Bahía Blanca | Lunes, 16 de febrero

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Lucchetti: los siete ascensos, dejar atrás el egoísmo, la defensa de Campazzo y el "si estoy solo la voy a tirar"

A los 34 años sumó otro festejo, ahora con Pueyrredón, el quinto equipo diferente.

La copa se sumó a la familia Lucchetti. Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

 

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

 

El teléfono le sonó una y otra vez durante las vacaciones. Andrés Iannamico fue insistente, lo mismo que David Pineda y Tito Rivera. Sabían que sumándolo se aseguraban mucho más que un base tirador de 34 años.

Más de un desconocido puede sorprenderse cuando le dice que es basquetbolista, porque sus 69 kilos y 1m76 no lo acompañan. Aunque el técnico y sus futuros compañeros sí lo conocían mucho.

Andrés lo había disfrutado de su lado, en cambio, los otros lo habían sufrido como rival en alguno de sus seis ascensos.

Lucas Lucchetti subió a Primera con 9 de Julio (en tres oportunidades), Comercial, Olimpo, Argentino y ahora, con Pueyrredón. Para eso, en parte, lo llevaron. Y él respondió. Una vez más.

-¿Qué diferencia tuvieron cada uno de los ascensos?

-El primero con 9 de Julio no lo disfruté tanto porque era chico y no jugaba siempre. Con Comercial fue el primero y por eso lo disfruté mucho, también porque había tenido un buen año en menores, siendo mejor jugador de Sub 21 y revelación de Segunda. En Olimpo también lo disfruté, porque ninguno pensamos que íbamos a llegar a eso, ya que más allá de algunos nombres importantes como los Ressia (Germán y Gastón) o Bocha Victoria, el resto eran todos chicos. El de Argentino lo disfruté un montón. Me quedó una amistad muy buena con los chicos y los dirigentes. Jorge Paletta me habla cada tanto para preguntarme qué tengo pensado hacer y la verdad que es un club con muy buena gente.

En esta recorrida por los ascensos, Lucas hace foco en uno: “El que más feliz me hizo fue el que conseguimos con Andrés en 9 de Julio. Ganar un campeonato con el club donde me formé y es mi segunda casa, fue el más lindo. Con todos chicos del club, más Damián Carci como refuerzo”.

Y hubo dos más.

“El otro fue con 9 de Julio, que dirigió Emiliano Roldán y nos llamaron a José Gutiérrez y a mí con ese objetivo. Costó mucho, pero se logró. Y el actual con Pueyrredón, teniendo a mi hijo en la tribuna, se disfrutó mucho”, puntualizó.

Lucas vivió casa por medio a 9 de Julio hasta los 23 años, con todo lo que eso significa.

“Cuando el playón de la esquina era descubierto, mi vieja me iba a buscar para irme a dormir. Se tiraba al aro, se andaba en bici, siempre ahí”, rememora.

Mientras tanto, durante un tiempo compartió básquet y fútbol, llegando a jugar en una liga de menores, hasta que a los 11 años cuando mostraron algo más de interés por él y tuvo que elegir se inclinó por el básquet.

En 9 jugó hasta juveniles, a excepción de un año que estuvo en Estudiantes, participando en la Liga de Cadetes.

Ya después pasó por Comercial, Olimpo, Alem, Argentino y Pellegrini de Punta Alta, donde jugó Provincial, jugando dos finales  y ganando una a nivel local.

-Ascendiste en dos oportunidades con Errazu (Comercial y Argentino) y dos con Iannamico (9 de Julio y Pueyrredón). Cuando te llaman, ¿qué te piden?

-El primer año que arregló Andrés en 9 de Julio insistió mucho en llevarme y estaba entre Gonzalo Badano o yo. Era un equipo con muchos chicos, jugamos la promoción con Pueyrredón y la perdimos en la última bola. Creo que la confianza de uno a otro nos fortaleció y generamos una buena amistad y al otro año logramos el ascenso.

-¿Y Mario?

-Me había llamado cuando él estaba en Velocidad y 9 de Julio no me dio el pase. Y después me llevó a Comercial, sin un rol de protagonista, porque estaba Amilcar (Andreanelli) de titular, pero terminé jugando bastante y ayudando al equipo.

