Roberto Larroque: “Tuve la suerte de ser parte del mejor plantel de Talleres de la historia”
El volante creativo cerrense recordó su paso por el elenco cordobés en 1975, cuando compartía lugar con figuras como Valencia, Ludueña, Galván y Willington. En Sansinena fue un prócer y en Independiente de Neuquén le decían “maestro”.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Roberto Larroque desfila con elegancia por las calles de su querido General Cerri. Ahora lo hace como repartidor del diario La Nueva. los fines de semana, pero en la década del ’60, ’70, y parte de los ’80, se floreaba en el verde césped del Luis Molina.
El “Maestro”, como lo bautizaron en Neuquén cuando vistió la casaca de Independiente, o el fenómeno, como le gritaban los cordobeses cuando visitó la casaca de Talleres en 1975, donde se codeó con los mejores jugadores de la historia tallarín, todavía acapara miradas y recibe elogios de quienes lo vieron desparramar talento.
Primero fueron los babys –a los 8 años- y luego en las inferiores de Sansinena, hasta que hizo su debut en Primera, a los 13 años.
“Los equipos eran de barrio, se jugaba en verano en una cancha de básquet y al aire libre; el mío se llamaba ‘Las Chivas’. Jugaba con Miguel Pando, Alberto Gabiola y Edgardo y Alberto Mángano”, dijo Larroque.
Tanto se destacó con la redonda que a los 16 años tuvo un breve paso por Independiente de Avellaneda.
“Me llevó mi papá (Raúl), que era hincha de Independiente. Encima yo soy de Racing. Le tenía miedo a la ciudad, extrañaba. Hugo (García) estaba conmigo pero se volvió. Comíamos en la cantina del club, nos llevaban Savoy, Murúa y Pastoriza, y luego volvíamos a la pensión”, señaló.
“Estuve cinco meses. Una lesión en la pantorrilla, por un pisotón que me abrió el gemelo, me obligaba ir todos los días a darme una inyección. Un día no aguanté más y me volví para Cerri”, aseguró.
“Cuando llegué acá habían llamado a mi papá para que vuelva a Independiente a firmar. Ahí me negué, dije que eso podía esperar. En realidad no quería volver y a los pocos días el libro de pases se cerró; para mi fue un alivio”, subrayó.
Su debut en Primera no pasó desapercibido, porque era muy chico y necesitaba el permiso de su madre.
“Estábamos en la Primera B, era gente grande. Me daban cada patada… Empecé jugando de ‘5’, luego pasé adelante, de ‘9’, y más tarde la ‘10’. Cayetano Rodríguez me ponía al medio y como teníamos una equipo de medio pelo, él preparaba una jugada para sorprender. Cuando la defensa rival tiraba el achique, nosotros nos tirábamos atrás y salía el pelotazo largo, al que yo debía picar. Así salí goleador”, contó.
--¿Cómo se produce el contacto para ir a Talleres de Córdoba en 1975?
--Por un representante. Me llevó a Belgrano, jugamos un amistoso contra Talleres y debo haber jugado bien porque llamaron a Sansinena para arreglar. Mi paso fue una semana en Belgrano y luego un año en Talleres (risas). Me compraron sin avisarme.
--¿En Talleres estaba el “Torito” Quiroga?
--Oscar, un gran amigo. Me gané un lugar con jugadores como José Valencia, Luis Galván, Miguel Oviedo, Luis Ludeña, Humberto Bravo y Daniel Willington, entre otros.
“Me hice muy amigo de Willington porque me gustaba quedarme después de los entrenamientos a patear al arco. Estaba creído que le pegaba bien a la pelota, hasta que un día me agarra Willington y me dice: ‘¿Vos le pegás bien a la pelota?' Vení que te voy a enseñar a patear tiros libres’. Me hacía parar a 30 metros y me decía: ‘te voy a pegar en la cabeza’. Y la pelota venía a la cabeza; ‘ahora al hombro derecho’. Y la ponía en el hombro derecho".
“Intenté hacer lo mismo y ni de casualidad podía, jajaja. Me enseñó a acomodar el pie, a pegarle al pico del balón para el sitio que querías que vaya”, contó.
--¿En qué puesto jugaste en Talleres?
--De “10”. El técnico era Adolfo Pedernera. Jugué varios partidos en Primera; recuerdo uno en cancha de Racing, donde le hice un gol a Estudiantes de La Plata. También se jugaba el campeonato local en Córdoba y el torneo Nacional. Los miércoles jugábamos de local en la Boutique y los fines de semana viajábamos. Instituto, Racing y Belgrano eran los rivales a vencer en la liga cordobesa, pero Talleres sacaba mucha diferencia”, afirmó.
Talleres 1975: los once titulares, parados, Víctor Binello, Oscar R. Quiroga, Miguel A. Oviedo, Luis A. Ludueña, Luis Galván y Eduardo Astudillo.
Agachados: Ángel Bocanelli, Gualberto Muggione, José D. Valencia, Francisco Rivadero y Antonio Alderete.
--¿Por qué no se quedó?
--Ese año se terminó el préstamo, que era con opción de compra hasta el 31 de diciembre. Cuando pegué la vuelta me acompañó Quiroga porque Talleres estaba por hacer una gira por Sudáfrica. Nos quedamos unos días más para tramitar el pasaporte y cuando llego a Bahía me llama un dirigente que por el tema de las fiestas en lugar de reunirnos con los cordobeses antes del 31 lo iban a hacer el 3 de enero.
