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De Aramburu en el balcón a los bastones del coronavirus: calle Alsina en 65 años

El mismo sitio, la misma toma. Calle Alsina, en tiempos de Aramburu, en tiempos de bastones amarillos.

El presidente Pedro Aramburu compartiendo un copetín en altos de la Central Faiazzo, Alsina 27.

Texto: Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

Fotos: Pablo Presti / ppresti@lanueva.com

“Así que adiós camino de ladrillos amarillos/donde aúllan los perros de la sociedad/no puedes plantarme en tu penthouse/voy a volver a mi arado”.

De Adiós camino de aldrillo amarillo, Elton John, 1973

   Pablo Presti, fotógrafo de este diario, no dudó en treparse al techo plano del kiosco barco de la plaza Rivadavia, en Alsina y Chiclana, para repetir, con precisión y oficio, el mismo enfoque que un colega suyo, de ese mismo sitio, obtuvo hace 65 años.

   Es la primera cuadra de calle Alsina, con vista hacia calle San Martín. La foto actual muestra ua calle semidesierta. Es la época del coronavirus, la pandemia que ha modificado el funcionamiento del mundo. Por eso los pocos caminantes llevan barbijos, por eso una fila de bastones amarillos marca un ensanche de vereda robando metros a la calle, buscando mejorando el distanciamiento social.

   La otra foto, histórica, es de diciembre de 1955 y muestra a cientos de bahiense ocupando la calle frente a la Central Faiazzo, la tradicional confitería, en cuya planta alta disfrutaba de un copetín el mismísimo presidente de la Nación, el general Pedro Eugenio Aramburu. La Faiazzo era vecina a Dozzo Sports y al mítico Boston Bar Billares.

   Apenas se tomó conocimiento de la presencia de Aramburu, que minutos antes había pasado por la municipalidad, la gente se agolpó frente al edificio y comenzó a reclamar su presencia en el bacón al grito de “universidad, universidad”. Pedían la creación de la Universidad Nacional del Sur, preocupados todos por el cierre, unos meses antes, del Instituto Tecnológico del Sur.

   Lo singular de aquel momento es que Aramburu, al escuchar las voces, dejó su mesa y se dirigió al balcón, junto con algunos de sus acompañantes. Y No sólo eso. Ya en el balcón, saludó a los presentes, repitiendo el tan característico gesto del derrocado presidente Juan Domingo Perón, con los brazos extendidos hacia adelante y hacia arriba. Minutos después aseguró ante la prensa que Bahía Blanca “tendría la universidad que merece”, promesa que cumplió semanas más tarde.

   “Una fotografía –escribió Roland Brathes-- repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”.

   Aquel ojo que en 1955 trepó al kiosco y capturó la luz que generó una imagen hizo mucho más que eso. Dejó para siempre grabado un momento que hoy es historia y que muestra mucho más que lo pretendió mostrar. Como aquella foto, ésta tomada en 2020 también tendrá su carga expresiva y testimonial. Será “el estar allí de lo que ya no está”. Aramburu en el balcón en 1955, la vereda-calle y los barbijos de la pandemia en 2020. “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, supo escribir el poeta Pablo Neruda