Bahía Blanca | Miércoles, 17 de agosto

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Rodrigo Martínez no lo aparenta, pero... “Todos los arqueros tenemos un cierto grado de locura”

A los 39 años, el actual cuidapalos de Libertad no se rinde. En una nota más íntima que otras, repasó parte de su carrera futbolística a nivel local y regional, con 400 presencias en seis equipos distintos de la Liga del Sur y 23 temporadas en el fútbol de Primera división. Opino como la mayoría: un señor dentro y fuera de un campo de juego.

Fotos: Emmanuel Briane y archivo La Nueva.

Por Sergio Daniel Peyssé / peche1503@hotmail.com

Instagram: @sergiopeysse

Twitter: @elpeche1973

(Nota ampliada de la edición impresa)

   Dio no sé cuantas notas y entrevistas a lo largo de sus 23 años de trayectoria futbolística a nivel local y regional. Innumerables diría yo.

   Pero ésta, la que usted se encuentra leyendo, es distinta, especial, hasta me animaría a decir fuera de lo común para un arquero siempre correcto, que hizo de su profesión un culto y de su pasión un amor incondicional que lo marcó para el resto de su vida.

   Tal vez sea porque hace 15 días llegó a la friolera cifra de 400 presencias en distintos arcos de la Liga del Sur, o porque sabe que con 39 abriles (el 19 de octubre cumple los 40) siente en carne propia que el día del retiro está más cerca que nunca.

   Rodrigo Carlos Martínez vive alargando el tiempo, se maneja profesionalmente en un nivel semiamateur y el que lo vio atajar no me va a dejar mentir: ya es uno de los goleros más sobresalientes en la centenaria historia de nuestro fútbol local.

   Desde hace seis temporadas es el 1 de Libertad, donde justamente formó su carácter y su personalidad jugando en la categoría `82, en infantiles, una época donde ya se ponía énfasis en mitos y realidades sobre un puesto donde tenés que congeniar la forma de ser con la locura de parecer, simbiosis con la que no todos los de buzo y guantes pueden convivir.

   --Ya está, te presenté a mi manera, ahora te toca hablar a vos. O, mejor dicho, de vos...

   --¡Cómo pasó el tiempo! Cuando los entrenamientos y los partidos son parte de tu rutina, parece que todo es lento, porque hay momentos donde las imágenes no se esfuman de un día para el otro, pero cuando mirás para atrás y ves la transformación que sufrió el deporte y la sociedad, comparando la etapa actual con la de mis inicios, allá por principios de los noventa, te das cuenta que sí, que pasó mucha agua por debajo del puente, como se suele decir.

   “Ese cambio generacional lo ves reflejado en los pibes de ahora, en sus hábitos y costumbres, y ahí me doy cuenta de todo el trayecto por el que transité, siempre con el orgullo de saber que en mi carrera fueron más los momentos gratos que los sinsabores”.

   El café se enfría mientras Rodri mantiene sus ojos clavados en un horizonte imaginario del que no quiere volver. En su casa, sentando en el comedor de todos los días, por un instante se introduce mentalmente en un mundo lleno de alegrías y tristezas, que circulan alrededor de una vocación que siempre tuvo forma redonda, de pelota, de balón, o de eso que suele movilizar masas humanas al por mayor y que de vez en cuando remueve fibras íntimas a la máxima potencia.

   --¿En qué pensás?

   --Es como decís vos: más allá de haber llegado a los 400 partidos (en realidad ya son 401), esta es una nota particular porque se acerca el momento del retiro, ese adiós inevitable que todavía no puedo recrear en mi mente ni sentirlo en el corazón. Pero sabés que está por llegar, porque te empezás a acordar de gente que, en las buenas y en las malas, ayudó para que uno pueda arribar con gusto a este presente.

   “El reloj biológico no miente, ni atrasa, y soy consciente que queda poco, aunque también sé, y aprendí, que no me debo arrepentir de nada, así me haya equivocado mil veces. Lo que hice fue con vocación, compromiso y ganas, más allá de los disgustos lógicos de cualquier actividad, trabajo o este bendito empleo de ser arquero”.

   --¿Seguís disfrutando como cuando tenías 20 años?

