Bahía Blanca | Domingo, 03 de marzo

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Relatos salvajes: análisis de situaciones violentas en el tránsito bahiense

Malas maniobras o choques provocan reacciones peligrosas. En poco más de un mes se produjeron en la ciudad al menos tres episodios con estas características.

Fotos: Emmanuel Briane y Archivo LN.
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Audionota: Natalia Marinelli

El contexto social y económico del país, frustración, estrés y hasta la incidencia del temporal que afectó a nuestra ciudad sobre fines del año pasado, pueden ser explicaciones a situaciones violentas que en las últimas semanas se registraron en el tránsito bahiense.

Trascendieron al menos tres episodios donde una mala maniobra o un choque desencadenaron reacciones desmesuradas.

Sobre principios de enero, tras una discusión, el conductor de una camioneta subió a la vereda y arrolló a un ciclista en Alsina al 300.

A fines del mismo mes, un hombre que circulaba al mando de un rodado le efectuó disparos con un aire comprimido a un automovilista, quien resultó lesionado.

La madrugada del último martes una moto y un auto colisionaron en Maipú y Necochea.

El ocupante del rodado mayor descendió de la unidad portando un hacha y amenazó a un joven de 17 años que circulaba en el otro vehículo.

La Nueva. consultó a profesionales para analizar las situaciones que se repiten y preocupan.

“La violencia en estas circunstancias está multideterminada y responde a una cantidad de factores”, comenzó diciendo el licenciado en psicología Hugo Kern, responsable del departamento de Salud Mental del municipio.

Agregó que este tipo de actitudes están relacionadas con la frustración.

“Cuando una persona maneja niveles de frustración de difícil gestión o que la persona no puede tramitar de otra forma, la reacción pasa a ser de intolerancia y violencia”.

En este sentido, destacó que existe una diferencia entre “violencia y agresividad”.

“La última forma parte de las reacciones esperables en los vínculos humanos. Con las personas que uno está más ligado afectivamente posiblemente tenga mayor reactividad o tendencia a manifestar comportamiento del orden de la tensión y la agresividad”.

“La violencia busca terminar con el otro, hacerlo sufrir. Responde a condiciones circunstanciales, pero que tiene como base estos fenómenos de baja tolerancia a la frustración”, siguió diciendo.

Kern sostuvo además que “vivimos en un momento de alta exigencia a nivel personal. Atravesamos un tiempo donde parece que cada uno se las arregla como puede. Es un sálvese quien pueda que incide en este tipo de reacciones”.

Dos caras

“Lo que nos pasó como país en términos generales y en nuestra ciudad con el temporal generan reacciones que muestran la capacidad de solidaridad y acompañamiento de la población, y también demuestran el cansancio, el agotamiento, la frustración, la irritabilidad y la ira como comportamientos relacionados con las condiciones de vida”, analizó.

Admitió que desde el área que comanda “estamos muy preocupados por lo que está pasando y las situaciones de violencia que involucran a niños, niñas y adolescentes. La reactividad con relación a lo que está sucediendo es un tema de preocupación permanente”.

“Estamos trabajando para crear programas y asistir a las personas en la posibilidad de elaborar respuestas constructivas y preventivas para estos temas, como la realización de talleres de reflexión y con acompañamiento”.

La defensa alta

Por su parte, el licenciado en psicología Damián Dorado consideró que gran parte de la sociedad se encuentra dominada por el estrés.

“Hay que tener en cuenta el contexto. De un tiempo a estar parte a nivel nacional con las elecciones y las cuestiones económicas, y en el ámbito local con el temporal, el día a día para las personas es estresante”.

“El estrés está generalizado en la población por la situación económica, social y de preocupaciones. Las personas están todo el tiempo con las defensas altas”.

Añadió que “por otro lado está el eje individual, que no lo vamos a saber salvo que le preguntemos a la persona si al momento de reaccionar de esa manera pasaba por un mal día o tenía algún problema”.

Describió que “venimos viviendo distintos eventos que son sumamente angustiosos y estresantes. La cara más visibles de ese estrés es el enojo muchas veces. La poca tolerancia, el enojo repentino y la irritabilidad son signos de una psiquis que viene golpeada por la situación general”.

En este sentido, subrayó que “estamos al borde todo el tiempo del enojo o la angustia”, y que en ese contexto algunas personas reaccionan de una manera que en otras condiciones no lo haría.

También definió al tránsito como “el termómetro social del estrés”.

“Si uno se pone a mirar va a ver que todos andamos rápido, estamos apurados y queremos llegar ya a los lugares, lo que pone en una situación de estrés permanente, lo que además genera un caldo de cultivo”.

Malestar y tristeza

“El estado de irritabilidad, de reacciones o respuestas automáticas con gran carga de violencia o agresividad que se perciben en la comunidad están provocadas por un malestar general y sostenido por una gran incertidumbre”, describió la psicóloga Gabriela González.

Refirió que la pandemia de COVID o la cuestión social y económica que transita el país “generan un alerta enorme en todos y potencia muchas respuestas que van apareciendo”.

“Ninguno de nosotros estamos exentos de este malestar que estamos viviendo como ciudadanos.

Hay una gran carga de frustración que provoca emociones como el miedo y el enojo”, aclaró.

Por otra parte, indicó que el temporal registrado el 16 de diciembre pasado en nuestra ciudad, donde 13 personas perdieron la vida, “instaló una gran tristeza en la población”.

“Fue una Navidad y un año nuevo triste. Festejamos sin deseo de festejo. Hubo mucho dolor y esto también genera sensibilidad”.

“Todos estamos afectados por esa situación tremenda que pasamos y que seguimos viendo por la calle. Incluso, hoy por hoy, cuando hay una tormenta a todos nos genera una pequeña o gran ansiedad”.

Comentó que estas circunstancias potencian estas reacciones.

“El miedo muchas veces genera respuestas irascibles. Está todo enlazado”.

La licenciada también describió la razón por la que estas actitudes se ponen de manifiesto en el tránsito.

“El auto te da cierto anonimato y uno pasa a ser parte del coche, lo que permite que se venzan o surjan respuestas que no las tendríamos con otro cara a cara”.

“Esa bronca que sale tiene que ver con el interno nuestro competitivo. Ese pensar al otro como enemigo. Esa defensa sale muchas veces en modo de insulto, bocinazo o la aceleración del vehículo”, detalló.

González dijo que en esas circunstancias “nos olvidamos que todos somos peatones y perdemos la posibilidad de pensarnos en ese rol porque estamos al mando del volante”.

Por último aconsejó “hablar de estas cosas y no potenciarlas. Hay que saber que estamos hiperalertas y sensibles, entonces cuando aparece la ira o el enojo no potenciemos en el otro el malestar, sino que debemos tratar de convocar a la calma. En este sentido, consideró vital “crear espacios solidarios y conectarse con los afectos”.