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Diego González, a tres años del doble trasplante: “La fe es ir para adelante”

El baterista tresarroyense recibió un páncreas y un riñón el 25 de mayo de 2017. Su caso conmovió a la comunidad. Estuvo más de tres años en lista de espera del Incucai. Tocó en dos recitales con Divididos.

Diego González, baterista del Tres Arroyos. Foto: Facebook Diego González.

   Anahí González
   agonzalez@lanueva.com


   Cada palabra de Diego González  sobre su historia enciende una luz.  

   Tal vez sea por sus tantas vidas, si contamos una por cada vez que despertó en la terapia del hospital preguntándose: “¿Qué hago acá de nuevo?” y “¿Cómo están todos?”.

   “La vida me dio la oportunidad de replantearme cada día qué está pasando en este mundo loco en el que hay guerra, injusticia, hambre, cáncer, Sida, y todas las enfermedades de algún  modo programadas por el ser humano, y aún así, sigue siendo lindo salir a la vereda y ver el cielo”, dijo.

   Hace tres años, el 25 de mayo de 2017 este músico y profesor  tresarroyense,  baterista y sesionista, recibió un doble trasplante de riñón y páncreas. Era diabético y había estado tres años y medio la lista de espera del Incucai, en tratamiento de diálisis.

Me encantaría conocer al familia del donante para mi sería un honor agradecerles".

   La operación fue exitosa, aunque tiempo después, un accidente volvió a desafiarlo. Se quebró el fémur en una caída y en el tiempo de recuperación padeció un virus intrahospitalario que lo dejó inconsciente y al borde de la muerte. Otra vez.

   “Yo ni me enteré, estuve en terapia mucho tiempo. La familia y los amigos se pusieron muy mal, lógicamente”, dijo.

   “La recuperación estuvo bien pero yo solo pensaba en la música, que es mi motor: ya quería irme a tocar, a ensayar, y no podía.  Fue frustrante, pero nunca dejé los palillos y eso es lo que me mantiene hoy acá”, dijo.

   Su pasión lo llevó en 2007 a probarse ante una banda de la que es fanático desde muy chico.

   “Hice un casting para tocar en Divididos y quedé seleccionado entre mil, junto con Gaby Pedernera que es el baterista de Eruca Sativa, quien en ese momento aun no estaba en ascenso y creo que también Federico Castroggiovani”, dijo.

  Finalmente, la banda liderada por Ricardo Mollo decidió no reemplazar al músico, que en aquel momento tenía un problema de salud, no obstante, Diego llegó a tocar con la Aplanadora del Rock en dos recitales, en La Trastienda de capital federal. Un momento inolvidable.

   En la actualidad Diego toma clases en capital con Jorge Araujo, ex baterista de Divididos, quien grabó varios de los hits de la banda, a partir del segundo disco.

   “Tengo una relación casi de amistad, de admiración plena de mi parte. Es un divino total y además de tomar clases le pregunto un montón de cosas y siempre me responde. Es un tipo muy generoso”, señaló.

Mi vida está ligada a la música. Mis hobbys son tocar y cocinar".

   El músico de 33 años, da clases –antes de forma presencial, ahora virtual, en el contexto de la pandemia- y participa de grabaciones de discos como músico sesionista. Una de sus principales motivaciones, además de su vocación y su gente, es “que los pibes del mundo tengan algo para comer”.

   “El trasplante fue una oportunidad increíble para dejar algo bueno a los pibes”, dijo.

   “En las clases que doy no me dedico solamente a enseñarles a agarrar dos palillos y leer una partitura. Les bajo esta línea: ‘Lo que quieras hacer, hacelo bien’”, comentó.

   En su caso, el impacto de la cuarentena fue durísimo, en un principio, -es paciente de riesgo y está inmunosuprimido por el trasplante- pero duró poco.

   “Empecé a preguntarme que iba a hacer cuando no vinieran los alumnos a casa y hoy estoy laburando, de forma virtual, mucho más que en tiempos normales. La tecnología esta de nuestro lado”, señaló.

   “Mi vida no es solo dar clases, no es lo único que ocupa el amor, sino también estudiar, estar con la gente que quiero, estoy ensayando muchísimo por mi cuenta y para los grupos en los que estoy como músico de sesión, grabo con artistas en estudios de acá y viajo”, dijo.

Qué le diría a una persona que está esperando un órgano

“Le diría que lo importante es la fe, hay quienes creen en Dios y quienes creen en un televisor. Va a sonar raro esto, pero está bien creer en lo que uno quiera creer, sentir amor y pasión por algo o por alguien está buenísimo.  A mí me mantiene vivo”, dijo.

   “No creo en relaciones de poder, ni en la manipulación, ni en esa historia de que si no sigo un camino voy a ir al infierno o el paraíso no va a llegar, pero sí creo en Dios y tengo fe en la música, en el arte y en las energías”, confió.

   Diego González vive solo hace 13 años y cuenta con una sala de ensayo y de un espacio para disfrutar y juntarse con amigos.

   “Soy energético en mis relaciones de amistad y en el amor. Estoy acá por las energías, la fe el amor y la vida y por hacer lo que a uno le gusta”, destacó.

   Consideró como cien veces más importante hacer lo que a uno lo haga bien en la vida, sin lastimarse, que estar pensando en el dinero o en los problemas que a uno le podría generar jugarse por algo.

   “Creo que eso es la fe. La fe es ir para adelante. Yo siempre digo vamos para adelante con todo. Soy signo de fuego, soy de Aries, encaro las cosas de esa manera”, dijo.

Las motivaciones del baterista

Álbum: Vengo del placard de otro (Divididos año 2002)
Canción: “Vuelo enamorado”, (Peteco Carabajal)
Un paisaje: El mar
Un libro: “El poder del ahora”, de Eckhart Tolle.
Una película: La lista de Schindler.
Un pájaro: cóndor.
Un desayuno: café batido con leche y medialunas.
Una palabra: amor (sin dudas).
Un medio de transporte: mis pies.
Un aroma: Olor a lluvia antes del arcoíris