Sangre en las manos

4/8/2019 | 06:05 |

Un análisis del paso por nuestro país del Secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo.

Por
Miguel Angel Asad

   Los argentinos -salvo honrosas excepciones- “carecemos del último hervor”: zafamos del imperio español al precio de entregarnos a otro y así sucesivamente.

   Alborozada estuvo la runfla estos días con el Secretario de Estado de Don Aldo Trump, el picnico Sr. Pompeo vino para meternos en las variadas ópticas contradictorias de EE.UU. respecto de Irán. Y el “domador de reposeras” acompañado por “el Señor Garrocha”, el primero para “durar” y el segundo “para tapar su pasado pro Ghadafy”, se prendieron de inmediato: “en eso” consiste nuestra política exterior.

   El Sr. Pompeo alabó el gesto del Sr Macri de retirarse del desfile del 9 de Julio para no presidir el paso de los héroes de Malvinas que volvieron pese a EE.UU., aliado de Inglaterra en 1982.

   Ordenó se haga silencio sobre la red de pedofilia internacional de John Epstein -muy amigo de Don Aldo- y de toda la crema política del Imperio. Por ignorancia, pereza intelectual o “por las dudas”, seguimos extasiados en los espejitos imperiales. ¿Pesimista? Soy un optimista bien informado.

   Como en 1945 -cuando nos vendieron que  EE.UU. nada tuvo que ver con el ataque conocido y consentido ataque a Perl Harbor; que gracias a ello con miles de haitianos carne de cañón al frente- en Normandia, terminarían haciéndonos creer que a EE.UU. debemos liberar al mundo del nazismo.

   Con el tiempo, nos enteramos que los nazis vestían los uniformes de sus ejércitos con Hugo Boss; que sus soldados viajaban en vehículos Ford -cuyo dueño Henry Ford fue condecorado por el Fuhrer como autor del libro “El judío internacional”-; que el Deutsche Bank financió la construcción de los campos de exterminio de Auschwitz; que la Fundacion Rockefeller financió investigaciones de medicina racial nazi -la misma que financia ciertos periodistas argentinos hoy- que Hitler condecoró a la IBM -incipiente- que hizo posible la identificación de millones de judíos; que el consorcio IGFarben -devenida después en Química Bayer o Laboratorios Hoescht- experimentaba como conejillos con los judíos de los campos de exterminio haciéndolos trabajar en la fabricación del gas conque después los iban a matar; de la misma forma que los bancos suizos engrosaban sus arcas con el oro que Hitler le sacaba a los judíos y a sus dentaduras; que Coca Cola inventó –ah las virtudes del libre comercio!- otra gaseosa -Fanta- para el mercado alemán en plena guerra de 1945. Que Prescott Bush desde su puesto de CEO de Fritz Thyssen puso su fortuna al servicio de la “solución final hitleriana”: ya era el padre del que después siendo jefe de la CIA desde Brasil ordeno a su carnal amigo Menem el fusilamiento del Coronel Seineldin impedido por Frondizi y el Vaticano, y abuelo del que “inventó” la guerra contra Irak al precio mendaz de un millón de muertos inocentes ordenada desde su estúpida estampa terciaria de experto en cosmetología.

   Como que en aquel régimen nefasto hicieron sus prolíficas inversiones Westinghouse, Unilever y General Electric. Por eso los bombardeos de los “aliados” cuidaban no dejar caer sus bombas sobre las sedes de aquellas en la Cuenca del Ur. Discriminación positiva. Aprendan. Son los mismos que en Sudámerica impondrían la “diplomacia de las cañoneras” para cobrar sus falaces “créditos de deudas externas de países expoliados por la usura de EE.UU. y la complicidad de las camarillas políticas locales”.

   Son las mismas manos manchadas de sangre que desde el avión B-29 “Enola Gay” lanzaron sobre Hiroshima a "Little Boy”, que pesaba 4 toneladas equivalentes a 40 millones de cartuchos de dinamita: allí fue el temible hongo blanco sobre la pobre humanidad de millones de victimas inocentes.

   El Imperio -entre otras linduras- lo tornaría perdurable en Las Vegas como “elección de Miss Bomba atómica”. Habían ensayado el Uranio. Faltaba ensayar el plutonio en Nagasaki. Después vendría -con el aporte de Dow Chemical- el gas naranja sobre millones de Vietnamitas civiles. Los envenenamientos por radiaciones tras cada explosión, se propagarían “in secula seculorum”.Y siguen... En Yemen. En el “carcere duro” de Asange. En Siria con mascara de  “insurgentes”. Eso si: Maduro es un tirano. Venezuela es un peligro para EE.UU. La OEA no es el “ministerio de las colonias” del Imperio.

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