-¿Qué te fue haciendo sentir cómodo en la categoría?

-En el primer ascenso con 9 de Julio no tuve tanto protagonismo, porque era juvenil. En Comercial empecé a tomar confianza, lo mismo en Olimpo y creo que el clic lo hice en Argentino, como que me cambió la cabeza y dije: “Uy, puedo ser un jugador importante”.

-¿Qué sucedió para sentir eso?

-Se armó un equipo con chicos del club, con César Massa y Luciano Mussini como mayores. Nadie nos daba como candidatos. El primer torneo lo jugué muy bien, le ganamos la final a Estrella, lo cual nos dio la final extra, y ese torneo tomé mucho protagonismo. 

-¿Conseguir tantos logros en otros clubes te fue distanciando de 9 de Julio?

-No, como le dije este año a Andrés (Iannamico), la prioridad la tenía 9 de Julio. Con el equipo que armamos el torneo anterior nos ilusionamos, aunque no terminamos en el lugar que queríamos, sufriendo hasta lo último. La idea era seguir si mantenían a los jugadores, pero volví de vacaciones y había quedado yo solo. Me gustó el proyecto de Pueyrredón y que estuviera Andrés me ayudó para decidirme.

-¿Esa experiencia con 9 de Julio te marcó?

-Me marcó positivamente, porque si bien el objetivo era otro, en lo personal me fue muy bien, terminé siendo el capitán del equipo y teniendo mucho protagonismo. Y que los chicos del club te tomen como un referente te llena mucho.

-¿Te costó alejarte?

-La verdad que sí, porque con los chicos de 9 de Julio tenemos una relación muy buena y cuando se enteraron que me iba me llamaron todos. Con los dirigentes tengo muy buena relación y las puertas están abiertas. Pero uno a veces necesita un cambio o renovar objetivos.

Siempre listo

-¿Sentís el verdadero desafío de jugar instancias decisivas, lo esperás y sabés que podés generar algo cuando te toca entrar?

-Cuando entro trato de aportar lo mejor. Este torneo fue corto, con cada uno asumiendo su rol para ir armando el rompecabezas. Fue un torneo raro para mí, porque nunca estuve al cien por ciento físicamente. En un amistoso previo al torneo me pegaron un codazo y los tres primeros partidos jugué sin poder hablar...

-Bueno, no te afectó mucho, porque sos de hablar poco, je.

-Je. La verdad que no tengo ese temperamento de los que hablan mucho en la cancha. Después sufrí un golpe en el ciático, otro en una muñeca y en el último partido de la fase regular con Sportivo me esguincé un tobillo. Me fui acomodando con masajista, kinesiólogo, estribo... En mi cabeza estaba jugar hasta la final.

-¿Es fácil olvidarse?

-Le decía a Andrés: “Si me estribo es para jugar, no para ver qué pasa”. La serie con Sportivo fue desgastante, con un jugador que me corría todo el partido. Y con El Nacional llegué con sobrecarga muscular. Encima Augusto (Ríos) había levantado, era mi relevo y también se rompió. Y bueno, había que bancar...

-Detrás de lo que le dijiste a Andrés: “Si me estribo es para jugar”, ¿está el técnico que confía en vos y, también, tu propia confianza?

-Sí. Andrés me decía que no podía sacarme porque se notaba mucho y está bueno esa confianza que le genero. Sabe que voy a dejar todo.

-¿Te fortalece mentalmente tener una defensa permanente?

-Por un lado sí, porque te hace sentir importante. Pero a la vez jugué tranquilo porque si bien no podía anotar o generar juego con la pelota, trataba de ayudar para que mis compañeros pudieran meterla. No me volví loco.

-Saber que tenés puntos en las manos y no poder recibir fácil, sumado a la limitación desde lo físico, ¿te llevó a entender la importancia de lo que podías generar sin la pelota?

-Sí, porque en otros momentos, o cuando era más chico, no tocaba la pelota dos ataques, me volvía loco y la primera que agarraba la tiraba como fuera.

-¿Con los años fuiste siendo menos egoísta?

-La verdad que sí, porque según me contaban los chicos, porque uno no tiene memoria, je, en Minibásquet de diez ataques tiraba nueve y medio. Había que jugar con dos pelotas. Cuando sos chico te importa más la estadística que el juego de equipo.

