La patria paralizada

8/4/2017 | 20:01 |

Por
Maximiliano Allica

El paro general tuvo acatamiento dispar en todo el país. A los gremialistas les encantaría creer que fue un éxito rotundo, pero la verdad que más o menos. Mucha gente fue a laburar o al menos lo intentó. La falta de contundencia se debió, entre otras cosas, a la desconfianza creciente hacia los líderes sindicales tradicionales. También, a que dentro del movimiento obrero hay casi tantas posturas como guardaespaldas con tattoo. El pueblo, unido, recela a los triunviros.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, dijo: "Finalmente fue más que nada un paro del transporte". El joven maravilla sustentó la teoría de que la mera ausencia de colectivos impidió a las masas obreras acudir ávidas a sus puestos de trabajo. Ojo, Marquitos, todavía hay mucha gente que no sube al bondi porque no tiene empleo adónde ir. Negar la realidad no la anula. Saludos a Kicillof.

El hijo de Saúl Ubaldini, líder cegetista que le ensartó 13 huelgas generales a Raúl Alfonsín, aseguró que "mi papá no estaría de paro sino trabajando para salir adelante". El problema de estos "hijos de", que no cortan ni pinchan, es que creen interpretar con lucidez a sus padres. Yo sé lo que les digo.

Decenas de docentes que no adhirieron a las huelgas igual sufrieron descuentos este mes. Según la Provincia, todo error se corregirá de inmediato y quizás sea cierto: Cambiemos nos acostumbró a las decisiones que terminan en marcha atrás. Mientras tanto, muchísimos maestros que simpatizan con el oficialismo sintieron la mano en el bolsillo y crece la bronca. Hacha y tiza.

Al concejal neo-massista Martín Salaberry lo hackearon. Vía Twitter aseguró: "Hackear mi cuenta de Facebook no va a impedir que difunda y plantee lo que pienso #CAMBIEMOS". Y agregó: "Las conductas fascistas de quienes no toleran a quienes pensamos diferente siguen vigentes. Prácticas de la dictadura #FASCISTAS". Todo ocurrió casi en simultáneo con el bombardeo de Trump a Siria. No descartemos ninguna hipótesis.

El Chiqui Tapia quiere dar una demostración de fuerza y cambiar el modelo Bauza para imponer un estilo distinto, que no sabemos muy bien cuál sería. El Sampa-lobby mediático está convencido de que todo cambio es mejor, por el solo hecho del nuevo aire. La patria futbolera aguarda atenta. Un país paralizado.

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