Prestando 5.000 libros y con 137 años de vida, la Biblioteca Rivadavia no para de crecer
En múltiples idiomas, de hace 400 años, de todos los tamaños y colores... ¿cuáles son los ejemplares más curiosos, antiguos y buscados de la centenaria institución?
Federico Moreno/ fmoreno@lanueva.com
El futuro llegó hace bastante, y los vaticinios que aseguraban que los libros de papel iban a desaparecer y que las nuevas generaciones no iban a leer más que a través de una pantalla, estaban equivocados.
Prueba de ello dan las ventas, la proliferación de jóvenes autores, el éxito de géneros literarios que también parecían estar en extinción y las numerosas librerías y bibliotecas que se mantienen en pie en el mundo, en nuestro país y en nuestra ciudad.
Entre las más antiguas del país, con más de 150.000 libros y con un edificio --avenida Colón 31-- declarado patrimonio arquitectónico nacional, la Biblioteca Rivadavia tiene muchas virtudes de las cuales jactarse y que le permiten luchar por proteger y mantener cada rincón de sus salas y cada página de su historia.
Dicha historia, que comenzó en 1882, le permitió ir acumulando miles y miles de libros, primero con grandes donaciones, hoy adquiriendo unos 1.000 ejemplares anuales, gracias a su condición de biblioteca popular y los inherentes descuentos a la hora de comprar.
Pero entre tantos muebles, góndolas y estanterías atiborrados de libros, diarios, mapas y revistas, ¿cuáles destacan por distintos motivos? La directora de la institución, Laura Faineraij, nos contó y mostró bastante al respecto.
“De lo que es antiguos tenemos bastantes del siglo XIX, les decimos los 'mil ocho' por ser del 1800. Esos no se prestan a domicilio porque están bastante deteriorados pero sí se pueden consultar dentro de la biblioteca y son los más buscados por investigadores e historiadores”, contó Faineraij.
Uno de los “mil ocho” es, a su vez, el más pequeño de la biblioteca, dado que de largo –-o alto, si paráramos el libro-- mide apenas 10 centímetros. Pero tal vez lo más llamativo del mismo no sea su tamaño, sino su título: “Pequeño manual del misionero para evangelizar a los indios fronterizos” (1876). Ni más ni menos.
Entre los primeros libros comprados por la biblioteca –-aún se conservan los comprobantes-- también están “Biografías de hombres ilustres”, del escritor francés Alphonse de Lamartine y editado en español en 1881; y “Pot-pourri” y “Silbidos de un vago” (dos novelas en un solo libro), del argentino Eugenio Cambaceres, editado en 1882.
“Después se fueron incorporando principalmente clásicos de la literatura, algunos de ciencia y novedades de la época. Al principio el grueso de los libros fueron donados, en gran parte por Luis Caronti y familia, principales benefactores de la época, junto con Daniel Cerri y el ingeniero Luigi Luiggi”, explicó Faineraij.
“Todo nuestro catálogo está en línea, lo mismo que la colección de publicaciones periódicas y mapas. Se puede buscar por autor, por título y por tema. En 2018, entre consultas en sala y lo que se lleva la gente a su casa, prestamos 5.000 libros.
Tenemos material infantil, juvenil y para adultos, la sala infantil es muy utilizada y está muy bien provista, con unos 8.000 libros de literatura. La invitación es para chicos y grandes, siempre digo que la literatura infantil no tiene una restricción de edad, los adultos también pueden leerla”.
Los más leídos
Sobre los libros furor, o los que se siguen leyendo pese al paso de los años, la directora de la biblioteca contó que “pasa eso de que hay libros que tienen un auge. Hace unos cuantos años nos pasó cuando salió El código Da Vinci, lo quería todo el mundo y teníamos un solo ejemplar, por lo que compramos cuatro más. El furor duró tres o cuatro meses y ahora esos cinco ejemplares están durmiendo en el estante”, recordó entre risas.
Por nombrar otros grandes éxitos, “los Harry Potter siempre fueron muy alquilados, actualmente tienen mucho éxito las novelas de Florencia Bonelli, los autores de temas de actualidad como Facundo Manes o Darío Szeta, las novelas del autor bahiense Guillermo Martínez, entre otros”.
La joya más antigua
Si hablamos del más viejo de los 150.000 libros que posee la Biblioteca Rivadavia, tenemos que nombrar a “Farsalia”, de 1592. Para que sus páginas de más de 400 años no sufran más deterioro, la joyita de la biblioteca descansa en una caja fuerte.
“Es de los llamados incunables americanos. Los incunables son los libros impresos en el siglo XV, es decir los primeros de la era de la imprenta moderna. La misma fue traída décadas después a América por los jesuitas, por lo que La Farsalia es de los incunables, pero americanos”.
Farsalia es una epopeya o poema narrativo inacabado en diez cantos de hexámetros latinos sobre la guerra civil entre Julio César y el ejército senatorial encabezado por Cneo Pompeyo Magno, escrito por Lucano.
Lo que ingresa
“Somos una biblioteca popular, no somos estatales ni recibimos subvenciones del Estado, por eso siempre decimos que necesitamos que los bahienses se hagan socios. Este año calculo que llegaremos a comprar unos mil libros. Recibimos un subsidio de la Conabib (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) y siempre en mayo vamos a la feria del libro en Buenos Aires, es una buena oportunidad para comprar a mitad de precio y conseguir títulos que a veces no llegan a Bahía.
“En cuanto a lo que la gente nos sigue donando, tenemos que aclarar que solo aceptamos algo que no tengamos en nuestro catálogo. Si por ejemplo nos traen un Quijote o un Martín Fierro, muchas gracias pero ya lo tenemos de todas las formas y los colores.
A veces se da que alguien nos trae un libro que habíamos dado de baja por estar perdido hace 40 años. Nos dicen 'se murió mi abuela y revisando sus cosas encontramos este libro' o cosas por el estilo. Si el ejemplar está en buen estado, lo reincorporamos, por supuesto”.
Orgullo bahiense
“El reconocimiento que tenemos es que somos una de las bibliotecas más antiguas del país. La más antigua es la Franklin, de San Juan, fundada por Sarmiento. Nosotros somos la más antigua de la provincia de Buenos Aires. Pero el más honroso de los reconocimientos es que nuestro edificio fue declarado patrimonio arquitectónico nacional”.
De colección
Entre otros diarios y revistas –están todos los ejemplares de La Nueva Provincia desde 1898 a la fecha-- que posee la hemeroteca, ubicada en el subsuelo de la institución, destaca la colección completa de la revista El Gráfico, que precisamente dejó de publicarse en 2018 y este año habría cumplido su centenario.
“Al principio la temática no era deportiva, eran sucesos de actualidad y predominaba la fotografía más que el texto, de ahí su nombre”, comentó Faineraij.