Ale tiene 11 años, vive en Villa Caracol e hizo un merendero para sus amigos

1/4/2019 | 07:00 |

Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

Por Belén Uriarte / buriarte@lanueva.com

 

  Jueves a la tarde en Villa Caracol. Por Belisario Roldán, a pocos metros de las vías y sobre el costado derecho de la calle de tierra, un cartel avisa que el merendero “Los Amigos” está abierto hasta las 19.

  Hay una loma grande de tierra y una zanja llena de yuyos sobre la que se apoya un improvisado puente de chapa. Todos pasan corriendo: a pesar de su estrechez se sienten seguros.

  Detrás de la loma son todas casas de chapas en terrenos no regularizados. Muchos patios son compartidos. Hay vehículos viejos, gatos, perros y chicos jugando en cada rincón. Frente al merendero, el contraste: casas de ladrillo, con sus divisiones y amplias construcciones.

   Alejandro, Ale para sus amigos, tiene 11 años y cursa quinto grado en la escuela 37. Vive en una casa de chapa, como la mayoría de sus compañeros. Y siente un gran compromiso con los suyos.

   Hace un tiempo atrás su mamá hizo un guiso de arroz y se quedaron a comer varios de sus vecinitos. Cuando se fueron, le surgió una idea: hacer un merendero para los amigos que no siempre tienen leche para tomar.

   Primero, se lo comunicó a su familia. Después, pensó cómo hacerlo.

   Le dijo a su mamá que pidiera ayuda en las panaderías y para comprar la leche decidió ayudar a su vecino a hacer una zanja.

  —Me pagó 100 pesos. Con eso compré azúcar y leche.

   Así comenzó el merendero "Los Amigos", al que asisten alrededor de 25 chicos y funciona en el patio delantero de la casa de Ale, donde no hay cloacas ni gas.

   A unos 10 metros del puente están los tablones de madera, algunas sillas plásticas de color blanco y dos mesas con manteles coloridos sobre los que lucen jarras, vasos y bandejas repletas de pan con dulce.

   Pasadas las 17, los chicos se sientan para disfrutar la merienda. Todos, menos Ale, que entra a su casa y ayuda a su mamá a llevar más bandejas.

   —Cuando vienen los nenes siento tristeza por lo que pasan, pero alegría de ayudar. Doy la leche, el pan y ayudo a cocinar. Los vecinos me felicitan.

   Ale desea que otras personas hagan algo por los nenes que no tienen para comer ni para tomar. Es una realidad que le pega muy de cerca, se le hace carne: no solo vio a algunos compañeritos llegar a la escuela sin desayunar, también sintió sonar su panza.

   —A mí alguna vez me faltó para comer y se siente…

   El nene mira a su alrededor buscando alguna respuesta. Todo es silencio.

   De repente llega otra jarra con leche, Ale corre la cortina naranja de la cocina y sale al patio para otra ronda de merienda. Comen, se paran, corren, juegan, se acercan para buscar otro pedacito de pan con dulce y vuelven a correr. Alguien grita ¡vamos a la cancha! Y todos se despiden del merendero. Todos menos Ale, que se queda para juntar.

Un orgullo

   Elba Esther Carreras, mamá de Alejandro, cuenta que antes vivían en Loma Paraguaya y cartoneaban a caballo. Pero desde hace un tiempo se fueron a Villa Caracol, donde está toda su familia.

   En 2014 se puso punto final para la tracción a sangre en las calles de Bahía. Desde entonces la familia de Ale junta lo que puede con la camioneta y su mamá trabaja en Barrio Limpio, un programa municipal para mantener limpias las calles.

   —La situación ha ido empeorando. Sacaron a los carros y caballos, nosotros trabajamos toda la vida de eso. Nos dieron este trabajo y cobramos el primero de cada mes, pero antes teníamos la plata del carro y la comida que nos daban en los locales [de los que se llevaban el cartón].

   Elba tiene 4 hijos: dos nenes y dos nenas. Ale es el menor de los varones y ella siente un gran orgullo por su corazón solidario. No solo ayuda en el merendero: cuando ella está muy ocupada, colabora con los quehaceres de la casa.

   —Salimos a pedir a las panaderías. Ellos nos dan facturas día por medio y cuando no, ponemos para comprar un kilo de pan y un poco de dulce para darles a los chicos. A veces donan los vecinos, así estamos, gracias a Dios saliendo adelante.

   Aunque también sufre necesidades, se muestra muy agradecida.

   —Hay mucha gente que no tiene un plato de comida, pero gracias a Dios nosotros hoy tenemos para comer.

Contacto

   El merendero funciona en Belisario Roldán 2.351. 

   Quienes quieran colaborar también pueden comunicarse con el número (0291) 154428735.

Mustang Cloud - CMS para portales de noticias