   --Sí, porque desde que debuté en el arco de Villa Mitre, en octubre de 1999, me convencí que iba a vivir momentos únicos e irrepetibles, como este de los 400 partidos, donde me hicieron emocionar con un video y los saludos de personas que no veo desde hace 25 años. No soy de lágrima fácil, pero a esta edad y valorando todo lo que me dio el fútbol, uno se pone sensible por más que no lo quiera.

   “Es un gracias infinito para todos aquellos que me permitieron y me permiten ser lo que soy, como persona y laburante de un deporte que cualquiera puede practicar pero donde es difícil mantenerse y trascender”.

   --¿Cuántas veces, por razones personales o por alguna “crisis” futbolística, pensaste: “es momento de largar todo”?

   --Varias. Casi siempre las dudas surgieron por el tiempo que le estaba quitando a mi familia, mis hijos crecen (Anita, de 7 años y Manuel, de uno) y yo no aflojo; hay días que llego de entrenar y los veo apenas un ratito antes de que se duerman, y eso genera que la cabeza, en determinadas ocasiones, arribe a limites impensados y quede a punto de estallar.

   “Así como uno tuvo el apoyo de sus padres desde chico, a mi me gustaría retribuirle a mis hijos el tiempo que no estoy en casa. Lo vivo pensando, y eso genera angustia y un poco de malestar, pero a su vez tengo el apoyo que necesito para poder seguir jugando y disfrutando de uno de los placeres más hermosos que me ha dado Dios”.

   “También el tiempo te produce un desgaste, estás más cansado y las energías entre tus distintas obligaciones y ocupaciones ya nos las regulás como antes, aunque seguís adelante por tu espíritu de lucha y ese amor por todo aquello que tenés, hacés y querés. El fútbol me ha quitado poco dentro de lo mucho que me ha dado”, declaró Rodrigo, en pareja desde hace 15 años con la tornquistense Gisela Uriarte.

   --Alguna vez, ¿te levantaste sin ánimo y sin ganas de ir a entrenar?

   --No, aunque en el último tiempo me viene pasando que, por cuestiones laborales, cansancio o dolores que aparecen más seguido, me cuesta estar al cien por ciento en los entrenamientos. Nunca me sentí desganado, pero a veces se me complica arrancar y el tiempo de recuperación es más lento después de un partido o una práctica.

   “Cada fin de año llego a la misma conclusión: ya está, hice lo suficiente, le dediqué el tiempo que le tenía que dedicar; pero no, siempre hay un resquemor interno, y en pleno receso, cuando se acerca otra pretemporada, cargás las pilas y asumís otro desafío, por supuesto con el apoyo y el empuje de tu familia, que te da el aval para que sigas adelante con esa pasión que vos sabés que no querés abandonar”.

   --Claro, vos nunca un “no”.

   --El día que deje de jugar será por decisión propia, porque me vacié en lo deportivo y en lo mental, y no por una situación compleja o de fuerza mayor, como puede ser una lesión o algo por el estilo.

 

No hay nada más lindo...

   Sí, que la familia unida. A Rodrigo lo siguen desde siempre mamá Olga, sus hermanas Silvina y Jorgelina y sus sobrinas Maite y Clara, además de Gisela, Anita y Manuel, todos prendidos al alambrado y bien cerca del actual 1 de Libertad, en el Manuel Manzano de Villa Rosas o en el lugar que sea.

   

   “Sin ellos nada hubiese sido posible”, aclaró el guardameta nacido en el barrio San Martín, quien retornó sobre sus pasos tratando de imaginar el día que el fútbol ya no sea parte de su vida.

   “No va a ser fácil, desde que tengo uso de razón siempre estuve ligado a este deporte. Aunque debo reconocer que todo cumple un ciclo y que hay que darle espacio a los chicos que están arrancando y que tienen las mismas ilusiones que tenía yo cuando me vestí de arquero por primera vez. Ojo, pese a mi edad, me siento entero y con la motivación necesaria para afrontar lo que venga, pero el día de colgar los guantes va a llegar, no puedo ir contra eso. No tengo miedo ni me genera pánico, pero sé que no será fácil sobrellevarlo, sobre todo en los primeros tiempos”.

