Salvaje ataque de un sujeto a su expareja
Desde hace algunos meses Adela Molina (31), viene sufriendo agresiones permanentes de su expareja –-inclusive en una ocasión le produjo múltiples fracturas en un maxilar--, pero la violencia alcanzó ayer su máxima expresión, cuando el sujeto se presentó en el sótano que la mujer ocupaba en un sector abandonado del predio del Hospital Penna y, luego de agredirla, prendió fuego el lugar y las pocas pertenencias de la víctima.
El hecho se cometió alrededor de las 7, en una dependencia ubicada en un subsuelo, cerca de la intersección de Godoy Cruz y San Lorenzo, donde Molina vivió los últimos días.
“Estaba parando sola ahí desde hacía tres o cuatro días y mi marido siempre me tenía sometida. Justo me estaba escapando cuando él vino, me pegó y me quiso prender fuego. Me quemó el colchón y otras cosas que tenía”, dijo Molina a este diario.
“Hace veinte días ese loco me rompió el maxilar en tres partes. Esto es muy feo y estoy triste por él, porque es una persona mala, pero yo estoy bien. Dios me va a ayudar. Incluso estoy con una amiga y con mi familia, que por supuesto no me quería ver porque él es una mala persona”, agregó.
Para paliar la situación la mujer cuenta con la solidaridad de algunos allegados.
“Mi amiga me dio hospedaje en su casa por algunos días y después me voy a armar un rancho en un asentamiento con unas chapas que hay. Me está llamando gente para ayudarme, al igual que mi familia. Con una bolsa de cemento me haría un piso y arrancaré de cero. Lo bueno es que me libré de esta persona”, enfatizó Molina.
Explicó que “soy vendedora ambulante y anduve en la calle prácticamente toda la vida, pero las autoridades municipales jamás me ayudaron, ni siquiera con mi documento. Así que casi toda mi vida estuve indocumentada y no tengo estudios”.
La víctima sostuvo que está recién operada de las fracturas del maxilar y que no le dieron “ni un plato de comida”.
“No es culpa de nadie. Creí que podía ser más independiente, pero de repente me di cuenta que soy una mujer y que a veces me quiebro... El me golpeaba todo el tiempo y es violento hasta con las palabras. Es medio psicópata”, manifestó.
“Gracias a Dios –-continuó-- hacía nada más que 7 u 8 meses que estaba con esta persona. Por suerte ya me mudé de ese sótano donde estaba escondida y mal, porque salí de una operación muy complicada”.
A raíz de esa intervención quirúrgica Adela debe alimentarse solamente con líquidos, por lo que bajó diez kilogramos.
“Realmente tenía conmociones y estaba mal. Salgo a pedir en la calle porque ahora no tengo nada para vender. La gente me ha ayudado para comer, me dio algo de ropa y unos chicos me dieron un colchón y unas frazadas, por eso me había instalado en ese sótano”, declaró.
“Ahora ya puedo caminar y al menos la operación salió bien. Me voy a ir recuperando de a poco; mi familia y mis amigos me están apoyando. Se comunicó gente que me conoce de la calle o de la vida, y también está mi Dios, porque creo en un Dios vivo”, expresó la mujer.
Las llamas destruyeron el colchón que Adela utilizaba para dormir, colocado encima de pallets; calzado, ropas, alimentos y otros efectos.
“Estaba parando abajo de los pasillos abandonados del hospital, donde hay ratas y arañas. En un momento me cerraron todas las puertas de todos los lugares, pero nunca dejé de confiar en Dios”, señaló Molina.
“Tenía mucho miedo de dormir sola ahí y hace dos o tres noches me corrió por el pasillo un hombre que no sé quién es, pero me pude escapar. Sufrí un montonazo y ahora estoy quebrada; no quiero más esto”, finalizó.