Mateo, el alumno de la UNS que vive en el campo y sube a un médano para conectarse

5/6/2020 | 12:17 |

Como en el sector no hay wifi, usa el paquete de datos móviles.

Foto: gentileza Alfredo Juan, decano del departamento de Física

Por Belén Uriarte / buriarte@lanueva.com

 

   El mayor problema es la conexión. Como no tenemos wifi uso datos móviles, pero la compañía no tiene datos ilimitados por lo que trato de reducir al mínimo su gasto. Además tengo mala señal dentro de casa, entonces voy a una parte del patio que está en altura, un pequeño médano, y ahí puedo conectarme a las videollamadas.

   Mateo Sansot Puleston tiene 20 años y nació en La Plata, aunque vivió la mayor parte de su vida en un campo ubicado en el partido de Monte Hermoso.

   En 2018 decidió venir a Bahía Blanca para estudiar Licenciatura en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional del Sur (UNS). Los dos primeros años de cursada vivió en la ciudad —tratando de aprender las ubicaciones y adaptándose al uso del colectivo—; y este año, el tercero de la carrera, solo estuvo un mes. Cuando se decretó la cuarentena decidió regresar a su lugar.

   El campo queda a unos 5 kilómetros en línea recta del centro de Monte Hermoso —14 kilómetros por camino— y está ubicado en el denominado "puente sin baranda".

   Por los problemas de conectividad y el gasto de los datos móviles, Mateo solo participa de las videollamadas que considera más necesarias. Después se maneja con la descarga de archivos PDF que envían los profesores.

   —Hay materias en las que suben videos bastante largos y tengo algunos compañeros que transcriben lo que dice el video y me lo pasan. Siempre encuentro una solución y a veces los profesores también se adaptan.

   El mes pasado rindió un parcial de Física por videollamada. Lo hizo a la intemperie, con la campera puesta y a la luz de la luna (como se observa en la imagen de la nota). Sobre un pequeño médano, ubicado en su patio, Mateo consiguió la señal suficiente para rendir en un curso virtual con más de 100 parciales simultáneos, bajo la supervisión de la profesora Graciela Brizuela.

   —La educación a distancia es una novedad para alumnos y profesores. Es algo bastante bueno, que abre una posibilidad para la gente que tal vez no puede irse a estudiar a otra ciudad. Es posible en algunas carreras; en otras (como Biología que tiene laboratorios) es bastante necesaria la clase presencial.

   Mateo cuenta que sus padres son agrónomos y a él siempre le gustó el contacto con la naturaleza, por lo que se inclinó por las Ciencias Biológicas. Hace más de dos años dejó el campo para comenzar el camino universitario y recuerda que acostumbrarse a la ciudad no fue sencillo. Por suerte, compartió departamento con un amigo que estaba en la misma situación y fueron acompañándose en las dificultades. Para Mateo, lo más complicado fue la ubicación.

   Este año, como los dos anteriores, comenzó la cursada en la ciudad. Pero la pandemia cambió todos los planes y cuando decretaron la cuarentena, volvió al campo para pasar este tiempo con su mamá.

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   Hizo un rejunte de una computadora vieja para poder adaptarse a las clases virtuales, aunque el teléfono celular (que hoy permite "hacer de todo") es su gran salvación.

   Su rutina cambió bastante. Se levanta temprano —agradece que no tiene problemas para despertarse— y aprovecha la mañana para estudiar hasta las dos de la tarde. Como su mamá llega de trabajar entre las 15 y las 16, luego del estudio va viendo qué cocinar. Después del almuerzo aprovecha para caminar con sus mascotas, a la tarde se toma un ratito para seguir leyendo y "en el campo siempre hay algo para hacer que te mantiene entretenido, desde un caballo que se lastima hasta alguna chapa que se vuela del techo".

   Mateo dice que con su mamá están acostumbrados a que el día termine temprano: cuando oscurece empiezan a debatir qué cenar, a eso de las 19:30 empiezan a cocinar, media hora más tarde cenan y entre las 20:30 y las 21 se acuestan.

   —La rutina por ahí cambia en cuanto a la proximidad de un parcial; si estoy más relajado aprovecho para hacer más cosas en casa.

   Estando en Bahía, su jornada es muy diferente. En la ciudad pasa casi todo el día en la UNS: tiene horarios de cursada de mañana y de tarde, con algún tiempo libre en el medio que aprovecha para estudiar en la institución educativa.

   —Se extrañan los compañeros, estábamos mucho tiempo juntos. Pero el estar en casa está bueno, te hace sentir más cómodo, estás tranquilo, uno está acostumbrado a la vida que siempre tuvo.

   Pese a la comodidad, Mateo prefiere las clases presenciales porque le permiten organizar mejor los horarios y disfrutar del ámbito universitario, que incluye el trato diario con los profesores y las consultas en sus oficinas. Además, confiesa que en casa siempre está la tentación de decir "estudio más tarde" e ir pateando las actividades.

   De todas maneras, reconoce el esfuerzo del profesorado que se "adaptó muy bien" a la modalidad virtual.

   —En mi carrera veo que tal vez no nos pueden mostrar el animal o no podemos ver el laboratorio de química, pero los profes han hecho un muy buen trabajo porque nos están transmitiendo bien los conocimientos. Conozco chicos que no tenían computadoras u otros recursos, y la universidad les dio una mano, como así también los centros de estudiantes. Estoy muy satisfecho, muy conforme.

 

El orgullo de la profe

   Su profesora Graciela Brizuela, que cuenta con un asistente y cinco ayudantes, dice que "es emocionante ver que hay personas que están convencidas de lo que quieren hacer".

   —Me recuerda a la época en que yo misma era estudiante y sabía que el conocimiento iba a salvar al mundo —dice la profe al preguntarle por Mateo.

   Señala que en la videollamada su equipo advirtió que el alumno estaba rindiendo afuera y le ofrecieron hacerlo al mediodía, pero él no aceptó: quiso rendir a la par de sus compañeros.

   —Tomamos la primera evaluación el mes pasado y los separamos en grupos de 22/23 alumnos —explica Bruzuela, quien a su vez destaca que no notó mayor dificultad en comparación a los exámenes presenciales. 

   —Algo muy positivo es que se animan a preguntar más de esta manera virtual. Hay una buena comunicación y tanto los estudiantes como los docentes estamos aprendiendo de esta situación.

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