   --El arquero, ¿llega a su madurez al inicio o en la parte final de su carrera?

   --Los años me fueron curtiendo, aunque el nivel de ahora no dista mucho del que tuve cuando debuté Primera. A la experiencia la acompaño con el adiestramiento físico, hoy por hoy fundamental para las exigencias que impone el fútbol. Si no entrenás como un profesional no podés competir. En esta Liga, más que en otras, se nota mucho si das ventajas en lo físico y en lo futbolístico. Te lo resumo: no te queda otra que entrenar al cien por ciento y muy en serio.

   “Con el paso del tiempo me pude ir reinventando para estar siempre a la altura de la competencia”.

   Y fue más preciso aún: “hoy un arquero, con las distintas presiones que existen dentro y fuera de un campo de juego, necesita estar mentalmente preparado. Más allá de las condiciones que pueda llegar a tener, es esencial estar bien de la cabeza, porque en nuestro puesto, un error, puede modificar un resultado, sobre todo negativamente. Además de ser responsable y de asumir que tenés que ir al arco en cada presentación de tu equipo, hay que ser fuerte para soportar criticas y adversidades, siempre y cuando te lo tomes en serio y, entre comillas, quieras vivir de esto”.

   --El puesto más ingrato de todos.

   --No queda otra que convivir con el error y entender que todos los días tenés que prepararte para afrontarlo. En algún momento va a suceder lo que no querés, pero esa equivocación no se puede transformar en frustración.

   “Con el paso del tiempo vas fortaleciendo el carácter, te manejás de distinta manera y no dramatizás tanto si fallaste en una jugada clave o tuviste una mala tarde, pero si el yerro es tuyo y tu equipo perdió, esa culpa no te la sacás ni al día siguiente ni en toda la semana”.

   --Me quedé pensando: por lo que decís, un arquero que no está bien físicamente no puede atajar.

   --No, no quise decir eso, puede ir al arco, aunque le va a costar atajar porque la exigencia es cada vez mayor y los arqueros deben evolucionar a la par del juego y de los jugadores. Caso contrario, quedamos muy lejos de lo que propone el fútbol actual; y te puedo asegurar que se nota --y muchas veces en el resultado-- cuando un arquero no hace lo que tiene que hacer o no se prepara como realmente demanda la competencia.

   --¿Tuviste que aprender a jugar con los pies?

   --Es una herramienta fundamental para que hoy en día un aquero sea completo. Vengo de una época donde prácticamente los pies no se utilizaban, aunque me fui acostumbrando. ¿Si me costó? No, porque en los picados o en una juntada con amigos jugaba al centro, de delantero, y eso me dio ductilidad en el manejo y en la pegada.

   “El fútbol moderno te exige, más allá de tus aptitudes y condiciones, a trabajar con los pies dentro y fuera del área, libre o con presión del adversario. Es indispensable perfeccionar la técnica para no dar ventajas de ningún tipo”.

   --Perdón, ¿delantero dijiste?

   --Por los puntos siempre fui al arco, pero con los amigos juego adelante, de punta. Me cargan, me dicen que soy de pocos goles, pero lo mio es el sacrificio, ser uno más a la hora de recuperar la pelota.

   --Suena poco convincente.

   --Ja, ja... En infantiles, cuando faltaba algún jugador, uno de los dos arqueros que conformaban el plantel iba a ocupar ese puesto vacante. Jugué de volante por derecha, de central y en algún que otro partido de 9, bien de referente de área. Habría que revisar los registros, algún gol debo tener en la `82 de Libertad.

   --Categoría que compartiste con el árbitro más famoso de Bahía.

   --Seee... Un orgullo. Facundo (Tello) llegó a Libertad un año después que yo, desde el barrio Rucci, y se adaptó enseguida a una divisional aguerrida y metedora. Era un 9 potente, de pelo largo, fachero, de muy buenas condiciones; el “Tortu” para nosotros y la barriada. Excelente pibe, tranquilo, amable y buen amigo. Mañana te lo cruzás por la calle y te das cuenta que no cambió en nada, que sigue siendo el mismo de siempre.

