193 Aniversario de Bahía Blanca

Una ciudad de contrastes y sueños rotos que siempre aspira a más

11/4/2021 | 06:30 |

Varios son los proyectos, algunos de enormes dimensiones, con posibilidades de concreción en una Bahía Blanca que, paradójicamente, aún no tiene resueltos servicios elementales.

Fotos Pablo Presti, Rodrigo García y Archivo La Nueva.

Por Adrián Luciani
aluciani@lanueva.com


   A Bahía Blanca nunca nada le fue fácil ni jamás algo le cayó del cielo. 

   Poco a poco, a lo largo de casi 200 años, tuvo que ganárselo todo y hasta le fueron quitadas varias cosas que por mérito propio merecía. Por ejemplo, ser capital de una nueva provincia y el tráfico de fruta y pescado por sus puertos.

   Hoy, como sucede en cada nuevo aniversario, resulta ineludible hacer un balance, poner sobre la mesa el debe y el haber de una ciudad que, como todas, ha intentado sobrevivir de la mejor manera a una decadencia argentina que ya lleva varias décadas.

   En ese sentido, como decíamos en estas mismas páginas algunos años atrás, está claro que Bahía Blanca no pudo o no supo estar a la altura de lo que ella  imaginó para sí misma a comienzos del siglo pasado, cuando pareció estar llamada a ser la capital de una nueva provincia o la “Liverpool del Sur”.

    ¿Exceso de optimismo? Es probable. Lo cierto es que poco a poco sus aires de grandeza y muchas de las expectativas creadas se fueron desdibujando como sucedió con la provincia y el país.

   Quizás también pueda decirse que se aspiró y se aspira a demasiado en un contexto general que no ayuda y menos ahora, en plena pandemia.

   En ese marco, Bahía Blanca llega a su 193 aniversario con una característica que ya le es propia: sus marcados contrastes.

   Mientras por un lado aparece la ciudad sedienta que en primavera – verano reclama por un mísero litro de agua, por el otro muestra (aunque, es cierto, con muchísima demora) la construcción de dos grandes autopistas.

   No menos evidente, y en un proceso que parece haberse acentuado en las últimas dos décadas, surge un norte opulento y con muy buena provisión de espacios verdes, frente a un sur castigado, poblado cada vez más por asentamientos con necesidades básicas insatisfechas.

   Y en este escenario de contrastes podría incluirse, sobre todo tras la irrupción del Covid 19, un sector comercial devastado, que lucha por seguir de pie, frente a un área portuaria e industrial que ha sorteado con bastante éxito la crisis.

   Otro ejemplo claro de esta ciudad de contrastes se manifiesta en sus principales paseos públicos, por caso los parques de Mayo e Independencia, donde una simple recorrida permitirá comprobar que la mayoría de sus ornamentaciones y mejoras se remontan, en algunos casos, a 100 años atrás.

   Ni hablar de tesoros arquitectónicos como los edificios de los bancos Nación (¿tardará décadas su reconstrucción?) e Hipotecario y la ex usina General San Martín, más conocida como el Castillo de Ingeniero White.

   Del otro lado de un mismo mostrador aparecen algunos emprendimientos privados que muestran un perfil de ciudad pujante, por caso el nuevo hotel que se construye sobre el ex Camino Parque Sesquicentenario, el edificio de la Asociación de Cooperativas Argentinas en avenida Cabrera, las grandes torres de departamentos y una megaestación de servicio en la autovía Juan Pablo II, entre otros proyectos.

   Otro contraste: esa siempre optimista y recreada visión de la Bahía Blanca del futuro mientras no pocos jóvenes emigran por falta de posibilidades laborales o porque una visión eurocéntrica del mundo los hace buscar un mejor horizonte en el Viejo Continente.

   Grandes proyectos

   Por supuesto, hoy por hoy, varios proyectos ya llevan algunos años en danza y aún no fueron concretados siguen teniendo chances de convertirse en realidades.

   Por ejemplo, uno que hasta el año pasado parecía condenado al olvido y que ahora renació de las cenizas es el ramal ferroviario Norpatagónico, más conocido como Tren Bahía Blanca – Vaca Muerta.

   En 2019 la administración de Mauricio Macri recibió un duro golpe en sus aspiraciones para concretarlo cuando las petroleras le dieron la espalda y fracasó la licitación lanzada por los cupos de carga.

   Hoy la iniciativa regresa de la mano de inversores chinos y rusos, y en mayo próximo Alberto Fernández podría sellar la obra con CMEC (China Machinery Engineering Corporation), firma que está dispuesta a invertir 784 millones de dólares.

   Pero eso no es todo. Desde el ministerio de Transporte se informó que la idea es más ambiciosa ya que apunta a extender los rieles hasta Chile, concretando así la parte nacional del más que centenario proyecto del Ferrocarril Trasandino del Sur.

   Obviamente, habrá que ver para creer, sobre todo en un año electoral como este, pero la propuesta no sólo fue lanzada por el ministro Mario Meoni a La Nueva, sino que también fue anunciada por Alberto Fernández.

