El secundario, ese lugar
Una adecuación más para una etapa que exige ser mejorada.
El gobierno provincial planteó la necesidad de adecuar el sistema educativo. Una vez más en al menos las últimos tres décadas se plantea una reforma para una etapa clave de la vida como es la que abarca el nivel del Secundario.
La principal idea que se conoce tendría vigencia a partir de 2025 y es que ya no repetirá aquel alumno que desapruebe tres materias, sino que deberá recursar las mismas mientras pasa al nuevo año.
Es decir que en aquellas asignaturas donde el desempeño ha sido el adecuado se darán por aprobadas, del mismo modo que ocurre en el ámbito universitario.
Por supuesto que hoy la propuesta está débil de papeles en cuanto a la manera precisa en que se aplicará. Estos es, cómo se recursarán esas materias, en que tiempos, si habrá correlatividades.
“Además, habrá un nuevo régimen académico y nuevos diseños curriculares”, se indica a manera de complemento cuando en rigor esos cambios debieran ser el centro de cualquier modificación que se haga.
La iniciativa adoptará propuestas planteadas por docentes, estudiantes, directoras y directores de escuelas y recuperará “experiencias ya implementadas” en otros países.
Si bien es clave que quienes están en el tema hagan las sugerencias, sin dudas es necesaria una discusión seria y con varias miradas y que no se crea que lo que se aplica “en otros países” es suficiente para asegurar su éxito en el nuestro.
“Es un cambio que parte de las necesidades de quienes habitan en la escuela, con el objetivo de que ésta sea más eficiente: que los estudiantes aprendan más y mejor”, se explicó.
Si bien las modificaciones serán cuestionadas por unos y alentadas por otro –es imposible que la política no meta sus manos en el tema—no hay dudas que el secundario necesita mejorar su calidad y eficiencia, tanto para quienes dispongan de esa formación para iniciar su vida laboral como para quienes sigan una carrera universitaria.
Si bien el énfasis de muchos cae en el facilismo de que “al no hacer repetir” a los alumnos lo hace menos exigente, la realidad es que ese es un detalle menor frente a la necesidad imperiosa de que en esos cinco o seis años los estudiantes no alcancen una formación adecuada y esperable.