-¿Te considerás un tirador puro?

-Sería un base con tiro, así me siento cómodo. La confianza la tengo, más allá que a veces la meto y otras no, pero si estoy solo la voy a tirar, no me condiciona si vengo errando.

-¿Qué influye en el tirador tener una buena o mala noche?

-Y... Por ejemplo, el tercer partido de la final, Andrés cuando me vio me dijo: “Estás muerto”. La rutina del día, el laburo, después compartir con el nene... En el cuarto partido estaba muy bien y en el quinto, cuando llegué, le dije: “Creo que es el primer partido de los playoffs que no me duele nada”. El cansancio influye mucho.

-¿Cuánto te afecta no meterla?

-Este año lo que me pasó fue no tomar muchos tiros de tres, porque había otros que tiraban más. Y cuando no la estaba metiendo, le decía a Andrés: “Lo importante que entre en los playoffs”, je. Los últimos cuatro partidos de fase regular empecé a meterla y llegué bien a los playoffs. Tenía la confianza.

-¿Esa confianza te hace sentir que después de meter una la siguiente también va a entrar?

-En el último partido metí los primeros tres tiros que tiré. Y el aro se te agranda.

-¿Quién fue el jugador que mejor te defendió?

-Siendo juvenil me enfrenté a muchos y cuando nos juntamos con los de mi camada nos reímos recordando que tuve que defender a Campazzo en Liga Juvenil y él me defendió a mí.

-¿Y, cómo te fue?

-Un partido lo ganamos y el otro nos mataron. Era un buen jugador, pero no el que terminó siendo. Me acuerdo que lo pasaba y a los dos segundos lo tenía de nuevo adelante, je. Y en Bahía, este año, al que más sufrí fue a Rodrigo Blanco, de Sportivo, que me corrió mucho y es bastante intenso.

-¿Por características físicas, básicamente, considerás que de alguna manera no se te valoraba lo que podía dar?

-Mi familia y amigos me decían “creetela más, porque sos un buen jugador y todos te respetan”. Siempre fui de perfil bajo, de hablar poco, y no me importaba si me decían que era de Primera o Segunda. Yo quería jugar. Inclusive, nunca me tocó jugar en una Selección de Bahía.

-Sí jugaste en contra.

-Claro. Jugando en Punta Alta y le ganamos.

-Bueno, casualidad o causalidad, je.

-Sí, je. Siempre les agradezco a los dirigentes de Pellegrini porque me hicieron jugar un Provincial de Clubes, se ganó un campeonato después de 10 años y Punta Alta le ganó el Provincial a Bahía.

-¿Hoy estarías para entrar y tirarla en una selección de Bahía?

-Sí, no habría problema.

-¿Es una deuda?

-No, porque sabía que era muy difícil. Y gracias a Dios gané bastante.

-¿Y ahora qué, a intentar seguir ganando con Pueyrredón?

-Por ahora a descansar y disfrutar de este ascenso. Vamos a empezar a hablar con Pueyrredón, la prioridad la tienen ellos. En Primera hay que armarse bien, porque están todos parejos y por más que tengas nombres no te aseguran nada. En cambio, en Segunda llevás dos o tres refuerzos y sabés que vas a pelear.

-Bueno, en Segunda te llevan a vos y uno o dos más, y compiten.

-Con un base, otro de media cancha y un pivot algo vas a pelear.

-¿Una imagen que hayas guardado de este último ascenso?

-Ver a mi señora y mi hijo en la tribuna, firmes en todos los partidos, acompañando, como también mis viejos, pero la imagen de un hijo es inigualable.

-Te diste el gusto de dedicarle varias conversiones.

-Sí, sí. Con dos años ya vio a Argentina campeón del Mundo, dos ascensos, una Copa América... Ya ganó más que yo.

-Pero va a tener que tirar para meter más que vos, ¿no?

-Sí, je. Igual, está todo el día tirando al aro.

Si Santino hereda algo de su papá jugador, el apellido perdurará. Por ahora, seguirá siendo el hijo de Lucchetti, el de los siete ascensos... ¡Grande pá!