“Cuando llaman para venir de acá le respondieron que no, porque se había vencido el plazo. Me perjudicaron, porque allá estaba bien y pagaban muy bien. Cuando terminaba de jugar de local, salías del vestuario y pasabas por la secretaría a cobrar”, señaló.
--¿Y usted se quedó en el molde?
--No. Me peleé con el que era presidente en ese momento. Igual seguí en el club hasta que en un momento me llama Néstor Francisco Radivoy, un periodista para ver si quería ir a jugar a Neuquén. Le contesté que sí para no quedar mal. A los dos días apareció en Cerri Jorge Sobisch y otra persona para comprarme el pase.
“Le pedí un montón, por sugerencia de un amigo, para que me digan que no. Yo trabajaba en la CAP y le tiré 500 mil pesos por mes, una locura. Y me dijeron que sí. Me tenía que ir a Neuquén, no conocía nada”, contó.
“A Sansinena le entregaron cheques, reclamé mi 15 por ciento y me dan el último. Les dije que quería el primero o no firmaba. Vinieron a casa y aflojaron, pero en lugar de 15 mil me ofrecían 10; en el tire y afloje me llama Sobisch y me dice: “No te hagás problema, en Neuquén te doy los 5 mil que faltan”, reveló.
--¿Cuántos años estuvo?
--Hasta el ’78 en Independiente, aunque en el medio también jugué en Puerto Comercial. El rojo había contratado jugadores de Buenos Aires, como Néstor Doroni, un "9" que era un fenómeno. Competíamos con equipos de Cutral Co, La Pampa y San Luis. Teníamos un equipazo.
--¿Se acuerda del 6 de julio de 1982?
--Ganamos el torneo Promocional. En la final le ganamos 2-0 a Libertad. Era un equipazo, con Schafino, Molina, Espinoza, Gabiola, Malmoria, Scheffer, Panelli, Miguel Suárez, Pellejero, Vega, Pesse, Pékel y Schaab, entre otros, Nos dirigía “Chiquito” Lliteras. Ese año, ya en Primera, hicimos una campaña bárbara. Íbamos palmo a palmo con Olimpo, lo enfrentamos en su cancha y ganábamos 2 a 0. Faltando 25 minutos nos hicieron tres goles, perdimos el campeonato.
“Ese mismo año, en Primera, hicimos una campaña bárbara. Íbamos palmo a palmo con Olimpo, lo enfrentamos en su cancha y ganábamos 2 a 0. Faltando 25 minutos nos hicieron tres goles, perdimos el campeonato”, dijo.
--¿Nunca lo tentaron de Olimpo?
--Sí, varias veces. Pero nunca quise ir a Olimpo, sí me gustaba Rosario Puerto Belgrano, pero nunca me vinieron a buscar.
--¿Y después se retira?
--No. Volví a Neuquén. Jugué tres años más y me retiré. Me decían “maestro” por los tiros libres. Los arqueros se paraban contra un palo y te dejaban todo el sector opuesto descubierto. Hubo un año que hice 18 goles de tiro libre.
--También jugó en la Selección de Bahía Blanca.
--Tuve la suerte de integrarla en 1969, en 1971 y en 1979. Dos etapas distintas pero con la misma pasión. Me acuerdo de haber jugado en Comodoro Rivadavia y también un partido amistoso ante Boca. Los full backs eran Nicolao y Rogel.
“En una jugada le hice un caño a Rogel contra la línea y cuando quise salir me pegó una patada en la cintura y reboté contra las chapas. Me levantó y me dice: ‘¿Estás bien nene?’. Sí, le conteste. ‘No me tirés más caños porque la próxima te la pego en la cabeza’. Si señor le contesté; medía como dos metros. Le ganamos 2 a 1”, subrayó.
221 partidos jugó Roberto en la Liga del Sur y anotó 138 goles. Lo hizo en Sansinena, Puerto Comercial y la Selección. (Datos: Eduardo López).
--¿El gol más lindo?
--Fue gol y no fue gol. Mirábamos con un amigo un partido del Cosmos donde jugaba Pelé y en una jugada tiran un centro y el Negro se arroja de chilena y hace un golazo. Me mira: “Vos nunca hiciste eso”. Desde ese día lo empecé a practicar; él me tiraba el centro y yo le daba de chilena. Me rompí las dos muñecas de caer para cualquier lado.
“En un partido contra Libertad, en Cerri, nuestro wing tira el centro y en la carrera veo que me pasaba, entonces giro y la agarré de chilena. La pelota se clavó en un ángulo. El árbitro era Elías Asnes, quien lo anuló porque dijo que un compañero mío la había pedido.
“Un fanático del club, de apellido Fontanella, le grita: ‘está bien que lo anulaste, porque ese gol no entraba en la tapa de El Gráfico’. Todavía no sabemos porqué lo anulo, jajaja”, concluyó.
--¿Qué edad tiene y cómo se compone su familia?
--Tengo 74 años, nací el 26 de abril de 1949. Hace 15 años estoy en pareja con Susana Echeverría. Y tengo una hija en Buenos Aires, otra en Misiones y otra en Córdoba, y mi hijo en San Luis. Y tengo tres nietos: Franco (12 años), que juega muy bien al fútbol, Amparo (6 años) y Joaquín (2 años).
--¿En 2009 también dirigió?
--Sí, a Sansinena en Primera. No me fue bien y decidí dejar.