   --¿Qué técnico te probó como defensor y volante?

   --Raúl Ortiz, quien ya no está en el club. Yo tenía 10 años, por eso tal vez nadie se acuerde que alguna vez me calcé la 2, la 8 o la 9. Los hinchas, al menos las generaciones que van a la cancha, me vieron siempre como arquero.

 

Con los planetas alineados

   En el ambiente del fútbol es muy común escuchar que los arqueros tienen un cierto grado de locura y que difícilmente pase desapercibido en un plantel.

   --Vos debés ser la excepción a la regla.

   --Nooo... Todos tenemos ese grado de locura que nos hace parar abajo de los tres palos. Algunos la exteriorizan más que otros, pero ya la posición que ocupás te hace ser distinto al resto, y a eso muchos le llaman locura. Tenés que tener los genes y los planetas alineados para poder mantener un equilibrio mental y emocional, porque existen momentos donde tu equipo gana y no tocaste una pelota y otros donde te atacan mil veces y te comés cinco goles. Si estás bien de la cabeza, todo se digiere y pasa.

   --¿Cuál es tu locura?

   --Por lo general soy pacífico, pensante y estructurado, pero cuando compito quiero ganar a todo. No soy de exteriorizar sentimientos ni de cargar a los rivales, y los que compartieron plantel conmigo saben como actúo dentro y fuera de un vestuario, que si me enojo es por una causa justa y para defender a muerte la camiseta que tengo puesta.

   --Alguien me comentó: “loco no es, pero si se enoja arde Troya”.

   --Tengo carácter fuerte y siempre trato de dejar en claro mi punto de vista, en cualquier situación y en el lugar que sea. No me vas a notar nervioso y menos que menos a los gritos o haciendo papelones.

   “He tenido discusiones fuertes con compañeros, pero nunca me agarré a trompadas con nadie. Por ahí alguno está de acuerdo con mi forma de ser o de expresarme y otros no las comparten, pero trato de que todos tengamos los mismos derechos y persigamos un fin común más allá de pensar diferente”.

   Tres de las cuatro expulsiones que sufrió en su carrera fueron en Bella Vista, durante un corto lapso de tiempo entre 2013 y 2014.

   --¿Qué pasó?

   --Mucha mala suerte...(risas). Dos fueron por cometer faltas siendo último recurso, y la otra por una supuesta falta a Linares que no existió, porque yo salté para que no defina por arriba y el Pato, que venía en carrera, me chocó. Eran momentos donde no nos salía nada y yo pecaba de ansiedad y nerviosismo.

 

A un palo

 

   Un partido. “Atajando para Pacífico en cancha de Comercial, contra el Olimpo de Litre, Filippini, Furch, Ceccani, Valderrama y compañía. Me comí un peloteo infernal y perdimos 1-0, pero atajé mucho, hice un partido bárbaro y me fui conforme más allá del resultado. El gol lo hizo Julio Furch de penal, hoy campeón en México, ¿no te parece que le fue un poco mejor que a mi...(risas)?”.

   Un gol lindo. “Uno que me hizo Fernando Priore, de tiro libre, en Punta Alta, en un Sporting-Bella Vista por el Argentino B 2007. Lo tengo grabado en un VHS y cada vez que puedo lo vuelvo a ver porque me cuesta entender donde entró la pelota, bien en el ángulo, inalcanzable para cualquier arquero. Empezamos perdiendo y lo dimos vuelta para ganar 2-1, pero yo esa noche no pude dormir; fue el mejor gol que me marcaron”.

   Un gol feo. “De esos tengo para hacer dulce. Todavía hoy, después de casi tres años (25 de agosto de 2019), no sé si me equivoqué o fue virtud del pateador, pero el gol fue muy raro. Me lo hizo Llanos, de Tiro, desde la mitad de la cancha, en Villa Rosas, enganchando una pelota de volea, alta, que parecía que se iba a cualquier lado pero con el viento se metió dentro del arco. Me sorprendió, estaba en la puerta del área grande, retrocedí, pero no llegué, venía envenenada y haciendo zig-zag. El (Llanos) estuvo bien, por su repentización y por saber que yo estaba adelantado”. Ese día, Rodrigo llegaba a las 100 presencias en la valla milrrayita.

