Bahía Blanca | Domingo, 03 de julio

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Kioscos barco: ante un nuevo (y exitoso) destino en la ciudad

Se han puesto en valor, generan puestos de trabajo y, de alguna manera, muestran una articulación virtuosa.

Foto: Archivo-La Nueva.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   Luego de años de usos parciales, de permanecer abandonados o cerrados y de bordear la demolición, finalmente los históricos kioscos municipales, conocidos como kioscos-barco, van redefiniendo su uso y destino, luego de que la comuna convocara a licitación buscando interesados en su explotación.

   Construidos entre 1938 y 1940 para reemplazar a los kioscos de chapa, tipo pagoda, considerados por entonces como “vetustos y antiestéticos”, este equipamiento urbano fue diseñado desde las oficinas del municipio con un estilo completamente novedoso y moderno como era el art déco, generando pequeñas piezas de atractivo diseño, con una propuesta arquitectónica que, por entonces, se imponía en ciudades como Miami, Hollywood y Nueva York.

   La designación de kiosco-barco se comenzó a utilizar a fines de los 90, cuando la Bolsa de Comercio realizó la puesta en valor del edificio del exbanco Español, en la esquina de Chiclana y avenida Colón.

   El director de ese trabajo, uno de los máximos expertos internacionales en la materia y expresidente del Patrimonio Mundial de Naciones Unidas, el arquitecto Jorge Gazaneo, sugirió demoler el kiosco de esa esquina y retirar el escaparate de revistas, con la idea de mejorar la visual de la fachada del edificio.

   La iniciativa, acaso de manera inesperada, generó un rechazo en la opinión pública que, luego de años de indiferencia, redescubrió estas pequeñas obras. Gazaneo modificó entonces su postura y habló de respetar el kiosco-barco.

   La referencia obedece a que el art déco resuelve muchas de sus obras siguiendo la línea de diseño de los barcos, sus cabinas y, sobre todo, el modelo de los grandes transatlánticos construidos en las décadas del 30 y 40. A partir de entonces, todos los kioscos salieron del olvido (seis en total; ya estaban demolidos los ubicados en White y en Punta Alta) y ahora van teniendo un nuevo destino.

   A partir de este año, estas pequeñas piezas se han reinventado, a despecho de su reducida superficie y de una supuesta incomodidad para trabajar.

   De acuerdo con datos proporcionados desde la secretaría de Movilidad urbana y Espacios públicos, los kioscos ubicados en las plazas de Villa Mitre y la plaza Rivadavia —concesionados a una cadena de comidas rápidas— son “una máquina de vender” y han generado cerca de 30 puestos de trabajos.

   La misma empresa trabaja, por estas horas, en la readecuación del kiosco ubicado en Alem al 1400, que ocupará una cantidad de personal similar y se espera esté habilitado antes de terminar el año.

   El kiosco de Chiclana y avenida Colón (Bolsa de Comercio) se está terminando de adecuar para instalar una cafetería a cargo de la firma Cla y Bigliardi. Para eso modificó su sistema eléctrico, se renovó el piso, se pintó y colocaron nuevas aberturas.

   En Colón y Vieytes se instalará la boutique del pan, cuyas obras de adecuación se iniciarán esta semana.

   De los kioscos licitados, sólo dos no encontraron interesados: el de avenida Cerri al 700 y el de la plaza Brown (Brown y Luiggi). El primero es, por su ubicación, el más complicado de rehabilitar, aunque desde la secretaría mencionan que ya hubo algunas consultas. Por el de plaza Brown se recibió una propuesta para instalar un puesto de comida saludable, el cual está en estudio y con muchas chances de prosperar.

Lo cierto es que los kioscos-barco se han puesto en valor, han servido para generar puestos de trabajo, están en uso y, de alguna manera, muestran cómo los privados encuentran un destino a instalaciones que pueden pensarse como inadecuadas u obsoletas.

   En la ciudad hay muchos edificios en desuso que podrían, a partir de estas situaciones mixtas, salir de esa penosa situación y potenciar áreas y zonas hoy degradadas.