Bahía Blanca | Sabado, 14 de marzo

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Ni una menos, ni una más

Una vez más -no será la última-, miles de personas marcharon en todo el país reclamando se ponga freno a la violencia de género, a la insensata agresión contra mujeres por parte de hombres que, por distintas circunstancias, sacan provecho de su condición para ensayar agresiones -físicas y psicológicas- que en cientos y cientos de caso han provocado muertes.

La modalidad de marchar con la consigna “ni una menos” comenzó un año atrás, como condena de algunos casos puntuales que alcanzaron gran impacto social y que terminaron por desnudar una realidad que se verifica desde hace tiempo en todo el planeta.

Es cierto que ser golpeador de mujeres trae aparejada una fuerte condena social. Puede parecer una situación lógica, pero en realidad una sociedad marcadamente machista se ha encargado de disfrazar, ocutar y hasta justificar determinadas reacciones violentas del hombre contra mujeres.

Esa lectura se ha corregido, en gran medida, y poco a poco, y hoy esos comportamientos empiezan a generar un amplio rechazo e incluso ha despertado en las víctimas una marcada voluntad por denunciar ese tipo de agresiones.

No significa esto que se esté poniendo punto final a semejante destrato, pero no deja de ser trascendente que se haga cada día más visible esta condena, que hombres y mujeres salgan a la calle para manifestar su repudio, su condena, su indignación, su enojo contra quienes recurren a distintos tipos de violencia contra el denominado “sexo débil”.

El reclamo se centra además en saber escuchar las voces de quienes han sido víctimas de este maltrato. Estas caminatas, empuñando banderas y consignas, incluyen a todos, buscan impedir muertes, intentan alertar a quienes pueden evitar que estas cosas sucedan, a los responsables de tomar denuncias y atender reclamos, de darle al tema una seriedad que merece y necesita.

El mundo ha sabido de revoluciones a partir de este tipo manifestaciones, tibias en sus inicios pero que, por la fuerza del reclamo, ganan rápido espacio. Esta es una decisión de la sociedad, cansada de desmanejos y que deja en claro que no hay más razón para admitirlos con liviandad o tibieza.

Y si bien no se impedirá del todo que ciertos individuos enfermos sigan actuando, es posible ajustar los mecanismos para evitar sus amenazas, instrumentar medidas para su control, generar políticas para alentar su denuncia. Marchar por una menos es ensayar un grito de alerta que resuena en todos los rincones.