   La tarde olvidable. “En realidad fue una noche, en 2012, jugando para Comercial en cancha de Tiro. El cotejo terminó 5-4 a favor nuestro gracias a un gol de Martín Di Santoro de otro contexto. Lo más triste es que me patearon tres veces y me comí cuatro pepas. Como alguna excusa tenía que poner, le eché la culpa a la luz, que no era buena y que encandilaba, aunque en realidad fue uno de esos partidos donde la pelota va para un lado y vos para el otro.

   “Tenía ganas de que termine para no equivocarme más; el pitazo final lo festejé como un triunfo, me quería ir a mi casa. Nunca había estado tan desenfocado, me pasaron todas, hasta un tiro libre de Mondelo vi pasar por debajo de la barrera sin poder reaccionar”.

   Al jefe. “El único gol que tengo en la Liga fue de penal, a Juan Pablo Elizondo (su “patrón” en la empresa donde trabajan), él atajando para Bella Vista y yo para Pacifico. Le pegué duro a un palo, bien pateado; ni yo creía que podía meterse en la rinconera. El `Flaco´ ni se movió, tampoco me felicitó, pero ganamos 1-0 y el festejo fue doble”.

   El que atajó. “Uhhh, le contuve un penal a Pablo Stortini, él en Pacífico y yo, con 19 años, haciendo mis primeros pasos en Villa Mitre. Le dio con un fierro, abajo contra un poste, y no me arrancó la mano de milagro. Cada vez que me ve, el `Torta´me aclara que sigue sin poder creer como me estiré para tapar el remate, pero en realidad piensa: `cómo un pibito me pudo atajar semejante penal´, ja, ja. Fue en El Fortín, en el arco que da a calle Godoy Cruz”.

   “La” roja. “En la final por el ascenso, en 2002, en cancha de Liniers, Villa Mitre y La Armonía estaban jugando un partidazo, hasta que a los 42 minutos, el árbitro Jorge Ruiz me mostró la segunda amarilla y la roja por un choque inevitable con Walter Linares. Antes me había amonestado por hacer tiempo, pero se había empecinado en echarme y lo hizo en una jugada donde no hubo ni foul”.

   “Te la cuento: el `Pato' quiso definir por arriba, yo salté como un arquero de hándbol en el borde del área grande, la pelota me dio en el pecho y se fue afuera, pero con el envión, Linares me terminó chocando, no hubo ninguna intención de hacerle falta, pero el referí cobró y me expulsó. Ibamos 1-0 y todavía hoy no sé que vio el `Caballo´ (Ruiz), a quien no le podías protestar ni por el clima. No levanté la pierna, nada... Y siempre hago la misma comparación: a Neuer, en la colisión con patada voladora a Higuaín en la final de Mundial 2014, lo tendrían que haber metido preso y no le cobraron ni foul”.

   El mejor equipo. “Integré grandes planteles, aunque el Villa Mitre de 2003, dirigido técnicamente por Julio Román, era un equipazo. Para algunos partidos solían bajar jugadores del Federal A, pero la base era siempre la misma. Podían cambiar o hacer retoques en todas las líneas, pero era un equipo con carácter, personalidad y poder de gol”.

   Un árbitro. “Cada vez que dirigía Gabriel Spinella era una tranquilidad. Llevaba muy bien el partido, no fallaba en la conducción y sabía entender al jugador. Cuando más caliente se ponía el trámite, él, en vez de echar leña al fuego, calmaba los ánimos y encontraba la forma para que el partido no se le complique. Independientemente de un resultado, a favor o en contra, siempre lo vi dirigir correctamente”.

   Un DT. “Es una decisión compleja, porque la frase, muy real, dice: `de todos aprendí algo´. Tuve muy buenos entrenadores, incluso algunos dos veces, pero si tengo que englobar todo (personalidad, manera de ser, manejo de grupo y conocimientos futbolísticos) en una persona, elijo a Roberto Canutti, quien solo me dirigió dos meses en Sporting, tiempo que me bastó para conocer a un tipo de códigos, de ley, frontal, de calle y muy querido en Punta Alta”.

