Público, privado, íntimo: ¿dónde está el límite?
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En los últimos días historias de amor, (tal vez pasajeras) son protagonistas en las noticias. Algunos dudan de la veracidad de los sentimientos y creen que es algo armado, otros piensan que puede ser real, que ella se enamoró, que con el ex marido va y viene, pero ya sea en Argentina como en Turquía, muchos siguen los acontecimientos como si fuera una novela. En el medio hay hijos, hijas, denuncias por violencia y el límite entre lo sensato y el escándalo se diluye.
Todo se viraliza y la exposición otorga el derecho a que todos opinen. Obviamente nadie está entre las sábanas como para saber, pero hasta las sábanas son parte de lo que se expone. La pregunta es si hay un límite y en ese caso dónde situar el límite entre lo público, lo privado y lo íntimo.
El ser humano tiene tres escenarios posibles de actuación, pero en los últimos tiempos y como por arte de magia, pareciera que los límites se desdibujan, se corren o diluyen. Un recorrido por el diccionario explica que público es aquello conocido o sabido por todos, que se hace a la luz y donde todos o muchos tienen posibilidad de percibirlo.
Privado hace referencia a lo particular y personal de cada sujeto, aquello que pertenece a particulares y a las acciones que se ejecutan a la vista de pocos sin formalidad ni ceremonia alguna. Íntimo es ese espacio reservado, el más interior de lo privado.
Evidentemente son tres espacios a simple vista muy diferenciables y las acciones humanas no son íntimas, privadas o públicas, sino que están determinadas por el escenario en que se desarrollan. Paralelamente en plena posmodernidad, entre medios de comunicación, publicidad y redes sociales, las nociones de preservación y exhibición se entremezclan y lo íntimo deja de ser privado para ser contemplado, juzgado, aceptado o rechazado por un público.
Pareciera que George Orwell lo hubiera anunciado, pues la gama se despliega y va desde un cornista que monta guardia para captar a algún personaje público “in-fraganti” hasta aquel que entabla una relación con alguien famoso para ser aún más público. También abarca desde la señora que en la panadería narra las bondades de su marido, hasta aquella madre primeriza que relata su trabajo de parto dilatación por minuto en las redes sociales.
Así, entre un deseo cada vez más voraz por conocer la vida del otro y con tecnología que permite hacerlo, la intimidad es exhibida, televisada o expuesta en redes sociales. Así, mientras hay un alarde de lo íntimo que aún hoy es censurado se da también una incitación y una estimulación que la “hendija social” para espiar sea cada vez más grande.
La mirada ajena es importante, pero la identidad se construye a partir del proceso que realiza cada uno, de acuerdo con el propio estilo y a las posibilidades, y lo íntimo debiera ser espacio de construcción y de refugio, de placer y también de lágrimas.
No caben dudas que cuando lo íntimo pasa a la esfera pública siempre hay miles de personas dispuestas a mirar; lo ajeno siempre entretiene, pero también obtura el proceso para mirar y revisar lo propio.