Ser eterno

28/6/2020 | 06:00 |

"Si a la larga somos los hacedores de nuestro propio destino, a corto plazo somos cautivos de las ideas que apoyamos y preferimos". Escribe Ernesto Tolcachier.
 

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En esta cuarentena, y dada la  permanencia en nuestros hogares obligada  por las circunstancias, mis reflexiones apuntaban hacia el ciclo vital y sus limitaciones y recordaba a Milan Kundera y su “Insoportable levedad del ser”.  
Trataba de contrarrestar esa fugacidad y lo brevedad  de la existencia  vital con sus antónimos y tuve éxito en el intento al encontrar ejemplos de eternidad y de perpetuidad en nuestro país y el éxito de sus ambiciones.
Un  prototipo de ese espécimen, representa una conocidas figura de  la política argentina a la que, una de sus admiradores, la denominaba “eterna”.
A juzgar por su permanencia, y si esa calificación se cumple, estaremos asistiendo a un nuevo ciclo vital en formación real. 
Sobrevivió a todas las contingencias, ascendió a casi todos los puestos gubernamentales, recibió todos los honores y bendiciones y siempre con su altivez y soberbia. 
Para que ello se  hiciera realidad, la “sinceridad” fue su método de vida y la humildad su rasgo sobresaliente. Perdón, olvide agregar a sus múltiples méritos el de ser una abogaba “exitosa”
Como ningunos de esos calificativitos me cabe, ya que ni soy político, ni soy abogado exitoso, no puedo pretender el honor de la inmortalidad.  
Tampoco escribí ningún libro, apenas algunas notas con una audiencia calificada.
Otro de los favorecidos con la perpetuidad es el gobernador ad honoren de una provincia del norte argentino con una reelección indefinida y honores continuos por sus actuaciones épicas y audaces en  beneficio de una comunidad favorecida por el auxilio público y las conquistas logradas en provecho de sus habitantes. 
Pienso en que un método de ahorro estatal es evitar las elecciones allí y destinar el importe al pago de la deuda pública, generosamente contraída para beneficios de docentes y jubilados.
Otros  políticos están en compás de espera y, para hacer méritos, como buenos políticos, elaboran leyes para favorecer e la clase media y baja, con nuevos impuestos y erogaciones.
Como buenos patriotas, su accionar apunta a que, en el futuro, nuestros  ancianos puedan gozar de una vejez sin sobresaltase y una jubilación honorífica de un gobierno solidario.
Veremos si el paraíso social que nos piensan ofrecer permite eludir el geriátrico y sus gratuitas concesiones .
Si, a la larga somos los hacedores de nuestro propio destino, a corto plazo somos cautivos de las ideas que nosotros apoyamos y preferimos.
Solo si reconocemos a tiempo el peligro podemos tener  la esperanza de conjurarlo.
Aquellos, cuya memoria alcanza más lejos, sabrán cuan profundamente han influido en nuestra decadencia, estos  eternos políticos de pacotilla. 
Su permanencia ha logrado convertir una democracia parlamentaria en una democracia autoritaria.
Sin división de poderes, con un Poder Ejecutivo con supremacías, con un congreso adicto y una justicia amordazada, este es el resultado inevitable.

Ernesto Tolcachier es abogado. Vive en Bahía Blanca.

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