   “Me marcó en situaciones que me sirvieron para crecer y mejorar en la vida misma, me bancó y me cuidó en una etapa difícil de mi carrera, cuando me había ido de Villa Mitre después de muchos años. A veces mal hablado en las prácticas, pero de corazón gigante. Cuando llegábamos de viaje, a las 5 de la mañana, sacaba el auto del garage para traernos a Bahía. Estaba en todos los detalles, incluso si la práctica terminaba tarde, te llevaba a su casa a merendar. Hoy no se ven personas así”.

   Un dirigente. “Uhhh, más difícil que la elección del técnico. Es complicado encontrar un dirigente que tenga aceptación entre sus colegas, con los árbitros, los hinchas y los jugadores. Siempre me convenció la forma de manejarse de Gustavo Salazar en Villa Mitre. Te podía gustar o no, pero te hablaba de frente y te cantaba la justa”.

Sus clubes

 

   Libertad (Infantiles y Primera, desde 2016 a la actualidad): “Mi primera casa, donde empecé a darme cuenta que quería jugar al fútbol con la idea de trascender y, si se podía, llegar a vivir de esta profesión. Todos los días jugaba en la plaza o en los potreros con amigos, pero yo quería aprender, que alguien me enseñe de otra manera. Libertad me dio esa posibilidad con formadores de vocación, que más allá de enseñarte a jugar también te educaban”.

   “Con menos recursos y pocos lujos, aprendimos mucho. Se valoraba la contención, la formación y se sabía de donde venía cada chico que se iniciaba en el club. Libertad reforzó la educación que yo traía desde casa”.

   Villa Mitre (1999-2006): “Me enseñó a ser profesional; desde temprana edad me tocó compartir planteles con futbolistas que venían de refuerzos y de otras ciudades, jugadores de mucha experiencia, con los que aprendí por el solo hecho de compartir, convivir o mirar lo que hacían”.

   Sporting (2007): “Un hermoso club, en el que siempre quise jugar. Si algún día me tenía que ir de Villa Mitre, el destino debía ser Sporting, y así se dio. Una institución cien por ciento pasional, imaginate que me alejé de un club con muchísima convocatoria para pasar a otro donde el hincha se hace sentir siempre y en todos lados. Compartí equipo con excelentes seres humanos, con los que hoy todavía nos seguimos relacionando. Un paso inolvidable en mi carrera”.

   Pacífico (2009-2010): “Me permitió reinsertarme en el fútbol después de un año sin actividad (2008), cuando me fui a trabajar (es radiólogo) a Neuquén, a experimentar en medicina laboral. Al regreso, me costó ponerme a entrenar otra vez, pero por una cuestión familiar, el verde me abrió las puertas para que yo me motive otra vez”.

   Comercial (2011-2012): “Un club muy pasional. Llegué en un momento difícil, pero me tocó ser parte de un hecho histórico sin precedentes en la Liga del Sur, como fue ascender de la B a la A ganando la serie de Promoción, nada más y nada menos que a Huracán, el clásico rival. Cuando voy a White, el hincha comercialino me lo recuerda. Todavía siguen las cargadas, así que imaginate lo importante que fue”.

   Bella Vista (2013-2014): “Uno de los clubes más ordenados de los últimos tiempos. Conformé grandes equipos y tuve muy buenos compañeros. Aprendí mucho”.

   Automoto (2014-2015): “Un club familiar y en constante crecimiento. Juega en una Liga (la de Coronel Suárez) que evolucionó muchísimo, en algunos aspectos más que la nuestra. Automoto, con pasos cortos y firmes, va para adelante porque lo maneja buena gente, saludable, con valores. Tengo el mejor de los recuerdos; incluso me ofrecieron ir a trabajar cuando deje de jugar. Siempre me trataron de diez”.

 

5


   Sus festejos en el fútbol. Con Villa Mitre (ascenso a Primera 2002, a la B Nacional 2005 y campeón Oficial 2003), Pacífico (ascenso 2009) y Comercial (ascenso 2011). En el tricolor jugó 76 partidos, en Bella Vista 57, en Pacífico 50, en Comercial 47, en Sporting 30 y en Libertad 141. La cuenta da 401