¿Dónde está el deseo?

23/8/2020 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   La pandemia no vino sola, pues trajo y traerá gran cantidad y variedad de consecuencias. En este espacio denominado “Temas Vitales” abordamos todo lo vinculado con la Psicología; el tópico de hoy además de “vital”, es “psicológico”, y también fue atravesado por el coronavirus.

   ¡Deseos Vitales!

   Es muy habitual tener “el deseo” como también no tenerlo; en este tiempo muchas parejas expresan que la pandemia ha arrasado con el deseo sexual. Cabe preguntarse si así cómo se recuperan espacios y distancias será posible recuperar las ganas o si la “inapetencia” se prolongará durante toda la pandemia.

   Desgano, abulia, indiferencia, miedo, preocupaciones que se interponen, son algunos de los motivos que influyen en esta cuestión de “poner en acto el deseo”. A su vez en ciertas parejas, la preexistencia de problemas vinculares, acrecientan este distanciamiento.

   Algo que “a simple vista” parece simple y sencillo no lo es, porque para poder concretar una práctica sexual compartida se requiere “la sintonía” de ambas partes; a veces una parte puede y la otra no, una quiere y la otra no, y aquello que debiera ser fluido y hasta espontáneo reviste complicaciones que en ocasiones operan como bola de nieve acrecentando un problema.

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   ¿Idea romántica del confinamiento?

   Generalmente si uno piensa en un estilo de vida “simplificado”, en el que los deportes, las salidas, los encuentros y hasta el trabajo se ven restringidos de manera casi automática se asocia esa disponibilidad de tiempo con la posibilidad de contar con mayor tiempo para la intimidad; sin embargo este tiempo inaudito al que la humanidad asiste potenció en una gran cantidad de personas la falta de deseo sexual.

   Dónde está el deseo es la pregunta que muchos se formulan en tiempos de Covid-19. Sensible y condicionado por múltiples factores el deseo parece extinguirse, ya que el malestar cotidiano, las nuevas normas y las restricciones impactan en la forma de relacionarnos.

   Expertos en Sexualidad afirman que las experiencias y vivencias displacenteras inhiben aquello que debiera brotar de forma espontánea; a su vez el Sistema Nervioso Autónomo compuesto por el Sistema Nervioso Parasimpático y Simpático, regula diversas funciones. Incertidumbres, preocupaciones, ansiedad activan tensiones, luchas y huidas activando el sistema simpático e inhibiendo al sistema que regula placer, deseo y tranquilidad.

   Escuchar, comprender, poner en palabras preocupaciones facilitan la coordinación de aquello que debe ser puesto en el acto; expresar necesidades y faltas sin convertirlas en exigencias funcionan como vías de inicio para concretar un encuentro.

  En ocasiones es recomendable que cada uno intente encontrar la forma de conectar con experiencias placenteras, tal vez comenzar por el autoerotismo es una forma de despertar la mente y el cuerpo para registrar sensaciones que parecieran dormidas o aletargadas.

   Los espacios y momentos de encuentros no deben ser forzados ni exigidos; dialogar a veces deviene en acción y hasta despliega la imaginación que posibilita que surja el deseo y se reinventen muchas formas de hacer el amor.

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