Conviviendo con los monstruos

12/7/2020 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Algunos lo sentimos en carne propia, en estado de alerta permanente, salir a la calle altera porque el miedo a ser alcanzado flota en el aire y no hay máscara ni tapaboca que alcance a mitigar la sensación de fragilidad.

   Otros tal vez ya se han podido relajar, aunque continúa presente ese estado de vigilancia; y otros que creyendo tener “casi todo bajo control” vuelven a ser acechados como un monstruo en un juego de niños.

   El resultado es similar en todas las situaciones, llevamos meses conviviendo con “el Cuco”, con ese monstruo que en cuanto las personas se reúnen (más de 10) o achican las distancias (2 metros) aparece y como “mancha venenosa” te hace “tuba”.

   Y en este “macabro” juego los que peor la llevan sin dudas es el personal de la salud, las fuerzas de seguridad y quienes trabajan en supermercados; la problemática no deja a nadie ajeno, obviamente es prioridad lo sanitario, luego está lo económico, y cabe preguntarse dónde queda lo psicológico.

   Incertidumbre, angustia, indefensión, impotencia cuando otro rompe las reglas y nos “expone a muchos”, ansiedad, depresión, todos conceptos propios de la Psicología; muchos de ellos para gran parte de la población se “estrenaron” durante la pandemia, pues desconocían la sensación de paranoia, de tener pensamientos recurrentes y obsesivos, de pánico y de vivir estresados de forma permanente.

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   ¡Atención con el estrés! ¡Atención con el estrés postraumático!

   Según el DSM V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) el estrés postraumático “se caracteriza por la reexperimentación de acontecimientos altamente traumáticos, síntomas debidos al aumento de la activación (arousal) y comportamiento de evitación de los estímulos relacionados con el trauma…”; es decir que el evento traumático se vive como si fuera parte del presente y no hubiera quedado atrás.

   Como “el Cuco”, provoca a nivel corporal un estado como si volviera a enfrentar el problema una y otra vez, “exigiéndole” al cerebro a tener que escapar de lo que rememora ese trauma. Personal sanitario, cuidadores, mujeres y ancianos víctimas de maltrato, personas aisladas en instituciones, personas cuya economía y empleos están en riesgo, son los más vulnerables y propensos al síndrome de estrés postraumático.

   Insisto en lo poco que se ha atendido y atiende la salud mental durante esta pandemia, quienes desconocen la temática no dimensionan el costo social y económico de lo que implica un cuadro de estrés postraumático y sus consecuencias.

   A veces se considera que lo actual, lo urgente, es lo peor que se está atravesando, sin embargo desde la Psicología sabemos que en una pandemia, en atentados o desastres naturales generalmente lo más traumático surge a posteriori y está en relación con la conducta y las relaciones humanas.

   Registrar las emociones y evitar negarlas, mantener los vínculos con nuestros afectos brindándonos ánimo y esperanza, aceptar el miedo y hasta el desamparo propios del aislamiento, y en especial cuidarnos, posiblemente permitan hacer más llevadera la convivencia con este monstruo.

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