Teatro antiestrés en la ciudad: ¿cómo es la propuesta para los tiempos que corren?
“La idea es generar una burbuja para dejar de lado, al menos por un instante, lo que nos sucede en la vida cotidiana”, dijo Cristian Alvarez, referente de una actividad basada en herramientas convencionales, juegos y dinámicas de improvisación.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
Audinota: Marina López
—¿Las clases empiezan a las 20.30, verdad? Digo, para estar con el fotógrafo a esa hora…
—Lo ideal sería un poquito más tarde. Por ahí a las 21. Lo que pasa es que imponer un horario determinado es una forma de generarnos estrés, así que cada alumno viene a la hora que puede y sin presiones de ningún tipo.
El diálogo entre Cristian Alvarez —referente del teatro antiestrés en nuestra ciudad— y este periodista no podría ser más explícito para saber de qué se trata una propuesta que, para los tiempos que corren, parece tener cada vez más aceptación.
“Uno puede llegar en cualquier momento e irse en cualquier horario. ¿Por qué? Porque hay gente que, quizás, si llega 5 minutos tarde siente que no está bien o es una falta de respeto al profesor o a los compañeros porque interrumpe la clase. Pero no hay problema; como las clases son de 2 horas, si estás una ya es un montón. Podés venir igual y aprovecharla”, añade.
Ahora, de qué se trata el teatro antiestrés.
“Es una actividad basada en herramientas del teatro convencional, del psicodrama, con juegos y dinámicas de improvisación, algo que está de moda en Bahía Blanca. También hay ejercicios de stretching (estiramiento) y trabajamos con música, que es ritmo, frecuencia y vibración para ir hacia el interior”, explica Alvarez.
“La idea es generar una burbuja en la semana, un espacio donde las personas dejen de lado su vida cotidiana, con sus problemas, y cosas buenas también, pero que se puedan conectar durante dos horas con su niño interior y abocarse a jugar como cuando éramos chicos”, amplía.
“Todo eso es importante para movilizarnos, ya que el teatro, más allá de usar estas dinámicas, pretende que la persona se suelte, deje de tener vergüenza de exhibirse en público, que pueda pasar adelante a hacer una pequeña improvisación y que mejore su postura corporal y la proyección de la voz. Se comprueba que, casi sin darse cuenta, la gente se va introduciendo en dinámicas actorales”, explica.
Alvarez comenzó este año con tres talleres de teatro antiestrés. Los dos primeros concluyeron esta semana, y el último, que se presenta en el teatro El Parral, en Mitre 868, las clases se extenderán hasta el miércoles 18 de diciembre.
“Ahora tenemos todo unificado en adultos, pero en esta actividad no hay límites en cuanto a edad ni a género. Capaz que los chicos no tengan estrés, pero se podría enfocar de otra manera para dividir en niños y adolescentes, más allá de los adultos”, cuenta.
“Hoy las edades en las clases rondan desde poco menos de 30 años y hasta más de 70, pero lo más destacable es la forma en que interactúan”, admite.
—¿Cuál ha sido la receptividad?
—Me sorprendí cuando lancé la propuesta. Pensé que la convocatoria iba a ser mucho más difícil porque la gente está acostumbrada, en estos últimos meses, a ir cerrando cosas, a sacarse mochilas de un año largo, pero la verdad es que me consultó mucha más gente de la que esperaba y, al final, se sumaron bastantes.
“La realidad es que se van contentos; y vuelven. Eso lo expresan también en el grupo de WhatsApp que tenemos”.
—¿La propuesta surgió por iniciativa tuya o responde a una demanda instalada?
—La demanda existe. La difusión del taller la hago por las redes sociales y también usando el viejo método de imprimir volantes y entregarlos en forma personal o colocarlos en el parabrisas de los autos (IG:@cristianalvarezviento y Facebook: cristianalvarez).
“Lo cuento porque una de las ventajas de este modo es interactuar con la gente, aunque sea por unos segundos, y ahí me decían que les vendría bárbaro un taller así, que es algo para ellos y demás. Es decir, hay una necesidad”.
—¿La gente llega con estrés a las clases?
—Eso es muy personal. No les pregunto, pero entiendo que la sociedad, en general, está con estrés. Eso se percibe en el tránsito vehicular diario, en la cola para pagar un servicio, a la hora de subir al colectivo o en otros lugares.
“La sociedad, en general, está con estrés. Eso se percibe en el tránsito vehicular, en la cola para pagar un servicio y a la hora de subir al colectivo”, dijo Alvarez.
“Esto no implica que quien viene al taller tenga estrés. Hay gente que pretende desestresarse y hay otra que no, porque acaso tenga la inquietud de probar algo teatral”.
—¿Cuál es tu formación en este sentido?
—Lo que pude hacer en las distintas dinámicas que he aprendido, tanto en la escuela de teatro como en los talleres, las he volcado a esta disciplina diferente, ya que no te pide hacer una muestra a fin de año o presentar una obra que, para muchas personas, es un evento que puede ser estresante.
“Si después, con el correr del tiempo, surge que a algunos les gusta y quieren armar un grupo para actuar, se hará algo aparte que no se llame teatro antiestrés. Y hasta podemos preparar una obra o alguna muestra”.
“La idea es llegar a los barrios más vulnerables”
“Yo soy entrenador de básquet desde hace 30 años. Estoy acostumbrado a trabajar con grupos y es algo que me gusta. Lo estaba extrañando”, dice Alvarez.
“Pero dejé porque me cansó lo competitivo. Hoy todo el mundo sólo quiere ganar: los chicos, los padres y hasta los dirigentes. Así, muchas veces se estropea un buen trabajo de la semana por un mal resultado de un partido. Llegó un momento que sentí que era yo quien estaba fuera de foco y por eso decidí correrme”, relata.
Tras unos años en la ciudad rionegrina de Río Colorado, Alvarez regresó a Bahía Blanca tras la pandemia por el COVID-19.
“Ya había empezado teatro en un taller de Río Colorado y acá me metí de lleno en distintas capacitaciones, como la que se dio en la UNS sobre psicodrama, sociodrama y teatro espontáneo.
“También tomé clases de clown, dirección teatral y ahora estoy estudiando con dos grandísimos referentes que tenemos como Rubén Cordi y Pablo Machi, los integrantes de Impro Delivery”, asegura.
Alvarez también comenzó a actuar y ha participado en Un puñado de perdedores, de la escuela de teatro; El inspector, que se hizo en El Parral; Ángela y Celita, de Roberto Fontanarrosa y Las riendas, de Santiago Gobernori.
El costo para tomar parte de las clases antiestrés es de $ 15.000 por mes, pero Alvarez aclara: “Si bien esto me genera un ingreso, no es excluyente para quien quiera sumarse y no esté en condiciones de pagar. No me gusta ver a una persona que se quede afuera por esta razón”.
“¿El futuro? La intención es retomar las clases en marzo, pero la idea es llevar la propuesta a los clubes. Es una posibilidad, porque siempre se cuenta con un espacio para este tipo de actividades y son sólo dos horas por semana. Además, sería otra forma de sumar alternativas y más movimiento en las instituciones”, admite.
“Mi propuesta también es que se pueda contagiar al municipio. La ventaja de hacer algo con ellos es que me gustaría llevar los talleres a barrios de zonas vulnerables de la ciudad”, sostiene Alvarez.