Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Para los chinos, Bahía Blanca es tierra de oportunidades

Nuestra ciudad cuenta con una pequeña comunidad, que suma integrantes cada año: jóvenes en busca de opciones. Se sustentan en la gastronomía y la venta en supermercados.
Para los chinos, Bahía Blanca es tierra de oportunidades. La ciudad. La Nueva. Bahía Blanca

Por Pamela Subizar / psubizar@lanueva.com

Los chinos que viven en Bahía Blanca no pueden estar más lejos de casa: son casi 20 mil kilómetros desde el gigante asiático hasta Argentina, la mitad del diámetro de la tierra.

Cuando se les pregunta por qué cruzaron medio mundo para vivir en una ciudad tan distante, con una cultura ajena, con temperaturas extremas y vientos huracanados, la respuesta es casi siempre la misma: para trabajar. Bahía Blanca es para ellos tierra de oportunidades.

Según los registros de la Dirección Nacional de Migraciones local, desde 2009, 47 personas de nacionalidad china, 22 mujeres y 25 hombres, tramitaron su permanencia. Sin embargo, la cantidad real de inmigrantes que llegan pueden ser más: el delegado local, Alejandro Melinger, explicó que muchos se registran en su primera parada en el país, Buenos Aires.

Hay también familias instaladas desde hace décadas. Los primeros emprendimientos chinos, recordó, fueron los gastronómicos hace más de 15 años, como uno en Chiclana frente al hotel Bahía. Luego se asentaron otros que aún permanecen (los conocidos New For You y Bambú).

Fue la réplica en la ciudad de los dos grandes flujos migratorios chinos que vivió el país: en los ’80, con muchas familias de Taiwán, y en los ’90, con jóvenes en busca de buena fortuna en una Argentina en crecimiento.

La familia de Suchen es una de las que arribó en esa última ola, cuando ella iba a la primaria.

“Mis papás pasaron por Bahía en un viaje al sur, y les gustó”, contó.

Se quedaron, ella aprendió el oficio, cocinando manjares propios y argentinos, y ahora lleva adelante su rotisería vegetariana.

Suchen no se toma vacaciones. Puede ir uno o dos días a Monte Hermoso, pero la verdad es que la idea de pasar cinco días en la playa le parece una rareza. Un rasgo característico de una colectividad que suele elevar el esfuerzo por sobre el disfrute.

“En China hay un horario más acelerado, menos descanso”, explicó por su parte Liliana, quién también llegó desde Taiwán con su familia a fines de los ’90.

Tiene 28 años, estudia Turismo y es profesora de mandarín. Cuando se le preguntó si el idioma es difícil, respondió en consonancia: “con voluntad todo se puede”.

Liliana opinó al igual que muchos otros jóvenes inmigrantes que no hay una comunidad china conformada.

Las familias suelen mantener su vida cultural y social --con su idioma, sus celebraciones-- puertas adentro y con un cierto cerrojo hacia el entorno.

A tiempo completo

A partir de 2005, llegaron muchos más chinos al país con el despunte en la economía nacional, y con ellos, los conocidos supermercados. En Bahía se calcula que hay unos 40, cada uno con entre dos y cinco ciudadanos chinos, lo que da al menos 120 inmigrantes sólo en el sector.

Chen Qiong Zhi --Yoan en Argentina-- es una de ellos. Lo que más le sorprende de la ciudad es que los locales cierren en un día feriado.

“Justo cuando más gente puede pasear y comprar”, apuntó con una lógica comercial implacable mientras atendía la caja en el súper “Las Chinitas”.

Yoan llegó en 2009 del sur de China con su marido y familia, estuvo en Rosario, y en 2012 eligió Bahía para vivir, un lugar “mucho más tranquilo”. ¿Qué busca en la ciudad? “Trabajar, nada más”, contó.

Se repiten así en cada inmigrante las historias de sacrificio y dedicación, de largas jornadas para ahorrar, invertir, enviar ayuda a China, viajar cada algunos años, y apaciguar la nostalgia.

Y para evitar la extrema pobreza que sufrieron sus familias. Nada más, y nada menos.