Ella y la discapacidad
Las mudanzas para muchos son momentos de caos y estrés, en mi caso son un segmento para lo nuevo, lo diferente, para el reencuentro con objetos y recuerdos, para desprender y reacomodar.
Entre los objetos a ordenar está mi colección de CD, repasar cada uno es evocar vivencias marcadas por la música y admitir mi incapacidad para ejecutar un instrumento. No sé por qué reparé en Shakira, álbum del año 1998 llamado ¿Dónde están los ladrones? el hit Ciega, sordomuda. En la canción, la colombiana expresa a través de palabras tales como inútil, bruta, torpe, testaruda su estado frente a la persona que ama y se define cegada, enmudecida y sorda a pesar de las advertencias por ese amor.
¿Discapacitada para entender? ¿Discapacitada para amar? ¿Inútil para argumentar?
Hoy quiero hablar de Ella, si, tal cual lo lee, de Ella, pues urge desnaturalizar lo que se ha convertido en natural y cotidiano, hoy mis letras evidencian una crisis y una crítica, tema vital o segmento que ansía que algo distinto pueda suceder.
Ella es también parte de un segmento, fragmento de tiempo que tiene principio y final, segmento que contiene una sucesión de historias atrapadas en un entretiempo que angustia, indigna y revela. Historias distintas que generan sufrimiento y lo potencian y se expresan a través del dolor, un dolor social indistinto, a veces sin remitente, pero que se comparte y reparte.
¿Cómo evitar el dolor social? ¿Cómo evitar que el dolor de uno que se propague a muchos? ¿Qué acciones debiera llevar a cabo Ella para calmar el dolor?
Cuando el dolor no se elabora se reedita, y cuando Ella no cobija, otros se aprovechan, usufructúan y manosean las quejas. Lo real, lo concreto y cruel golpea todos los días, está en la radio, en el diario, en las redes sociales, sacude y despierta a la solidaridad que pide por Ella y nos interpelamos.
¿Dónde está Ella? ¿Qué hace? ¿Qué mira cuando mira? ¿Desde dónde mira y a quiénes? ¿Está “ciega, sordomuda, torpe, bruta testaruda”? No sé qué pasa con Ella, sí sé que marchamos, firmamos petitorios, hablamos, nos enojamos porque duele y mucho; finalmente escribo una columna.
El dolor social por Micaela tardará en sanarse, mientras, otro dolor nos sacude: la escuela “especial”.
La Educación Especial está destinada a alumnos con necesidades educativas especiales: sordos e hipoacúsicos, ciegos y disminuidos visuales, retardo mental, discapacidad motora entre otras; para mí como toda institución educativa es esa construcción simbólica que aloja sueños y engendra vínculos, con el conocimiento y con los otros.
Y pienso en Ella y en quienes pidieron el traslado o mudanza de una escuela con alumnos especiales como si fueran objetos, y el dolor se propaga. Y me pregunto por la discapacidad y advierto cierta discapacidad en Ella, la Justicia, ¿incapaz de ser justa? y advierto la discapacidad humana solicitando un traslado.
Y pienso en la discapacidad convencida que todos tenemos una limitación en distintos aspectos, habrá quien no es capaz de cantar, de ejecutar un instrumento, quienes poseen escasas habilidades para los deportes o el baile, y en lo grave que resulta cuando la discapacidad es emocional y prima la indiferencia, el egoísmo y no hay registro del prójimo.
Tal vez Ella, la Justicia, esté ciega, sordomuda, tal vez quien quiso alejar a la escuela sea bruta, torpe o ignorante. Hoy tengo dos certezas, sé que un Concejo fue Honorable y haciendo honor a su esencia pudo conciliar en favor de la Escuela, y sé que los mejores abrazos que recibí fueron de esos niños “especiales”.