Bahía Blanca | Jueves, 01 de diciembre

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Fraude hereditario: absolvieron a todos los integrantes de la familia Herro

El fallo lo dictó el juez en lo Correccional Nº 1, Gabriel Giuliani, quien consideró que el demandante no tenía la sentencia de filiación cuando se dispuso la sucesión.

Fotos y videos: Pablo Presti-La Nueva.

   Los 6 integrantes y allegados de la familia Herro que llegaron a juicio acusados de cometer un fraude hereditario en perjuicio del hijo del contador Adolfo Herro, asesinado en 2005 en Cariló, fueron absueltos por la Justicia.

   El juez Gabriel Giuliani dictó hoy el fallo, luego de dos horas de lectura del veredicto, y consideró que no se probó la materialidad del delito.

   El titular del Juzgado en lo Correccional Nº 1 consideró que el trámite de filiación iniciado por Maximiliano Antonio Rodríguez Labastía -único hijo natural del contador- fue simultáneo a la sucesión que había iniciado la familia y que este último procedimiento concluyó antes.

   Quiere decir que, según el magistrado, la única heredera legítima al momento del crimen del contador era la madre Beatriz Pennacchiotti (ya fallecida), que podía disponer de los bienes porque la ley se lo permitía y que la situación de Rodríguez Labastía, hasta ese momento, era solo potencial.

   En consecuencia, los beneficiados son los hermanos Gustavo y Eugenio Herro; Juan Marini; Enrique Pérez Ronda; Hugo Osvaldo Adobatti y María Josefa Rodríguez.

   El juez no compartió la postura del fiscal Gabriel Lopazzo, a cargo de la investigación y la acusación, para quien, desde el 25 de julio de 2005, cuando se produjo el asesinato en Cariló, estas personas, mediante ardid y engaño, realizaron un conjunto de maniobras de estafas para desapoderar a Maximiliano Antonio Rodríguez Labastía, a quien le correspondía la herencia legítimamente como hijo único.

Maximiliano Rodríguez Labastía, de pie, detrás del fiscal Lopazzo.

    Por este caso también estaba imputada la exfiscal y legisladora María Marta Corrado, exmujer de Eugenio Herro.

 
      Al término de la lectura, Juan Marini, uno de los acusados absueltos, dijo: "Si hay algo de ropa sucia, se lavara en casa".

Las maniobras, según la acusación

   Meses después del crimen del contador Herro, los acusados habrían vendido dos propiedades suyas. 

   Las operaciones, según la fiscalía, se hicieron el mismo día -2 de diciembre de 2005-, en la misma escribanía, "con precios irrisorios y a personas insolventes". 

   Se trata de un piso en el centro de La Plata y del chalet ubicado en el Golf Club de Cariló, donde se produjo el asesinato.

   María de Lourdes Giménez, pareja del contador al momento del homicidio, declaró que el piso tendría un costo de 280 mil dólares y se vendió a 62 mil. 

   La casa de Cariló, ubicada en un lugar de privilegio, costaba unos 300 mil dólares y se vendió a 85 mil.

   A los acusados también les imputaban haberse quedado con la costosa colección de armas del contador, que pasó a nombre de sus hermanos.

   Esta situación se acreditó con los allanamientos en domicilios de la primera cuadra de la calle Dorrego (Gustavo Herro), Alvarado al 300 (Juan Alberto Marini) y en el barrio Bosque Alto (Eugenio Herro), donde se secuestró gran cantidad de armas de fuego, cuchillos y documentación perteneciente a Adolfo Herro. 

   Tras el crimen, la madre del contador, Beatriz Pennacchiotti (ya fallecida), y sus hermanos, Eugenio y Gustavo, así como otros allegados a la familia (Marini, Pérez Ronda, Adobbati y Rodríguez) habrían realizado este conjunto de maniobras tendientes a licuar la herencia que le correspondía a Rodríguez Labastía, en medio del proceso filiatorio.

Sentencia de filiación

   El 2 de septiembre de 2008, la Justicia confirmó en una sentencia que Maximiliano Rodríguez Labastía era hijo natural del contador Adolfo Herro.

   El hombre nació fruto de la relación de su padre y Silvia Rodríguez, circunstancia que era conocida por la familia de origen, ya que asistió a reuniones familiares y sociales y hasta concurrió a su velatorio y sepelio. 

   A poco de quedar embarazada, Rodríguez se separó del contador Herro y su hijo fue anotado con el apellido de la madre, aunque al crecer comenzó a tener trato fluido con su padre, especialmente a partir de 2005, meses antes del homicidio. 

   En la causa se pudo acreditar que el joven viajó a La Plata, donde vivía el contador (alojándose 3 días en su departamento) y que en todo ese tiempo recibía el trato de hijo.