Los nuevos glaciares de Cristina

8/7/2016 | 22:15 |

Por
Fernando Monacelli

El juez Bonadio le congeló los bienes a Cristina Fernández. Pavadita de glaciar se puede formar con tanta guita congelada.

¡Y el ruido que va a hacer cuando se quiebre tanto hielo! Porque alrededor de todo eso, alguno se va a quebrar, como se quiebra siempre el Perito Moreno. Los glaciares Lázaro Báez, José López o el glaciar de la efedrina Pérez Corradi son desde hace unos meses grandes atracciones turísticas que la Argentina ofrece al mundo.

Una especie de postal como las que se difunden alrededor del Perito Moreno y que tanto le gustaban a Ella. Gente atenta a que se quiebren y se derrumben los puentes de hielo de la complicidad; y a continuación el hundimiento de los restos y el agua helada llevándose al que se tenga que llevar.

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Imagino la escena. Música triste de Teresa Parodi de fondo y De Vido hundiéndose en las congeladas aguas de los bienes de CFK, con la mirada triste como Leonardo Di Caprio en Titanic, mientras Ella lo ve desaparecer, muerta de frío, sacudida por un breve oleaje, bajo las estrellas sureñas, apenas flotando sobre la puerta de una caja fuerte que, por supuesto, también se va a ir al fondo. Todos hundidos parece un buen final. Un gran final.

Pero igual, mientras esperamos el desenlace de la película (que mostró hasta ahora las escenas más inverosímiles de la historia de la realidad), no hay que olvidarse que tener los bienes congelados con el tarifazo de gas tampoco es cómodo... Qué frío le debe correr por la espalda, pobre señora de Kirchner.

En eso parece humana. ¿Quién no tiene frío en la espalda en estos días... El tarifazo de gas nos congeló como Bonadio a Cristina. Y la luz nos apagó...Y el agua nos hundió... Y el super no nos deja levantar vuelo... Pero basta. No le saquemos protagonismo a la presa. ¿Eh? ¿Futura presa? Está bien, pero en realidad, no quise decir presa, sino sorpresa. Fue una sorpresa el embate judicial contra CFK, a pesar del abrumador apoyo popular y aquel glorioso día en Comodoro Py, los compañeros, sus soldados, todo repleto, una fiesta popular, “si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar”. Qué actito, mamita... ¿Cómo? ¿Que eso fue a principio de año? ¿Que ahora estamos en el segundo semestre y el precio de Cristina se derrumbó? Esa sí que fue una deflación monumental, de jefa de un movimiento histórico a líder de una secta. La SeKta.

Casi podría decirse que, desde que asumió “Subamos”, digo, “Cambiemos”, lo único que bajó es el precio de Cristina. No es poca cosa, ojo.

Lo que pasa es que ese es un logro poco marquetineado por los chicos Pro, pero es un logro gigante. Por ejemplo, tal vez hubieran empapelado las entradas a los supermercados con carteles que digan, “Antes que nada la deflacionamos a Cristina” o “Piden congelamiento de precios, les damos congelamiento de bienes K”. Establecer un orden de prioridades. Después de todo, los de antes se la llevaron toda y cada dólar que vuela por encima de la pared de un monasterio, o huye a una cuenta suiza o desaparece en una bóveda enterrada en el sur es un peso que falta de nuestros bolsillos. Independizar al país de esta banda no parece poca cosa, creo.

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