Comportamiento individual, efecto colectivo

26/7/2020 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   ¡Dime cómo lo usas y te diré cómo eres!

   Alcanza con detenerse y observar para advertir que están quienes lo usan correctamente y en el lugar y el momento indicado; están quienes lo portan hasta en la soledad del auto y prácticamente es una “segunda piel”; están quienes lo llevan de “cuellito” o bufanda, y están quienes, contra la regla, desisten de su uso.

   El tapaboca o barbijo además de ser un elemento protector grafica explícitamente el comportamiento de las personas; y en este ir y venir de fases, en este paso de la catástrofe a la normalidad, las conductas son variadas.

   En esta nueva etapa, caracterizada por ciertos permitidos, podemos ver una variedad de comportamientos respecto de lo que se puede hacer y lo que no, respecto de lo que implica cuidarse y cuidar al otro y respecto de lo que implica la responsabilidad individual.

   Ya nadie duda de que la situación que vivimos es inédita y psicológicamente ha sido, es y continuará siendo un reto que nos arroja a estados de sorpresa, incertidumbre, miedo, aislamiento, adaptación, enojo, impotencia, resistencia…

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   De a poco y sin poder establecer con certeza “hasta cuándo”, vamos gozando de mayor libertad; podemos salir, en algunas ciudades se permite ir a un bar, a tiendas y hasta las tan aclamadas peluquerías; vivencias muy favorables para nuestra salud mental.

   Sin embargo, esta fase es crucial, pues el comportamiento individual indefectiblemente tiene efectos colectivos y la gran pregunta es ¿por qué hay actitudes tan diferentes en este intento por retomar lo que consideramos habitual o nueva normalidad?

   La pandemia se caracteriza por ser un tiempo muy “reglado”, por lo tanto quienes a lo largo de su vida aceptan adecuadamente la imposición de normas viven este tiempo sin grandes inconvenientes a diferencia de quienes tienen dificultades para aceptar y cumplir directrices.

   Otro componente es la percepción del riesgo. Así como el miedo en “su justa medida” es un “elemento protector” que nos permite además evaluar la probabilidad de contagio y tomar las medidas adecuadas, percibir el riesgo de manera distorsionada, creyendo que nada malo puede pasar genera el incumplimiento de los consejos sanitarios ocasionando un riesgo para sí y para los otros.

   Es evidente que en estos momentos, en los que ya se dificulta sostener el “encierro” se ponen en juego muchos factores. Las conductas reflejan en cierta medida si la balanza se inclina hacia el individualismo o hacia el bien común, comprender que es tiempo de velar por el bienestar colectivo y entendiendo que nadie está exento de padecer o contagiar la enfermedad.

   En tiempos excepcionales se requieren comportamientos excepcionales y hasta sostenidos en el tiempo. En cierta medida todos gestionamos esta pandemia, pues cada conducta, cada acción impactan y hacen a la totalidad, abonan el entramado que en definitiva nos contiene a todos.

   Más paciencia, más responsabilidad, mayor tolerancia a la frustración son factores claves en esta cuenta regresiva hasta la llegada de una vacuna; sin dudas el virus circula, el peligro ronda pero si somos conscientes el cuidado individual reportará en resultados colectivos.

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