Bahía Blanca | Jueves, 26 de marzo

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"Querido Museo": la valiosa obra que escribió y donó Silvia Iturrios en Puan

“No hay nada más lindo que indagar en el pasado propio para tener un norte”, dijo la autora del libro en el que registró hechos, nombres y situaciones que dieron origen y continuidad al Museo Ignacio Balvidares. Es de acceso gratuito por código QR.

Silvia Iturrios en la presentación de su libro "Querido Museo"

Con el afán de que la historia del Museo Municipal Ignacio Balvidares, los hechos, nombres y situaciones que le dieron origen y continuidad, no quede en el olvido es que Silvia Iturrios, quien lleva 40 años vinculada a la entidad, primero como directora y en la actualidad como colaboradora, publicó y presentó el libro “Querido Museo” que ya está disponible de forma gratuita a través de la lectura de un código QR.

Silvia nació en Bahía Blanca pero pasó los primeros años de su infancia junto a su familia en Goyena y luego en Puan, de donde era oriunda Nelly, su madre. Por ello siente a Puan como “su primer lugar”.

Estas raíces y su profunda pasión y entusiasmo por la enseñanza, el arte y la historia, áreas en las que se especializó, la llevaron a ocupar el cargo de directora del Museo, con una misión que considera cumplida: desmitificar que el museo era aburrido.

La coordinadora de Cultura, técnica Jorgelina Walter (izq), la autora Silvia Iturrios, ex directora del MIB y la directora actual, profesora Florencia Roubellac.

“Fue el mayor desafío de esta época brillante”, señaló, respecto a la tarea que emprendió teniendo como fuente de consulta a dos personas con destacada trayectoria en el rubro: Ema Vila del Museo Histórico de Bahía Blanca y Reynaldo Merlino, quien intervino en el Museo del Puerto, FerroWhite y el Galpón Enciclopédico de Bella Vista.

Así logró Silvia, en su gestión, ir desarrollando una mirada más lúdica y horizontal sobre este espacio con el objetivo de acercar cada vez más a la comunidad y de brindarle un rol activo en la construcción y preservación del patrimonio. 

“Escribí este libro porque soy una convencida que no se puede querer ni valorar lo que no se conoce”, dijo la autora consultada por La Nueva sobre su motivación a lanzarse a una tarea que le llevó unos 5 años entre la investigación, jerarquización de la información, redacción y posterior publicación.

La obra pone de relieve la importancia del MIB para la comunidad al destacar el gran esfuerzo realizado por aquellos primeros grupos de vecinos inspirados en el gesto de don Ignacio Balvidares, el vecino que donó su preciada colección privada gauchesca al Municipio, para compartirla y preservarla aún cuando él ya no estuviera presente.

Objetos donados por el vecino Ignacio Balidares, quien con su gesto fue el motor de la fundación del MIB.

Silvia comentó que en el libro destacó el aporte invaluable de la Asociación Amigos del Museo y la comunidad toda, desde el visitante hasta las instituciones intermedias y que en todos estos años múltiples anécdotas reflejan el espíritu de un trabajo que fue gradual y colectivo.

“Subrayo la camaradería entre los amigos, los divertidos festejos de cumpleaños, el montaje de muestras grandiosas con mate o picadas, donde todos éramos uno”, recordó y agregó que “no hay nada más lindo que indagar en el propio pasado para tener un norte”.

Tal era su pasión y entusiasmo por el Museo que por muchos años trabajó ad honorem con el solo fin de ver que su trabajo daba frutos: la gente se acercaba los fines de semana al Museo a recorrer la sala temporaria que bimestralmente presentaba algo distinto e interactivo.

“Quizás hoy la gente opta por ver series en diferentes plataformas y ese sea el mayor desafío actual para el MIB. Nosotros no tuvimos que competir con eso”, señaló.

 “Durante la década del 90 el MIB fue la propuesta cultural constante de la zona y eso nos llenó de orgullo. Reúne un retazo de nuestra historia en todos sus aspectos”, añadió.

“Querido Museo” tiene 113 páginas en las que se abordan los primeros pasos del MIB, la inauguración 8 de diciembre de 1973, su encajonamiento en la época de la dictadura, las primeras gestiones para su rescate y su reapertura, en 1985.

También brinda información sobre su reubicación definitiva, su cuarto siglo de vida, sus acciones y ampliaciones y la diversidad de salas que se fueron conformando en estos años como la Sala de Arqueología y Paleontología Dr. Francisco Yannarella y Néstor Baglioni y el Archivo y Hemeroteca César Michelutti.

Ignacio Balvidares.

Además, la autora mencionó su vinculación con la tecnología, con el diseño de una página web propia y el aporte de sus colaboradores permanentes, comisiones y subcomisiones que se fueron sumando en estos más de 50 años de su nacimiento.

La obra presenta un link a un anexo del archivo fotográfico y datos de la autora, quien entre otras cosas ejerció como maestra y luego como directora de primaria y jardín en el Instituto María Susana.

Además es profesora de dibujo y pintura, Técnica en Museo, narradora, facilitadora de arteterapia e integrante de la Organización del XXI Encuentro Argentino de Enfoque Centrado en la Persona con sede en Patagonia. 

Formó parte durante muchos años de la Asociación de Directores de Museos de la República Argentina (ADIMRA). Todos los caminos por los que anduvo, sus formaciones y las experiencias vividas en cada uno de los lugares de los que fue parte, le permitieron encontrar a Silvia, su propósito de vida: estar plena en el servicio y entregar este regalo sin costo para toda la comunidad.

La presentación del libro en Puan fue el pasado 10 de diciembre, en el  en el contexto del 51º aniversario de la creación del MIB y del Día Nacional del Tango, en el espacio cultural El Mercado y contó con la presencia de autoridades municipales, representantes de instituciones intermedias, amigos del MIB y público en general.

Una muestra de compromiso. “En la puerta del museo estaba a disposición mi número telefónico, por lo que si algún visitante llegaba fuera de los horarios de visita, tenía la posibilidad de solicitarme una visita guiada; incluso, a través del nexo con restaurantes y kioscos de la ciudad, donde quedaban a disposición mis datos para que los turistas pudieran ponerse en contacto conmigo. Los horarios eran muy diversos: tres de la tarde en pleno verano, por ejemplo ¡Cuánta paciencia departe de mi familia!” (Silvia Iturrios).