Tendencias y consumos

El cuero argentino, un producto de lujo de exportación que terminará enterrado

15/9/2019 | 06:30 |

La nueva corriente ecológica y la competencia de los sustitutos sintéticos ha puesto de rodillas a un ícono de la ganadería.

Sin posibilidades de exportar los cueros salados, los frigoríficos argentinos han quedado cautivos de las curtiembres locales. / Fotos: Emmanuel Briane y Archivo La Nueva.

Guillermo D. Rueda
grueda@lanueva.com

   (...) El aprovechamiento era bastante escaso, pues se circunscribía a tomar el cuero, algunas masas grasas intermusculares y porciones cárneas para eventual alimento de la cuadrilla, de fácil acceso y extracción, como la lengua o el matambre, y de rápida cocción.

   “No sólo se perdía el animal, sino que no se complementaba la faena con un aprovechamiento racional, fundamentalmente por exceso de ganado y deficiencias en transportes y técnicas apropiadas.

   “Del único producto de interés, el cuero resultante, el Cabildo cobraba como derecho el diezmo, impuesto que luego (año 1623) sería reemplazado por media real ante el estado y desuniformidad de lo colectado, su escasa vida útil y su no siempre ágil venta (...).

   Esto sucedía en la Argentina, en 1590, según lo relató Segundo Acuña en su libro El ADN de la carne argentina, que editó la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios (Abopa), en 2018.

Segundo Acuña, autor de El ADN de la carne argentina.

   Hoy, la realidad del cuero vacuno argentino, un ícono en calidad y cantidad de la ganadería argentina, es muy diferente.

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   De acuerdo con un informe del Rosgan Mercado Ganadero rosarino, el precio del cuero vacuno sigue cayendo a nivel internacional a niveles insostenibles: en los últimos 5 años, cerca del 70 % de su valor, que lo ubica próximo a los mínimos registrados tras la crisis de 2008/09.

   “El cuero siempre se consideró como un bien de buen precio, pero a partir de las nuevas corrientes ecológicas y de los proteccionistas los valores empezaron a caer”, dijo Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), en diálogo con “La Nueva.”.

Miguel Schiariti, titular de CICCRA.

   A nivel internacional, debe sumarse la competencia de los sustitutos sintéticos a precios inferiores por la caída del precio del petróleo —adoptados por las generaciones más jóvenes— como otra de las razones de la depreciación.

   Este fenómeno también se registra con una significativa caída en elementos para la fabricación de coches de lujo, así como el consumo de diversos productos de marroquinería.

   A estos cambios en el consumo, se suma —de acuerdo con el Rosgan— el cierre de muchas curtiembres artesanales en China, producto de las crecientes regulaciones ambientales y de una mayor oferta de cueros en América por el incremento en la producción de carne.

   El cuero se caracteriza por tener una oferta inelástica y, al ser un subproducto de la industria frigorífica, su oferta depende del nivel de faena y, en el largo plazo, del stock de ganadero. ¿Qué sucede hoy? la producción de carnes a nivel mundial se encuentra en aumento, mientras que el consumo de cueros comienza a declinar, principalmente por aquellos cambios de tendencia en el consumo.

   El tema, naturalmente, no parece sencillo de resolver en nuestro país. Como se verá.

   El año pasado, tras una reunión de los integrantes de la Mesa de las Carnes, se anunció que los derechos de exportación a los cueros crudos bajarían del 10 % al 5 %. Incluso, se planteó la intención de llevarlas a cero en el transcurso de este año. Nada de esto se concretó aún.

   Con una faena creciente, la oferta de cueros —de acuerdo con el Rosgan— no hace otra cosa que deprimir aún más su valor.

   En otras palabras, ya es un problema complejo para la industria frigorífica. Así entonces, hay provincias que están solicitando permisos para quemar y enterrar los cueros, dándoles de este modo el tratamiento de desperdicio a un subproducto que representa alrededor del 7,5 % del peso del animal.

La historia

   A principios de la década del setenta, la Argentina prohibió —en defensa de la industria nacional— la exportación de materias primas, entre las que se encontraban el ganado en pie, el cuero sin curtir y grasas animales.

   En los noventa, la mayoría de estas prohibiciones fueron desapareciendo, aunque la del cuero resultó virtual, dado que fue reemplazada por derechos de exportación sumamente gravosos, no tanto por su alícuota, que es del 10 %, sino por la base de cálculo.

