El traspié de Macri puede ser más costoso de lo que imagina
La impudicia de los jueces y fiscales que tras años de estar debajo de la cama salieron ahora a hacer un curso acelerado de eficiencia y republicanismo, no alcanza para tapar el patinazo de Mauricio Macri. Tampoco sirve, mal que les pese a quienes apenas si se aferraron a ese detalle como única estrategia, el desfile de arrepentidos y presos del mundo K por los tribunales de Comodoro Py. El error del presidente y la fallida estrategia que le siguió a la intención de minimizar su participación en cuentas offshore de su padre Franco en paraísos fiscales, si es que las cosas llegaron hasta aquí y no aparecerán nuevas sorpresas, puede costarle salir del embrollo bastante más que lo que su propia mesa chica imagina.
La impresión en algunos despachos del Gobierno donde se analiza el incidente sostiene que el escándalo que atrapó a Macri a partir del pasado domingo se pudo haber evitado. O minimizado sus alcances y consecuencias. Para empezar hay quienes dicen que la aceptable presentación del presidente del jueves en el Salón Blanco de la Casa Rosada debió haberse hecho el mismo lunes. No solo porque la denuncia se difundió mundialmente el domingo a las 3 de la tarde sino porque el propio Macri había sido notificado por el consorcio de periodistas el 8 de febrero de que tenía un cuestionario para que lo respondiese. ¿O ese cuestionario fue a manos de altos funcionarios y no a las del presidente, a quien se le ocultó el tema? Anida en fuentes oficiales la certeza de que en la cima se ninguneó el problema. O que se estimó que con el comunicado del domingo por la noche en el que se explicó que Macri nunca cobro honorarios ni tuvo acciones en las empresas en Panamá y Bahamas alcanzaba. "Al presidente tal vez otra vez lo asesoraron mal", dice un ministro sin hacer nombres. No le faltaría razón. Macri tuvo que salir el jueves a correr detrás de la imputación que le hizo el fiscal Federico Delgado, cercano al kirchnerismo y que ya había denunciado las supuestas vinculaciones non sanctas de Macri y Daniel Angelici con los jueces federales. Para más datos, ese apurón tuvo otro capítulo: se resolvió adelantar para ese discurso dos iniciativas que estaban destinadas a generar otro impacto mediático a partir de la semana que viene, como la presentación del fideicomiso ciego sobre los bienes del presidente y la ley de Acceso a la Información.
El presidente aparece complicado y hay un análisis bastante generalizado entre los observadores y consultores: le va a costar salir y retomar la senda. En modo especial porque hasta ahora la sociedad le había hecho el aguante en las encuestas, pese al tarifazo en los servicios, al aumento del transporte, la irrefrenable suba de los precios, la pérdida de empleos y los despidos. Encima con salarios atrasados por lo menos un cuatrimestre. Es cierto que esos números hasta ahora no se habrían modificado y el apoyo social al presidente y al Gobierno se mantendría en niveles altos, si bien es razonable pensar que algún girón de esos porcentajes de imagen positiva va a dejar en el camino.
Otro valor importante que se menciona y que se puso innecesariamente en juego refiere a que justamente la ciudadanía, la que era macrista y la que no lo era pero lo votó para terminar con la larga década kirchnerista, vio en Macri al dirigente que venía a terminar con la corrupción de Estado y a transparentar la gestión. De hecho las encuestas de opinión reflejaron esa nueva mirada novedosa del hombre de a pie que equiparó el tema de la corrupción con la inflación y relegó a un tercer puesto el flagelo de la inseguridad.
Esta semana se mandaron a hacer encuestas para consumo interno ya hay también resultados de algunos focus group que maneja la Secretaria de Medios de Comunicación y en ocasiones el ministro Hernán Lombardi. Los resultados serían tan ilustrativos como preocupantes: las personas sostienen que le creen al presidente, pero se preguntan por qué si no tenía nada que esconder no declaró en su momento que era director de aquellas empresas. Esa es en sí mismo otra cuesta que el Gobierno deberá remontar en busca de credibilidad: la mala prensa que tienen siempre las cuentas offshore o los paraísos fiscales. En el 95 por ciento de los casos se las asocia con negocios turbios, lavado de dinero, narcotráfico, evasión de impuestos, y no con negocios lícitos, pese a que muchas empresas (de hecho la estatal YPF) que operan de esa manera lo hacen dentro de la legalidad.
Parece nomás que el entuerto del que debe salir Macri es una cuestión de legitimidad de procedimientos más que de la legalidad de esas acciones.
Hay algunos otros faltantes que se achacan. Por un lado la lamentable actuación de Laura Alonso, a quien por ahora Macri resolvió no pedirle la renuncia, de salir a defenderlo en Twitter cuando debió ser la primera en mostrar voluntad de investigar. Ella debió pedir el mismo lunes la documentación y no esperar que le llegue después que a la fiscalía. Cinco días después. Todo un papelón.
La otra realidad es que se la dejaron picando a los viudos del mundillo K, que andaban penando por la seguidilla de citaciones y encarcelamientos, que podrían muy bien no terminar en Lázaro Báez y Ricardo Jaime después de los aportes que hizo el ahora arrepentido Leonado Fariña ante el juez Casanello.
Hay que reconocerle al Gobierno que con esa presentación, tardía, del presidente, se buscó demostrar que no todos son iguales. Lejos de salir a destrozar al fiscal como hubiese pasado durante el Gobierno anterior, Macri se puso a disposición de quien lo quiera investigar porque insiste en que no tiene nada que ocultar. En todo caso pesan los pequeños detalles: fue un error de cálculo pregonar durante martes y miércoles que el tema "estaba terminado" (Peña, Pinedo, Michetti, etc.) y un día después montar la escena contraria en el Salón Blanco.