no tenía ropa interior para ponerse", Daiana sintió un llamado muy fuerte a hacer algo útil. Con esta visión en mente, convocó a su comunidad y rápidamente reunió un equipo de más de 50 voluntarios.
Este proyecto -cuenta- no solo aborda una necesidad práctica, sino que también ofrece un espacio para sanar y reflexionar. Algunos participan con experiencia previa en costura, mientras que otros aprenden por primera vez con el único objetivo de ayudar.
"Le escribí a mis compañeras del taller, alumnas, a una proveedora y con lo que teníamos empezamos a tender redes. No tenía nada, ni muebles, solo las máquinas y por suerte, tenía luz. A través de Instagram hice una publicación muy sencilla en donde pedía elásticos, telas y manos para coser. Mi propuesta inicial era hacer unas 40 bombachas para mi alumna, su hija y sus vecinas, pero después con la cantidad de gente que vino a donar su tiempo, pensé en que podíamos llegar a las dos mil bombachas. Ese mismo día, con retazos y la gente que llegaba de todos lados, hicimos 226 bombachas, desde el talle 2 hasta el XXXL y al día de hoy llevamos unas 1400".
Daiana asegura que de un viernes al otro la mirada fue totalmente distinta: "un viernes fue lluvioso y trágico y al otro viernes estábamos tratando de combinar los colores de las telas, que quedaran bonitos, siempre pensando en la persona que reciba algo limpio, seco, con perfume, algo pensado para ellas".
"Solamente hicimos bombachas por una cuestión de logística y además, porque primeramente mi inspiración fue mi alumna y su hija y porque el bóxer lleva mucho más detalles. Después se acercó una ginecóloga a traer telas y me dijo que la propuesta era muy importante especialmente para las nenas porque tienen más probabilidad de sufrir infecciones al estar mojadas y me quedé tranquila de que estábamos haciendo las cosas bien. También porque también me escribió mucha gente para preguntarme por qué no hacíamos bóxers y discriminábamos a los varones".
La solidaridad y las donaciones son maravillosas, pero Daiana asegura que pocos piensan en algo tan necesario como la ropa interior.
"Para mí, cada bombacha que hacemos es una historia de conexión. Nos enfocamos en esas prendas porque sabemos que son una necesidad que pasa desapercibida, pero que puede marcar una gran diferencia en la vida de una persona como nos contaba mi alumna. Nos han escrito instituciones y gente particular y el próximo pedido será para Villa Caracol. Mandamos 450 a General Cerri, 50 a White y otros tanto, las entregamos de manera directa a algunas particulares y a una asistente social y las entregamos en paquete de a dos, porque una nos parecía poco. Ahora estamos esperando un envío de una lencería de Buenos Aires que nos mandan las bombachas ya cortadas, listas para coser. No solo queremos cubrir una necesidad; queremos que estas mujeres sientan que son respetadas y valoradas. Cada puntada lleva un mensaje de amor y solidaridad,” cerró Daiana.