Bahía Blanca | Domingo, 27 de noviembre

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White: la Rambla de Arrieta se muestra en la Bienal de Valparaíso

Un intendente socialista impulsó con mucho vigor la idea de abrir un frente costero para los bahienses, buscando solucionar el histórico problema de la distancia entre los vecinos y el mar. Todavía sigue en proyecto.
Una imagen desde lo alto de El Castillo hacia la ría, ese lugar que nunca terminó de consolidar una relación con la gente.

Mario Minervino

mminervino@lanueva.com

Parte del proyecto de recomposición del frente costero, elaborado en la década del 30 bajo la administración del intendente socialista Agustín de Arrieta, y recuperado del olvido por el museo Ferrowhite y los vecinos whitenses, será protagonista de la XX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile, a realizarse en Valparaíso.

Se trata de la obra conocida como La Rambla de Arrieta, cuya ejecución parcial es una parte mínima (más simbólica que real) de un ambicioso proyecto planteado hace más de 80 años en un sector vecino al edificio de la ex usina eléctrica, conocido como El Castillo.

La Bienal, organizada por el Colegio de Arquitectos de Chile, tiene como temática central la consigna “Diálogos Impostergables”, e invita a reflexionar sobre "temas dejados de lado en la construcción de las ciudades y que hoy son ineludibles".

La convocatoria recibió más de 400 propuestas de todo el mundo, entre los cuales se seleccionaron 218, que serán exhibidos en la muestra con la idea de poner en evidencia que la arquitectura cobra sentido "cuando impacta en las personas" y contribuye a mejorar el entorno en que vivimos.

En Ferrowhite se viene trabajando desde hace tiempo con los vecinos portuarios buscando convertir los alrededores de la ex usina "en un paseo público de diseño y comunitario", lugar de encuentro y mirador "de un paisaje excepcional".

La Rambla es señalada desde el museo como "la última oportunidad de abrir una brecha en el cinturón de concreto que ciñe al puerto".

El proyecto consiste en la refuncionalización de estructuras en desguace y el reuso de materiales industriales, inspirados en el proyecto de Arrieta.

"Esta propuesta urbanística es sostenible si se convierte en espacio de vida. Por eso, luego de retirar chatarra y escombros, la primera tarea se orientó a constituir un módulo mínimo de convivencia para la reunión de gente diversa", se explicó.

Debajo de una estructura que sostenía las calderas se levantó un living a la intemperie con bancos, mesas, mesadas y un fogón fabricados a partir de la recuperación de durmientes de quebracho colorado y piedra balasto.

Con neumáticos, viruta de caucho, cabos de embarcaciones y pallets de madera, se construye un sector de juegos para chicos.

A partir de aisladores eléctricos de porcelana de gran porte se comenzó la fabricación de palmeras artificiales para que funcionen como puntos de encuentro.

"Reimaginar nuestra relación con el mar implica repensar cómo queremos que sea nuestra vida", indicaron desde el museo.

La obra original

En 1934, De Arrieta proyectó un balneario junto al barrio Bulevar Juan B. Justo, donde hoy se encuentran la central termoeléctrica Luis Piedrabuena y la cerealera Toepfer.

El ingeniero Juan Regnasco diseñó una rambla, un espigón de 500 metros de largo y 50 de ancho, dotado de una gran pileta y con un segundo espigón, rematando en un “rond-point”, donde se ubicarían restaurantes y cafés.

Regnasco consideró al mar como “elemento formativo y generador de la esencia y carácter de los bahienses" e imaginó la rutina de cualquier vecino de la ciudad realizando “un reconfortante paseo costero”, saboreando un brebaje caliente en un edificio de amplios ventanales al mar.