Bahía Blanca | Lunes, 27 de mayo

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Populismos y RSE: cada vez más crisis

Uno de los efectos más notorios, es el debilitamiento de los “partidos tradicionales” que por décadas gobernaron a países que lideraban el mundo.

   El populismo, que los detentores de poder del momento llaman progresismo, está llevando a que los países latinoamericanos tengan cada vez mayores crisis y con ciclos cada vez más cortos.

   Hoy se viven en Nicaragua, Venezuela, Perú, hasta con algunos matices en México, Brasil y Colombia, y porque no en nuestra Argentina.

   Pero estos procesos, podemos observar hoy que tienen una marcada interacción con los que están comenzando a prosperar en lo que en el hemisferio norte llaman el “Mundo Occidental desarrollado”.

   Estos movimientos personalistas se están presentando y avanzando en países en que antes hubiese sido impensado: Francia, Inglaterra, España, Italia, Hungría, y hasta el símbolo del poder mundial como Estados Unidos.

  Uno de los efectos más notorios, es el debilitamiento de los “partidos tradicionales” que por décadas gobernaron a estos países que lideraban el mundo.

   La situación global, sacudida por la pandemia y la guerra, muestra un gradual retiro de sustentabilidad a la dirigencia global. Esto, al margen de la decadencia propia que exponen los dirigentes.

   Hay otro ingrediente interesante: La cultura política del populismo, que siempre ha sido identificado con gobiernos de izquierda o centro izquierda (Allende en Chile, Boric ahora, Lula en Brasil, Fujimori en Perú, Petro ahora en Colombia y el peronismo, o lo que queda de él en Argentina), hoy se está mostrando como una derecha populista (Bolsonaro en Brasil, Johnson en Inglaterra) los movimientos tradicionales y nuevos en España, Le Pen en Francia, y, los partidarios de Trump en Estados Unidos, al cual admira López Obrador.

   En Argentina, pese a los matices, pareciera que todas las tendencias populistas, son a la derecha, Macri, Fernández y Fernández, y hasta los emergentes como Milei, no adhieren a la izquierda.

   Argentina, en donde el populismo sindical, y fuerte elemento de poder, es de derecha desde la aparición del peronismo, es una muestra más a tener en cuenta.

   Este populismo, está teniendo un efecto peligroso, que es la crisis de la democracia representativa. Los gobernantes elegidos por voto toman al estado como propiedad privada y lo administran como tal, marginando a los sectores más desprotegidos, qué al momento de votar, en general votan en contra de algo.

   Esta situación tiene como correlato que poco se pueda crear con gobiernos que no tienen una sustentación real en las bases democráticas que los eligen, además de la orfandad de proyectos que muestran todos los elegidos. Esto cuenta sobre todo en nuestro país.

   Paralelamente, se ha generado en oriente un nuevo centro de poder, sustentado por gobiernos autoritarios si se quiere, pero que con programas de largo plazo para el desarrollo de sus países han logrado insertarse en el reparto del poder mundial, y, hoy, están discutiendo el primer lugar a los Estados Unidos.

   Caso China, y sus aliados como India o Rusia, que han aprovechado las debilidades de “Occidente” para tomar su lugar en el comercio global, el control de la energía y en la producción industrial y de alta tecnología.

   Realmente estamos ante un cambio de las relaciones de poder, sin referentes ideológicos claros, pero en donde el comercio, los commodities alimenticios, la energía, el agua, y el desarrollo tecnológico, son los nuevos objetivos que mueven a los intereses de Occidente y Oriente.

   La Responsabilidad Social de los Estados, Argentina no es ajena a esto, ha relegado paradigmas como la distribución del ingreso, o la protección de los más necesitados, para involucrarse en este nuevo tablero de poder en donde está en juego la democracia como la conocemos hoy día.