   Es así: se toma como referencia la cotización en Chicago del cuero de novillo con marca en culata (Butt Branded Steer), más el costo del flete entre Chicago y la Argentina. El Butt Branded Steer es un cuero más pesado y más grande que el que se comercializa en nuestro país, cuyo precio llega a ser entre un 20 y 30 % más alto que el valor del cuero argentino.

   El derecho de exportación efectivo es mayor al que resultaría si la base sobre la que se aplicara la alícuota fuera el precio FOB argentino. De este modo, la presión que genera este gravamen le quita competitividad al cuero argentino en los mercados externos y genera una transferencia de ingresos desde la cadena de la carne-sector ganadero, frigorífico y consumidores hacia la industria curtidora local.

   Desde el Rosgan concluyen que, sin posibilidades de exportar los cueros salados, los frigoríficos quedan cautivos de las curtiembres locales, restringiendo el valor del crédito bruto de matanza o recupero, lo cual se termina trasladando tanto al consumo como a la exportación.

   “Las retenciones son del 10 % nominales, porque en realidad es el 10 % sobre el valor del cuero en Chicago, más seguro (de Chicago a Buenos Aires) y flete. Es una fórmula hecha de manera tortuosa que, finalmente, se convierte en una retención efectiva de entre el 30 y el 35 %”, sostuvo Schiariti.

   “Hemos hablado varias veces con (el presidente de la Nación, Mauricio) Macri, pero se mantiene el pago de exportación con un número ridículo, sobre valores de Chicago, de un mercado que no existe. Así, la industria no puede salir a exportar cuero fresco o cuero salado”, dijo.

   “(Marcos) Galperín, quien es dueño de Mercado Libre y de una de las más grandes curtiembres de la Argentina, ha evitado que cambiemos el sistema”, aseguró Schiariti, en una charla con este medio.

   El directivo dijo que, de todas las gestiones que se hicieron desde el sector, sólo se logró abrir la aduana de Salta para exportar.

La Mesa de las Carnes, donde se ha debatido el futuro del cuero.

   “Sólo había dos lugares: Zárate y Buenos Aires. No se podía creer. Hoy está la firma Brunetti, que ha exportado desde Salta; y a pérdida, claro”, contó.

   “¿El futuro? Es muy oscuro. La Argentina tiene procesos contaminantes acá (NdR: en las curtiembres) y le agrega valor en el exterior con las subsidiarias, o casa matrices. El 85 % del cuero que se exporta es de baño de cromo y el desperdicio contamina”, agregó.

   “Es cierto que el cuero que se exporta va hacia el sudeste asiático y termina en Italia, donde se refina. Tal es así que la marroquinería de lujo de la Argentina lo importa, porque acá no se hace calidad; ya no se curte. ¡Decir esto es indignante!”, explicó.

   “Algunos frigoríficos salan los cueros, pero otros los envían al CEAMSE y deben pagar. Por eso es un problema para muchas plantas del Conurbano, pero más complejo lo es para las del interior”, indicó.

   La eliminación de las retenciones o, al menos, el cambio en la base de cálculo, sería —en la visión del Rosgan— una vía para comenzar a descomprimir el mercado local, permitiendo a los frigoríficos revalorizar los recuperos y evitar el traslado de los costos de faena al precio de la carne e, indirectamente, mejorar el valor de la hacienda en pie.

Pesos y dólares

$ 10/20
De acuerdo con las diferentes categorías, por un kilo de cuero hoy se paga entre 10 y 20 pesos. Hasta no hace mucho tiempo, por ese mismo kilo se pagaba entre 5 y 10 dólares.

80 %
“El mercado está cartelizado en cinco curtiembres (Arlei, Fonseca, Sadesa, La Hispano Argentina y Donto), que manejan el 80 % del cuero”, indicó Miguel Schiariti, titular de CICCRA.

7,5 %
Hay provincias que están solicitando permisos para quemar y enterrar los cueros vacunos, dándoles —de este modo— el tratamiento de desperdicio a un subproducto que representa alrededor del 7,5 % del peso total del animal.

100 %
Desde 2015 a la fecha, se registró un 100% de incremento en el registro de importadores de cuero: se pasó a 400 firmas a casi 800.

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