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San Lorenzo rompió el maleficio y se adueñó de la Copa Libertadores

El Ciclón derrotó por 1-0 a Nacional de Paraguay en el partido de vuelta y se consagró campeón de América. El gol lo hizo Néstor Ortigoza de penal.
Con los brazos en alto, Julio Buffarini celebra tras el pitazo del brasileño Sandro Ricci. El sueño se hizo realidad en el Bajo Flores.

Tuvo que sufrir, contar cada segundo y esperar hasta el minuto 95 para desatar un festejo inédito y soñado por generaciones de hinchas. Pero después de tantas ilusiones, San Lorenzo anoche pudo coronar su gran objetivo y se consagró campeón de la Copa Libertadores de América por primera vez en su historia. El Ciclón derrotó 1-0 a Nacional (Paraguay) y gracias al 1-1 conseguido en Asunción se quedó con toda la gloria.

"Fue imposible calmar a los jugadores durante los últimos días", reconoció el entrenador Edgardo Bauza apenas terminado el partido.

Y vaya que se notó esa mezcla de nerviosismo y ansiedad. Durante los primeros veinte minutos, a contramano de cualquier planteo previo, los guaraníes manejaron la pelota y San Lorenzo se agazapó en su propio campo.

Por caso, Orué estrelló un remate en la parte externa del palo, cuando solamente se había jugado un minuto. Además, cerca de los 20, Torales provocó más de un suspiro con un remate lejano que salió desviado por arriba del arco de Torrico.

El Ciclón no tuvo claridad, cayó en la trampa paraguaya y casi que no pudo generar los espacios que tuvo en el partido de ida en el Defensores del Chaco.

Cuando parecía que el 0-0 iba a ser muy difícil de destrabar, los azulgranas recibieron una mano enorme.

A los 35 minutos, el lateral Coronel increíblemente tocó con la mano un envío de Cauteruccio y el brasileño Ricci cobró el penal. Ortigoza, un especialista (ver aparte) abrió el pie derecho y la colocó contra el palo izquierdo de Ignacio Don.

El gol fue un guiño del cielo para todos los cuervos que colmaron el Nuevo Gasómetro. De todos modos, aún quedaban 45 minutos...

En el segundo tiempo, el trámite fue el fiel reflejo de una final. El local jugó con la difícil misión de eludir cualquier tipo de dudas y fantasmas, mientras que Nacional intentó aferrarse en el agónico empate logrado hace siete días para mantener alguna ilusión de arruinarle la fiesta a los dirigidos por Bauza.

Aunque Torrico prácticamente no tuvo que exigirse en ninguna ocasión, la tensión se mantuvo hasta el último minuto.

Pese al sufrimiento, hubo tiempo para la ovación del Pipi Romagnoli, y los ingresos de Gonzalo Verón, Enzo Kalinski y Kannemann.

A fin de cuentas, el Santo cortó el maleficio y cumplió su sueño: la Copa Libertadores se fue para Boedo.