Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

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Entre las mieles de Davos y la interna del PJ

Durante su rutilante paso por el Foro Económico Mundial de Davos, Mauricio Macri avanzó un casillero más en su estrategia para perforar el peronismo. El presidente, con puntillosidad de artesano, esperó el momento justo para proclamar allá algo que muy bien podría haber esperado para decir acá: que Sergio Massa se perfila como el futuro líder del Partido Justicialista.

“Metió el dedo en la herida”, decían en Buenos Aires macristas de la primera hora luego de repasar el revuelo que armaron esas palabras hacia el interior del partido opositor. No sonaron ilógicas las reacciones de Daniel Scioli ni de Agustín Rossi, dos de los soldados de Cristina Fernández que todavía creen que la expresidenta es la que debe presidir el PJ en los próximos años y ser la candidata única en 2019. Justo lo que Macri se ha propuesto despedazar con su posicionamiento en la mismísima interna, como si fuese un compañero más.

Primera conclusión: Macri obró sin ninguna inocencia cuando invitó a Massa a Davos, donde además le otorgó un rol inusual, casi institucional, como si fuesen del mismo espacio. Aunque en el gobierno se resalte, con buena parte de razón, que lo que se quiso demostrar es que en la Argentina hay que acostumbrarse a que se puede vivir de otra manera, sin considerar que los que están en la vereda política contraria son enemigos a los que hay que liquidar.

El “exceso”, en todo caso, vino por el lado de aquel elogio de Macri a las condiciones de Massa para liderar el PJ, cuando entre los herederos de Perón tiene curso una interna muy dura entre quienes quieren ser los renovadores y arrumbar en un rincón de trastos inútiles cualquier vestigio de cristinismo y la tropa de seguidores que reparten su tiempo en pelear por ese liderazgo y hacerle cada día una oposición más feroz al gobierno de Cambiemos. Ese elogio, vale insistir, tampoco fue casual y buscó exactamente lo que quería encontrar.

Un solo ejemplo sirve para consolidar la idea de que, detrás de todo aquello, hay una estrategia y no una casualidad para dividir al principal oponente electoral: Massa se desmarcó a su modo de aquella bendición de Macri y dijo que el candidato para presidir el peronismo debe ser Juan Manuel de la Sota; el cristinismo puro salió a proponer a Cristina, un cargo que ella y su difunto esposo siempre aborrecieron; Scioli metió baza y se reivindicó como el dueño del 49% que obtuvo el Frente para la Victoria en 2015. Y quedan con algo por decir quienes también se reconocen actores centrales de esa puja. Juan Manuel Urtubey, Diego Bossio y Florencio Randazzo son tres de los anotados.

¿Massa es consciente de esa jugada de Macri? Pregunta obligada en los cuarteles del Frente Renovador. “Sergio fue a Davos porque es un dirigente responsable y no va a poner palos en la rueda, apoyará lo que esté bien y se opondrá a lo que esté mal, pero que no lo quieran meter en esa interna porque él no quiere ser presidente del PJ, quiere ser presidente del país”, dice uno de sus principales voceros.

Habría que reconocerle a Macri no sólo cálculo político sino una buena dosis de pragmatismo en el paso dado. El gobierno necesitará del apoyo del bloque del massismo en el Congreso, y ni qué decir de otros sectores del PJ no K, para sancionar el paquete de leyes que enviará al Congreso el 1 de marzo. Cambiemos carece de las mayorías necesarias y no tendrá otro camino que la negociación con sectores que ahora mismo planean disputarle el poder de cara a los desafíos electorales futuros. Por allí habría entonces que entender parte de la movida.

La necesaria seducción no sólo del massismo y su bloque sino de los gobernadores peronistas podría no haber arrancado con buen pie, pese a todo. Macri puso otra vez el carro delante del caballo y privilegió a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con un considerable aumento de los fondos de la Coparticipación, en desmedro de las administraciones del interior.

El grueso de los mandatarios del PJ reaccionó en bloque y como se esperaba: muy mal. “Si Macri tiene plata, entonces que reparta para todos”, bramó José Luis Gioja, uno de los que proclamaba la buena convivencia y el respeto a la gobernabilidad.

Otra vez la paciente labor de Rogelio Frigerio debió salir al ruedo para calmar a los quejosos, pero no hay certezas de que lo vaya a conseguir. De los fondos coparticipables ya se sabe: si le dan más a uno es porque hay que sacarle algo a otro.

Lo mismo que con el DNU que declaró la emergencia de seguridad en todo el país y que reflotó el tema del derribo de aeronaves consideradas hostiles para la seguridad. En la Casa Rosada reconocían que muy probablemente el gobierno se vea obligado aquí también, como paso con el tema de las designaciones en la Corte, a corregir el rumbo y convertir aquel decreto en un proyecto de ley.

Macri debería diferenciar muy bien entre el espaldarazo de Davos y los desafíos que tiene por delante en el rodeo propio. Raúl Alfonsín solía reflexionar sabiamente sobre interpretar esas lisonjas externas y las durezas que siempre lo aguardaban apenas bajaba del avión en Ezeiza.

Si el presidente quería reinsertar a la Argentina en el mundo luego de años de absurdo aislamiento lo consiguió con creces. Y aspectos puntuales de esa incursión seguramente se verán en hechos concretos y beneficiosos para el país.

Ahora deberá lidiar con frentes abiertos: inflación, paritarias, oposición feroz de Cristina y La Cámpora, gobernadores que se pintan la cara, un Congreso en minoría, y algunos socios radicales que reclaman el protagonismo que el gobierno les niega. Puede que aquellas mieles no sean suficientes.