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   Aún resta definir la traza del recorrido del Tren a Vaca Muerta y del Trasandino, que podrían conectarse con Loma Campana a través de Challacó, de Cipolletti o incluso desde Chichinales.

   También hay posibilidades de que el tren pase por Rincón de los Sauces, no sólo para dotar a esa región de insumos para la extracción de los hidrocarburos sino para potenciar las explotaciones mineras en el sur de Mendoza, donde se extrae el potasio.

   Precisamente, años atrás fracasó un gran proyecto de la minera brasileña Vale para extraer ese mineral en la zona de Malargüe y llevarlo en tren hasta el puerto local, desde donde iba a ser exportado.

   También podría avanzarse este año con otra gran obra que tendrá incidencia en Bahía Blanca: el gasoducto desde Vaca Muerta.

   En este caso, y ante la escasez de inversores interesados en otras partes del mundo, desde la Nación miran hacia China y hasta allí llevará en mayo el presidente el proyecto de gasoducto troncal Tratayén – Salliqueló, el mismo que había sido impulsado por la anterior administración y cuya licitación desechó la actual, el año pasado.

   Se trata de un ducto de 1.000 kilómetros destinado a transportar la producción de Vaca Muerta, con una capacidad de transporte de 60 millones de m3 diarios y una inversión requerida de 2.000 millones de dólares.

   Su llegada a Salliqueló, para luego continuar hacia el norte bonaerense (San Nicolás) e incluso llegar a Brasil, siempre fue considerada una buena opción para motorizar la exportación de gas natural licuado (GNL) por barco desde Bahía Blanca y, al mismo tiempo, impulsar varios proyectos industriales de envergadura en el polo petroquímico de esa ciudad.

   En tal sentido, si bien la construcción de una segunda planta de Profertil en Bahía Blanca no depende de esta obra, su concreción posibilitará en un futuro no muy lejano que Transportadora de Gas del Sur (TGS) y Excelerate Energy avancen con la construcción de una planta terrestre de gas natural licuado (GNL), en la zona de Galván.

   Si bien en una primera etapa se trata de un proyecto menor al que también ha venido estudiando YPF, podrá ser construido en módulos escalables, según las necesidades del mercado y  requerirá una menor inversión, lo que lo torna más factible en caso de que la economía nacional se recupere.

   Mientras tanto, y en un elemento más que sirve para caracterizar a Bahía Blanca como una ciudad de contrastes, el 28 de mayo volverá a amarrar en el puerto un buque regasificador para procesar el GNL que Argentina deberá importar este invierno.

   Y en este combo de anuncios y especulaciones no puede eludirse el de Amazon y su danza de 800 millones de dólares en una gigantesca inversión.

   A fines del año pasado, dando por tierra con varias versiones, el Boletín Oficial de la Provincia de Buenos Aires terminó blanqueando las intenciones de Amazon Data Services en Bahía Blanca y Coronel Rosales.

   En la publicación del 1 de diciembre el gigante estadounidense pidió 18 meses de prórroga para comenzar la construcción de su centro de datos o almacenamiento de información en la nube.

   Como se recordará, para desarrollar ese proyecto, en 2019 había comprado tierras en los distritos de Bahía Blanca y Coronel Rosales y recibió la concesión de tres subzonas francas: “Tango Norte”, “Tango Central” y “Tango Sur”.

   Inicialmente la empresa debió haber empezado las obras antes del 31 de octubre pasado y ahora tendrá plazo hasta el 1 de mayo de 2022. 

   Esto es lo único concreto hasta hoy, aunque muchos son los que hacen votos para que se concrete una iniciativa que demandará 900 personas en los trabajos de construcción y 450 empleados, en su mayoría profesionales calificados, cuando entre en funcionamiento.

   Pero más allá de todos estos proyectos, Bahía Blanca requerirá a corto plazo avances concretos en servicios clave como los de  agua y cloacas.

   En cuanto al primero el drama quedó nuevamente evidenciado hasta hace muy poco, y en lo referente a las obras de saneamiento, no solo se torna imperiosa la extensión de servicios a numerosos barrios, sino también la incorporación de nuevas etapas a la planta de tratamiento Primera Cuenca para posibilitar su reúso industrial y evitar así el vuelco de contaminantes al estuario.

   Difícilmente llegue Bahía Blanca a su bicentenario con dos de sus principales problemas resueltos: la falta de asfalto y de forestación.

   Sobre ambos se ha venido hablando década tras década pero parece que tales falencias seguirán formando parte del ADN bahiense.

   Seguridad, medio ambiente, mayores posibilidades de empleo que eviten el éxodo de jóvenes, espacios verdes, salud, infraestructura urbana, mejores medios de transporte, son sólo alguna de las necesidades que Bahía tiene en común con la mayoría de las ciudades argentinas.

   Afortunadamente, y por contraste, en esta al menos existen medios y proyectos capaces de dar alguna respuesta.

   No es mucho, pero es suficiente para seguir pensando en el futuro con moderado optimismo.

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